Cuanto á las guerras sostenidas por los Fenicios, como cruentas y continuas, al fin diezmaron sus provincias. El rey Elulio sostuvo un sitio de cinco años contra Salmanazar, rey de Asiria, sitio que ningún resultado produjo, porque no pudo el invasor apoderarse de la ciudad marítima de Tiro. Nabucodonosor II, más afortunado que Salmanazar, invadió la Fenicia, atacó á Tiro y la destruyó después de un sitio de trece años. Fué, también, sometida la Fenicia por Ciro, rey de Persia, que la conservó bajo su poder, hasta que Alejandro el Grande, después de la batalla de Iso, la tomó al cabo de un largo sitio, y, como vencedor, hizo crucificar á dos mil de sus habitantes, con implacable fiereza.

¿No es presumible que en ese intérvalo de guerras encarnizadas algunas colonias de Fenicios, huyendo de tantos desastres, arribaran á las playas americanas, tanto más, que, debido al genio emprendedor de este pueblo, había estendido su navegación á las más apartadas regiones, llevando con sus bajeles, sus costumbres, sus instituciones, sus artes, todos sus conocimientos, en fin?


Se supone que 500 años antes de la era cristiana, los Cartagineses invadieron también el continente americano. La República de Cartago, fundada 878 años antes de J. C., fué una de las naciones más adelantadas de la antigüedad, llegando á ser dueña del mar durante más de seis siglos, y por ende, muy temida por su marina, muy poderosa por sus ejércitos, muy opulenta por su riquísimo comercio. Es opinión de varios historiadores antiguos que los Cartagineses en la época de su gran poder en el mar, colonizaron las islas Canarias, de donde es probable pasarían á las Antillas, pues si hemos de dar crédito á la autoridad de Aristóteles, ellos armaron numerosas galeras y navegaron desde las Columnas de Hércules hasta una isla distante de la costa de Berberia, en la que se quedaron, arraigándose. Se supone que la referida isla sea la conocida de Santo Domingo, desde la cual, según otros autores antiguos, pasarían á las de Cuba y algunas más de las Antillas, y de estas islas á la Tierra Firme de América, poblando sucesivamente Nombre de Dios, Panamá y el Perú. Es de presumir que los Cartagineses se hubieran realmente aventurado á atravesar el anchuroso mar que divide el Antiguo Mundo del Nuevo, pues que ellos fueron los iniciadores en armar galeras de vela. La República africana de Cartago, para sostener su autonomía, tuvo que soportar largas luchas. Afortunada en un principio, con reiteradas invasiones completó la conquista de la Sicilia. Mas, no pudiendo los Romanos ver de buen grado el engrandecimiento de los Cartagineses, abrieron la primera guerra Púnica so pretexto de protejer á los Mamertinos, guerra que duró veintisiete años, terminando con la derrota de los Cartagineses en las islas Eguses. La segunda guerra Púnica (219 años antes de J. C.), fué originada por la ruina de Sagunto, aliada de Roma, poniendo á Roma al borde del abismo. Por fin, la tercera y última, circunscrita al asedio, toma é incendio de Cartago, duró sólo tres años, dando por resultado la reducción de su territorio á provincia romana.

Durante las guerras Púnicas, que fueron para los Cartagineses tan desastrosas, natural es suponer que ellos teniendo conocimiento del Continente americano, (por haber anteriormente arribado á sus playas, cuando esa República se encontraba en su apogeo marítimo), tratarían de refugiarse nuevamente en este hemisferio que les brindaba la paz y quietud desaparecidas de su suelo.


Hay también fundadas probabilidades de que partidas de Hebreos inmigraran á América. Los Hebreos, según sus auténticos textos, fueron víctimas de frecuentes guerras y luchas intestinas, hasta ofrecer al mundo entero el triste espectáculo de su destrucción y servidumbre.

