La Siria tuvo también que sostener luchas en defensa de su integridad, como: el combate contra los Hebreos, que salieron vencidos; las victorias obtenidas por las tropas de Ben-Abad I y Ben-Abad II; la derrota de Ben-Abad III, que perdió las conquistas de sus antecesores; la toma de Damasco, por el rey de Asiria Teglath Falusar; el yugo de los Babilonios, Medos y Persas, que sufrió la Siria; y, últimamente, el yugo de Alejandro, que terminó con la autonomía de la Siria.
En fin, la Tartaria tuvo también sus días de gloria, pues sometió una parte de la Europa y de la Asia Menor, dominando unos y otros territorios durante veinte años; asímismo sostuvo luchas contra los conquistadores Ciro, Dario y Alejandro, sin que éstos lograran someterla.
Por las anteriores relaciones de las innumerables guerras y batallas de exterminio que diezmaron y arruinaron los diversos imperios y reinos del Antiguo Mundo, y ocasionaron también la pérdida de la autonomía de algunos de ellos, hemos tratado de probar, á nuestro entender, que las inmigraciones venidas á América de los antiguos Continentes, después de la catástrofe del Diluvio Universal, fueron: de Asia, las de los Chinos, Mongoles y Hebreos; de Africa, las de los Egipcios, Fenicios y Cartagineses; y de Europa, las de los Griegos y Romanos; razas que algunos historiadores suponen ser los progenitores de los Indios americanos. Pero estas suposiciones no pasan de conjeturas, ciertas ó dudosas, fundadas ó aventuradas, porque el asunto permanece aún obscuro, apesar de haber sido tratado por muchos hombres científicos desde hace más de cuatro siglos—tiempo trascurrido desde el descubrimiento del Nuevo Mundo por Cristóbal Colón—sin que hasta ahora se haya llegado á pronunciar la última, definitiva palabra.
Emitiremos, en seguida, algunas otras apreciaciones.
No hay duda que las grandes diferencias que presentan las diversas agrupaciones indígenas, son el resultado de numerosos y diversos cruzamientos. La existencia en muchas partes de América, de ruinas que denuncian una civilización avanzada, y que los Indios que habitan este Continente no tienen ningún recuerdo, es prueba bastante para testificar que hombres civilizados se introdujeron en América desde tiempo inmemorial, encontrando aquí una ó varias razas menos aptas á la civilización, las que en parte sometieron á su poder y se mezclaron con ellas.
Si se trata de averiguar á cuál raza pertenecían aquellos hombres civilizados, bien se puede conocer que los Indios de América se acercan más, en general, á la raza amarilla que á la blanca y la negra; á lo menos, esta es la opinión de Topinard, que en su Antropología observa que "el Americano tiene en su conjunto muchos puntos de contacto con el tipo de la raza amarilla, relativo á caracteres de primer orden." Sin embargo, la forma de los Indios del nordeste, sus ritos, ceremonias, costumbres y otras particularidades, han hecho suponer también que entre sus antepasados contaban hombres blancos; suposición que parece tanto más admisible, por haberse probado que los Escandinavos (sin remontarnos á épocas más lejanas), tuvieron relaciones con la América del Norte desde el siglo X de la era cristiana.