Volviendo á los primitivos habitantes de América, al atenernos á la tradición hebráica, tanto ellos como todos los de la Tierra entera, (salvo Noé y su familia), habrían perecido en la catástrofe del Diluvio Universal[71], acaecido, según algunos cronologistas, 1656 años después de la Creación (ó 2348 antes de la era cristiana). Desde esta catástrofe universal trascurrió mucho tiempo para que el Nuevo Mundo volviera á repoblarse, pues los hijos de Noé llamados Sem, Cam y Jafet, vivieron en las llanuras de Senaar, entre el Tigris y el Eufrates, y tuvieron gran descendencia, multiplicándose extraordinariamente en el decurso de los cuatrocientos años que, se supone, mediaron desde el Diluvio hasta la construcción de la Torre de Babel, monumento que los descendientes de Noé intentaron elevar en muestra de su poder y orgullo; pero este intento desagradó tanto al Criador, que, en castigo de la osadía de esos hombres, hizo que se confundiera la lengua de tal modo, que no entendiéndose los unos con los otros, se separaron, quedando la torre sin concluirse: á la confusión de las lenguas en Babel, sucedió la dispersión del linaje humano, formándose, desde entonces, todos los reinos de la Tierra.
Los descendientes de Sem (cuyos hijos fueron Elam, Asur, Arfaxad, Lud y Aran) fueron los que menos se extendieron por el mundo, pues permanecieron en la Asia Occidental, cuna del Género Humano, después del Diluvio.
Los descendientes de Cam (cuyos hijos fueron Cus, Misraim, Fut y Canaán), se propagaron por el Occidente de Asia y por el norte y oriente de Africa; y los descendientes de Jafet[72], cuyos hijos fueron Goomer, Magog, Madai, Javán, Tubal, Mosoc y Tiras), ocuparon en Europa y Asia dilatadas regiones, dominando países poblados antes por los de Sem, y sometiendo á los de Cam, siendo estos descendientes de Jafet los que formaron las dos razas más numerosas y difundidas por todo el mundo, cuales son, la Turania, que desde el centro de Asia se extendió hasta la cuenca del Danubio, en Europa, y la llamada Indo-Europea, que se dilató desde la India hasta el occidente de Europa, y después hasta el hemisferio de América y de Oceanía[73]. Estas tres grandes razas apesar de su separación han conservado siempre la semejanza de su origen.
Fracciones de alguna de esas razas (probablemente la de Jafet) atravezarían talvez la gran isla de la Atlántida (quizá parte de la misma América), cuya existencia en aquellos remotos tiempos, como lo hemos dicho ya, es testificada por numerosos autores antiguos, y de ahí, según opinión de esos mismos autores, pasarían á las playas del Nuevo Continente, estableciéndose allí y repoblando ese Hemisferio.
Posteriormente, con el trascurso de los tiempos, de presumir es, que varias otras inmigraciones se dirigirían al Nuevo Mundo, antes del funesto hundimiento de la Isla Atlántida, cuya fecha exacta no conserva la tradición, si bien Platón da á entender que esa catástrofe aconteció por el año 3163 de la Creación.
Si se tratara de averiguar cuáles serían las causas primordiales de esas inmigraciones en aquellos tiempos lejanos, podrían atribuirse, en parte, y quizá sin equivocarse, á las no interrumpidas guerras que entonces devastaban y diezmaban las diversas nacionalidades del Antiguo Mundo, entre las cuales figuraban ya grandes Estados.
Para que se juzgue cuán fundada puede ser nuestra hipótesis, citaremos algunas de esas numerosas guerras de exterminio, ciertos de que, por su relación, no será aventurado, lo repetimos, colegir que ellas han podido, en parte, influir en las diversas inmigraciones que tanto de Europa, de Africa y de Asia han aportado á las playas americanas, en esas épocas remotas, en busca de un país al abrigo de esas guerras vandálicas que en los Antiguos Continentes causaran la desaparición de tantos reinos é imperios.