Aquellos que pretenden que Ophir estaba en América, la colocan en la isla de Santo Domingo, á la entrada del golfo de México. Genebrardo y Vatablo son los que la ponen en la isla de Santo Domingo, asegurando que Cristóbal Colón al descubrir esta isla, en 1492, acostumbraba decir que había hallado la Ophir de Salomón, porque allí había encontrado oro en cierta abundancia.

Los que suponen que Ophir se hallaba en Asia, entre otros Francisco Ribero, Torniel, Adrichomio, Massé y varios otros, la colocan en las Indias. En apoyo de la opinión de estos autores, citan á Diodoro de Sicilia y á Filistrato, quienes dicen que en todo tiempo los Etiopes hacían un gran comercio por mar en las Indias; á Estrabón, que refiere que los mercaderes de Alejandría enviaban sus mercaderías á las Indias por el golfo Arábigo; y á Plinio, que asegura que en su tiempo, y desde algunos siglos antes, se hacía un gran comercio de Egipto á las Indias por el Mar-Rojo, siendo probable que la flota de Salomón iba á aquel lado, en cuyas comarcas se encontraban todas las mercaderías que cargaban los navíos de Salomón.

Samuel Bochart, por su parte, en su Geografía Sagrada, (Caen, 1646), pretende que hay dos Ophires: la una, en la Arabia, donde David hacía venir una gran cantidad de oro; la otra, en la India, donde Salomón enviaba su flota, ó sea la Trapobana de los antiguos (hoy isla de Ceylan), donde hay un puerto llamado Hippor, que los Fenicios llamaban Ophir.

Massi asegura que Ophir es el Pegú, que tenía ricas minas de oro y plata; Peresio dice que es Malaca, sobre el estrecho del mismo nombre, al oriente de la isla de Sumatra; Juan Tzerges es de parecer que es la misma isla de Sumatra, que tenía minas de oro.

Flavio Josefo[65], y con él otros autores, sostienen que Salomón tenía dos flotas, una en Aziongabar, que negociaba en las Indias, y la otra en Tarsdchisch, en las Indias Orientales, opinando algunos que este Tarsdchisch es el Perú, donde la flota de Salomón llegaba por el Gran Mar (el Pacífico) y hacía el viaje en tres años.

Por fin, la opinión que ha sido considerada más aceptable por algunos escritores, sobre la situación de Ophir, es la emitida por Lipenio, que ha escrito expresamente un Tratado sobre Ophir. Se apoya este autor sobre el dicho de San Gerónimo, que dice, que un nieto de Heber, hijo de Noé, llamado Ophir, dió su nombre á la parte de la India situada más allá del Ganges, comprendiendo así bajo el nombre de la "Tierra de Ophir," no solamente la Chersonese de Oro, que el historiador Josefo llama "Tierra de Oro" (hoy Malaca), sino también las islas de Java y Sumatra y los reinos de Siam, del Pegú y de Bengala, comarcas donde se encontraban todos los efectos que la flota de Salomón llevaba á Jerusalem, viaje que podía durar tres años, pues los navíos al salir del Mar-Rojo costeaban la Arabia, la Persia y el Mongol, en seguida daban vuelta á la península, más allá del golfo de Bengala, tomando diamantes en Golgonda y géneros preciosos en Pegú, y de allí á Sumatra, remontando á lo largo de Chersonese de Oro ó Malaca hasta Siam, donde encontraban no solamente marfil, sino también oro.

Varios autores, entre ellos Giraldo Cambrense, en su Topographia Historica, lib. X, cap. II; Antonio de Herrera, en su Historia General de los hechos de los Castellanos, déc. III, lib. X, cap. X; y La Peyrère, en su Relación de Islandia, art. XX, opinan que los Noruegos y Dinamarqueses, después de haber ocupado la Islandia y Groenlandia, fueron los primeros que poblaron las Indias, desembarcando en las costas de México, primero, y extendiéndose, después, hasta el Istmo de Panamá, allá por el año 820 de la era vulgar. Estos autores apoyan sus opiniones á este respecto en ciertos usos y costumbres de los Escandinavos, idénticas á las de los Indios americanos. Admitiendo esta idea tan sólo en abstracto, es un hecho confirmado por documentos que posteriormente se han encontrado en Copenhague, que los Escandinavos atravesaron el Océano y desembarcaron en playas de América, desde el siglo IX y durante el curso de los siguientes; pero no por eso se les debe considerar como los primeros pobladores del suelo americano, como lo suponen los autores citados.

El historiador Pedro Sufrido, en su obra De Frisior Antiquitates, impresa en 1698, pretende probar que los Indios de Chile y aún los del Perú descienden de los Frisios, pueblos germanos que habitaban, según se cree, la isla de los Bátavos; al efecto, dice que los Frisios, siendo muy diestros en la navegación, intentaron en el año 1000 recorrer el Océano en descubrimiento de nuevas tierras; "que llegaron á las islas Orcadas y desde allí á Islandia, y navegando muchos días penetraron hasta el Polo Norte, de donde fueron arrojados por una furiosa tempestad hasta una isla distante rodeada de escollos, donde desembarcaron y hallaron gente escondida en cuevas, y delante de ellos, gran cantidad de vasos de oro y plata, de que tomaron cuanto pudieron." Añadiendo la Crónica de Dinamarca "que este país estaba lleno de riquezas y que es la isla donde Saturno escondió sus tesoros." Boxhornio, en su Apologia pro Navigationes, págs. 258 y 259, sostiene la opinión de Pedro Sufrido, citando en apoyo de ella un pasaje del poema de Alonso Ercilla, La Araucana, en que este poeta hace aparecer á Glaura, hija del cacique Quilacura, y á Fresolano, mozo valiente, como descendientes de sangre de Frisios.