Además, la opinión del P. Fr. Gregorio García está robustecida por la del abnegado misionero P. Domeneck, que en su obra Desiertos del Nuevo Mundo, se expresa en los siguientes términos: "Nuestra convicción, en este interesante asunto, es que la América ha sido poblada por emigraciones voluntarias ó accidentales, de diversas naciones; que estas diversas naciones, después de multiplicarse, se encontraron, se mezclaron, y que, por el cruzamiento de las razas, la diferencia de los climas, los cambios de vida y muchas otras razones de la misma naturaleza, perdieron su carácter primitivo, para formar otra combinación heterogénea de color, de costumbres, de gustos, de lengua y de religión, que desvía la ciencia y la investigación del anticuario."
Por consiguiente, admitiendo, en parte, la opinión de los PP. García y Domeneck, trataremos de ampliar y robustecer este punto tan debatido; empresa bastante escabrosa, teniendo que atenernos, en muchos casos, á lo dicho por historiadores antiguos y modernos, que no siempre están en concordancia unos con otros.
Veamos ahora las opiniones emitidas por los antiguos y modernos historiadores, referente á la grande isla Atlántida, cuya existencia en época remotísima ha sido puesta en duda por algunos autores; viendo ciertos etnógrafos, en ella, el camino por el cual vinieron las primeras emigraciones á América.
Platón fué el autor más antiguo que dió noticia de la existencia de la Atlántida, pues en su Timeo ó la Naturaleza, que escribió 430 años antes de la era cristiana, se expresa así, dirigiéndose á los Atenienses: "Se tiene por cierto que en tiempos remotos vuestra virtud resistió á innumerables enemigos que salieron del Mar Atlántico; habían tomado y ocupado casi toda Europa y Asia...... pues existía á la boca del estrecho y casi á su puerta, una isla que comenzaba desde cerca de las columnas de Hércules, y que dicen fué mayor que el Asia y la Libia: dicha isla mantenía relaciones y comercio con otras islas y por ellas se comunicaba con un continente, situado en la frontera, y el cual era vecino del verdadero mar."[66].
Plutarco, en su Symposiacon; Séneca el Trágico, en su Medea, acto II: Tertuliano, en Hermógenes, cáp. XXII y en De Pallio, cap. II; Luciano, en Hermotino; Orígenes, en Periarcon, lib. II, cap. III; Pamelias, en Pallio, cap. II; Vossio, en Mathematicas, cap. XLII, § X; Aristóteles, en su libro Del Mundo; Rodigino, en sus Lecturas antiguas, lib. I, cap. XXII y lib. XVII, cap. XXXV; San Clemente, en su Epístola; San Jerónimo, en Ad Ephesios, lib. I, cap. II; y algunos otros autores notables de la antigüedad, como Crantor, Porfirio, Proclo, Marcilio, Ficio, Diodoro de Sicilia y tantos otros concuerdan en que "después de la Isla Atlántida se navegaba á otras islas vecinas á la tierra Continente y que después de ella se seguía el verdadero mar." Se colije de allí que las islas vecinas á la tierra Continente, son las conocidas de Cuba, Puerto Rico, Jamáica y otras; la tierra Continente, es México y el Perú; y el verdadero mar, el Pacífico.
Cuanto á la gran Tierra ó Isla Atlántida que se cree haya dado su nombre al Océano Atlántico[67], es conocida hoy únicamente por las controversias suscitadas entre los escritores antiguos y modernos sobre su existencia y el punto que ocupó, pues opinan que se hallaba extendido desde las Canarias hasta las Azores, y que estos dos grupos de islas denominadas antiguamente Islas Afortunadas (quizá por haber escapado del gran cataclismo que hundió la Atlántida), son los restos de aquella tierra, que, en una noche, fué sumergida, dicen, por un gran cataclismo ó fuertes conmociones volcánicas[68]. Y al atenernos á la opinión de autores antiguos, parece que habría existido esa gran isla y podido sus habitantes trasladarse fácilmente al Continente americano.
Muchos son los escritores, tanto antiguos como modernos, que, además de Platón, dan cuenta de la Atlántida, entre otros, Homero, en su Odisea y en su Iliada; Solón, en su Tratado de las Leyes; Hesiodo, en su poema Caja de Pandora; Eurípides, en su tragedia Electra; Plinio, en su Historia Natural; Aristóteles, en su Mirandis Naturæ; Lippio, en su Phisiologia Stoicæ; Pamelio, en su Apologotico de Tertuliano; Crantor, en sus Comentarios de Crisias; Diodoro de Sicilia, en su Bibliotheca Historica; Plutarco, en su Vida de Sertorio; Arnobio, en su obra Contra los Gentiles; Becano, en su Original de Autuerpia; Turnebo, en su Adversus; Vivas, en sus Notas sobre San Agustín; Bosio, en su obra De Signis Eclesiastes; Gomara, en su Historia Indiana; Zárate, en el prólogo de su Historia del Perú; Solórzano, en su Política Indiana; Luis de León, en su Abdias; Meseia, en su Silva; Maluendo, en su Antechristi; Pineda, en su obra De rebus Salomone; Maydo, en sus Días Caniculares; Hervas, en su Catálogo de Lenguas; y otros más, concordando todos en que la Atlántida existió en tiempos muy remotos, para desaparecer, en el espacio de una noche, por efecto de un gran cataclismo geológico. Opinan también que "los Indios americanos tienen su origen de la gente que vivía en la Isla Atlántida, que de allí pasaron primero á las islas de Barlovento ó Hespérides, cerca de la Atlántida, y de aquellas á la Tierra Firme de América, pues según afirma Platón en su Timeo, y con él Hesiodo, Eurípides y Solón, "la Isla Atlántica era una isla de tanta grandeza, que era mayor que Africa y Asia juntas, desde la cual había contratación y comercio á otras islas, y de estas islas había comunicación y trato á la Tierra Firme y Continente que estaba frontero de ellas, vecino del verdadero mar;" añadiendo además, Platón: "que los habitantes de la isla Atlántica tenían conocimientos de la navegación y arte de hacer navíos y que tenían grande suma y copia de navíos y aún puertos hechos para conservación de ellos."
Estas noticias dadas por Platón en su Timeo, son, lo repetimos, las más antiguas y circunstanciadas sobre la isla Atlántida ó Atlántica, sobre su situación y extensión[69]; empero, á juicio de algunos críticos, ellas no bastan ni dan fundamento para haber asegurado la existencia, en aquellos tiempos, de la vastísima isla de la Atlántida, que algunos autores creen que haya sido parte de la misma América.
El hecho real es, que la existencia de la pretendida Isla Atlántida se halla aún envuelta en el mayor misterio. Se supone que en época remotísima haya habido comunicación por tierra unida entre la América y la Africa, y que esa misma porción de tierra fuera la desaparecida con el cataclismo á que aluden Platón y demás autores antiguos.