Algunos autores, entre ellos Marineo, en su Rerum Hispanorum, lib. XIX, cap. XVI, alega que los Romanos poblaron las Indias cuando este imperio estaba en su apogeo, ó sea, cuando Roma era dueña y señora de Europa y de Africa, fundándose en que los moradores de la Isla Atlántida habían dado, en su tiempo, á los Romanos, noticias de las Indias; que éstos poblaron sucesivamente las islas de Canarias, las de Barlovento, la Tierra Firme, México, Perú y demás comarcas de la América. También se fundan estos autores en las analogías entre Romanos é Indios, como pintar el rostro de sus divinidades con vermellón; la superstición de consultar las entrañas de los animales para inquirir ciertos hechos; contar en sus convites las hazañas de sus mayores. El convento de las Vestales de Roma, agregan, es igual al de las Vírgenes del Sol en el Perú y México; el templo del Sol en el Cuzco, semejante al Panteón de Roma; los grandes caminos y calzadas de los Incas también parecidos á los de los Romanos, y varios otros usos y costumbres análogos en ambos pueblos.
La aserción de haber los Romanos pisado el territorio americano en la época de su apogeo, parece algo acertada, pues se afirma ser un hecho que posteriormente hallóse en este territorio algunos vestigios de la existencia, allí, de los Romanos de aquella época; llamando mucho la atención el que, en las ruinas de Peten, en Guatemala, se haya encontrado monedas del tiempo de los Romanos y herraduras de caballos de mayor alzada que los comunes, en las orillas del mar que baña aquella parte del Continente; existiendo ambos objetos en el Museo Nacional de Guatemala.
Empero, el hecho de que los Atlánticos dieran noticias á los Romanos, de la existencia del Continente americano, es de todo punto inverosimil, porque de haber existido aquella isla, su hundimiento dataría de una época mucho más remota de la del Imperio Romano.
Varios escritores afirman que los Escitas (que en tiempos remotos fueron la nación más numerosa del Orbe, pues se extendieron desde la Germania hasta los confines del mundo conocidos de los antiguos, ó sea, desde Europa hasta el Asia), pasaron en dos ocasiones y en gran número, desde el Mongol á Indias, diseminándose por diversas comarcas del Nuevo Mundo, pues dicen que en todo el Continente americano, como en Estados Unidos del Norte, Canadá, México, Guatemala, Colombia, Perú, Chile, Argentina, Brasil y otras regiones, se han encontrado usos y costumbres semejantes entre Escitas é Indios, y que eran tan bárbaros unos como otros; no dudando esos mismos escritores, que los Escitas fueron unos de los primitivos pobladores de América.
Enrique Martínez, en su Repertorio Mexicano, cap. II, pág. 204, supone que los Indios de México eran descendientes de los Curlandeses, provincia antigua de la Livonia, alegando que, situada esa provincia en la costa del Mar Báltico, pudieron pasar sus moradores á las Indias, y aduce como fundamento de su parecer, 'que la gente de esa provincia es de la misma traza, condición y brío de los Indios de Nueva España...... y—añade—lo que más me obliga á creer que aquella gente y ésta es toda una, es la cercanía de las tierras, que es menos de lo que ponen los mapas."
También es opinión admitida por algunos autores, que los Etiopes pasaron á Indias con los Fenicios y Cartagineses, pues suponen que los Moros fueron indios venidos á Africa con Hércules Tyrio, que venció á Anteón, rey del mismo Africa y jigante de sesenta codos, de cuyo escudo hace mención Melo en su Situ Orbis, Lib. VI, cap. IV, sabiéndose que su cadáver fué mandado enterrar por Sertorio. Algunos otros autores afirman que no queriendo estos Etiopes sufrir el yugo de los Cartagineses, se lanzaron por los mares en dirección á tierras remotas, tocando primero en las islas Canarias, y de allí en las Indias, para establecerse en Yucatán. También opinan que los usos y costumbres de estos Africanos eran semejantes á los indios Chichimecas, Chiriguanes y otras tribus bárbaras de América.