Las largas contiendas que los Hebreos sostuvieron durante dieziseis siglos, desde los tiempos patriarcales hasta la venida de Jesucristo, fueron: la batalla de Rafidin contra los Analecitas, en la que éstos fueron derrotados por Josué; el castigo del pueblo hebreo, ordenado por Moisés, consistente en la inmolación de 23,000 hombres en un día; las tomas de las ciudades de Jericó y Hay por Josué; la batalla de Gaban contra los Cananeos; la batalla de los Madianitas, ganada por Gedeón; el combate contra los Amonitas y Filisteos, tras del cual fueron estos últimos vencidos por Jefthé; la lucha contra Samsón, que produjo 4,000 víctimas; el combate contra los Filisteos, durante el cual quedaron en el campo de batalla 30,000 hombres; el combate contra los Amonitas, en el que éstos fueron vencidos por Samuel; el combate contra los Idumeos, Moabitas y Amonitas, que terminó con el triunfo de Samuel; el combate contra los Amalecitas, en el que 1,000 combatientes fueron pasados á cuchillo por orden de Saul; el combate entre las fuerzas de David y Goliath, que dió como resultado la muerte de este gigante con sus 10,000 Filisteos; la batalla de Gelboe, en la que fueron derrotados los Israelitas por los Filisteos; la encarnizada guerra civil entre las fuerzas de David y las de Isboseth; la toma de Rabba por el ejército de Joab y Abisai, en la que todos los vencidos murieron en los mayores tormentos; la batalla de Efraim, en la cual fué derrotado Absolón; la guerra contra los Filisteos y Árabes, entrando estos últimos á saco en Jerusalem; el sitio de Jerusalem por Hazael, rey de Siria; la batalla contra los Idumeos, en que éstos fueron derrotados; las batallas libradas por Osías contra los Idumeos, Filisteos, Árabes y Amonitas, que fueron sucesivamente vencidos por este príncipe judío; las batallas libradas contra la Siria, ganada por Tegla-Falasar; las batallas entre las fuerzas de Ezequías y los Filisteos; el sitio de Jerusalem sostenido por Senaquerib, durante el cual murieron 185,000 hombres; las batallas sostenidas por Manasés contra los Asirios; las sangrientas batallas de Majedo, entre las fuerzas de Josías y las del rey de Egipto, Necas, que terminó con la toma de Jerusalem por este último; la segunda toma de Jerusalem por Nabucodonosor II, rey de Babilonia; el sitio de Bethulia; la invasión de la Judea por Holofernes; el sitio de Babilonia por el ejército medo-persa mandado por Ciro; el largo cautiverio de los Judíos; la persecución de los Judíos por Antioco Epifanes, en la que fueron degollados 40,000 Israelitas; la sublevación de los Judíos á órdenes de Mathatías; las guerras entre las tropas de Judas Macabeo y las de los generales Apolonio, Serón, Lisias y otros, que terminaron con las victorias que éste obtuvo sobre los generales sirios Timoteo y Nicanor; las victorias obtenidas por Jonathás sobre los generales sirios Baquidis y Apolonio; los disturbios promovidos en la Judea por los Fariseos, Saducos y Esenianos; la victoria obtenida por Hircano sobre los Idumeos; la guerra sostenida por Alejandro Janeo con los Egipcios, en la que vencieron éstos; la intervención de los Romanos, que se apoderaron de Jerusalem, pasando los Judíos á la dominación de éstos; el segundo asalto de Jerusalem por las legiones romanas mandadas por Herodes; la toma de Jerusalem por Tito, en la que perecieron 1.300,000 Judíos; y por fin, la sublevación de los Judíos encabezados por Barcoquebas, en la que 500,000 Judíos fueron pasados á cuchillo, y con cuya carniceria terminó la nacionalidad judía, á principios de la era cristiana, esparciéndose por el Mundo los pocos que sobrevivieron á esa massacre.

Cansados los Hebreos de sufrir tantas luchas y del prolongado yugo de los extranjeros que los tenían reducidos á la condición de esclavos, es lógico creer que muchos de ellos se determinaran á abandonar su suelo natal para dirigirse á regiones distantes ó apartadas, siendo probable que una de esas regiones fuera, talvez, el suelo americano.