Kircher, en su Mundus subterraneus, lib. III, cap. XII, dice: "Las Canarias y las Azores, islas del Océano Atlántico, ¿no podrían ser los restos de la tierra conocida con el nombre de Atlántida? Estas islas tienen montañas muy sólidas y elevadas, y los valles intermediarios quedaron sumergidos cuando por efecto del temblor de tierra y del diluvio, este Continente desapareció de las aguas del mar."

Otro escritor contemporáneo, Feliciano Cajaravilla, en sus Consideraciones histórico-críticas sobre los antiguos habitantes del Perú, asienta también al respecto, que "es presumible que en el decurso de muchos años ó siglos talvez, el estudio constante y los adelantos siempre crecientes de las ciencias geológicas y experimentales, lleguen á evidenciar lo que hasta hoy no es más que una conjetura, con todos los caracteres de probabilidad, esto es que el Continente Americano estuvo unido haciendo parte del Antiguo Mundo y que fué separado por algún cataclismo terráqueo á manera de aquel que en 1309 (según aseveran Gerardo Mercator en su Colección de Mapas, de 1595, y J. Hundy en su obra Das Neue Tief oder Schiffart, de 1630), separó la isla de Ruggen, de las costas de Meklemburgo, de la isla de Ruden."

Algunos escritores modernos sostienen que la geología prueba la imposibilidad completa de la Atlántida, de la que serían restos las islas que subsisten en el Océano Atlántico. Joaquín M. Bartrina, en la conferencia que sustentó en el Ateneo Barcelonés el 22 de Abril de 1878, sobre el tema La América precolombiana, opina que: "Talvez leyendo con más atención el debatido texto de Platón veríamos que no en el Océano Atlántico, sino en otro mar, como por ejemplo, el Negro, podríamos situar su Atlántida, que al fin era una isla cuya extensión, tan exagerada fija Platón...... La hipótesis de la Atlántida, por lo fantástica y teatral, puede ahora admitirse en las creaciones de la imaginación."

Este juicio de Bartrina tocante á la Atlántida, lo hallamos demasiadamente lijero y poco acorde con la opinión emitida al respecto por tantos sabios de la antigüedad.

Empero, quizá sea una hipérbole la existencia de la pretendida Isla Atlántida emitida por Platón y demás autores citados, pues algunos historiadores más modernos, entre ellos Francisco López de Gomara, en su Historia General de América, cap. CCXX, es de opinión que "la gran Isla Atlántida, mayor que Asia y Africa juntas, según lo ha dicho Platón, existió en realidad y existe todavía, porque no es otra que la misma América;" asentando en apoyo de sus conjeturas, que el Océano Atlántico no es de bastante extensión para haber contenido en su seno una isla ó continente igual á Asia y Africa conjuntamente[70].

Y no solamente Gomara opina que la antigua Atlántida haya formado parte del Continente Americano, sino también varios otros historiadores y geógrafos contemporáneos, como Malte-Brun, en su Géographie Universelle; Letronne, en su Essai sur les Andes cosmographiques; Gosselin, en su Géographie de l'Amérique; Martín, en sus Études sur la terre de Platon; Postel, en su Cosmogonie descriptive; y Welflict, en su Histoire Universelle des Indes Orientales; reconociendo todos, la misma afirmación asentada al respecto por Gomara.

El presbítero Juan de Velasco, en el tomo I, de su Historia del Reino de Quito, pág. 151, robustece aún más la opinión de Gomara, pues dice: "El que hubiese habido antiguamente comunicación por tierra unida entre la América y la Africa, es asunto que puede llamarse no sólo verosímil, sino también demostrado en el día. Lo persuaden así las observaciones y cartas del bajo fondo que Mr. Buache presentó á la Academia de París en el año 1737, las cuales, examinadas después, demuestran la dirección de montes subaqueos, puestos como sobre una cordillera, desde el cabo Tagrin de Africa hasta la costa del Brasil en América."

Cuanto á la opinión de los mismos autores antiguos, de haberse sumergido la Atlántida con un gran cataclismo producido por lluvias torrenciales, ó irrupciones volcánicas que grandes terremotos produjeran, el predicho Gomara supone que aquel funesto acontecimiento pudo haber tenido lugar sólo en la parte que quizá antiguamente unía la Africa con la América; en cuyo caso Platón habría sufrido involuntariamente un error, sin haber querido inventar una fábula, como lo pretenden algunos, entre otros el P. José de Acosta, que en su Historia Natural, cap. XXII, dice: "Todo lo referido por Platón en su Timeo, respecto de la pretendida Isla Atlántida, es fábula." Este mismo concepto del P. Acosta ha sido combatido por algunos escritores contemporáneos suyos, entre ellos, el P. Fr. Gregorio García, en su obra ya citada, desde la pág. 146 hasta la 151, probando que los intérpretes de Platón, como Crantor, Marcilio, Ficino y Plotino, en la antigüedad, Juan Serrano, posteriormente, tienen por verídico lo referido por el filósofo de Atenas en su Diálogo de Timeo. Además, Platón ha sido tenido en todo tiempo en tan grande estima y reputación en materia de filosofía, de historia y aún de teología, que su gran saber le ha merecido el epíteto de «Divino.» Sietecientos y cincuenta años antes de que Platón escribiera su Timeo, según él mismo lo asevera, "sucedió la guerra entre los Atenienses y los Atlantes, y después hubieron espantosos terremotos y extraordinarias lluvias que inundaron completamente la isla, desapareciendo de la superficie del Océano." Según lo refiere el mismo Platón, si la guerra entre los Atenienses y Atlantes tuvo lugar en el siglo trigésimo de la Creación del Mundo, según la cronología hebráica, sobreviniendo en seguida la espantosa catástrofe á que alude el gran filósofo griego, evidente es, que la América (ó sea la misma Atlántida, á juicio de Gomara), pudo haber sido habitada desde tiempos inmemoriales, como lo comprueban los esqueletos humanos que, junto con osamentas de mamíferos de las épocas Terciaria y Cuaternaria se han encontrado en el suelo de este Continente, restos que, hipotéticamente hablando, se remontan á una época antediluviana.

En resumen, eminentes hombres de ciencia de la actual época, después de largas investigaciones practicadas últimamente tocante á la Atlántida, han llegado á la conclusión de que esta famosa isla existió en verdad, como lo demuestran en las publicaciones que en estos últimos tiempos se han hecho en Berlín, corroborando, también, que la isla Atlántida formaba parte de un vasto Continente, que no pudo ser otro que el de Africa ó de América, hace ya como unos quince mil años, habiendo desaparecido á raiz de un colosal fenómeno sísmico, que la borró del Mundo para siempre. En tal virtud, las conclusiones emitidas por esos hombres de ciencia, parecen confirmar la obscura tradición que dejara Platón.