§ II
Para terminar esta primera parte del presente trabajo, nos concretamos á emitir nuestra humilde opinión tocante al origen de los Indios de América, con las siguientes conclusiones que apoyamos en testimonios ó con citas de respetables autores.
1.a
La cosmogonía de América se halla envuelta en tinieblas; pero es indudable que este Continente, durante su período prehistórico, ha tenido, como los demás del Antiguo Mundo, dos épocas: antediluviana y postdiluviana.
Creemos que la raza primitiva ó antediluviana fué autóctona, formada en este mismo Continente, cuando las condiciones de calor y humedad en que se encontraba el Planeta Terrestre fueron propicias para su creación y su reproducción, dando comienzo á la Edad Humana, posterior y resultante de la Edad de los Mamíferos. El desenvolvimiento de esta primitiva raza marca el origen antediluviano de los habitantes del Continente americano, y así como la flora y la fauna, la monogenia de la raza humana, en ese mismo Continente no ha permanecido inmutable, sino sujeta también á alteraciones. Por consiguiente, no es admisible que esa raza primitiva haya descendido de una pareja única, como lo enseña la Sagrada Escritura[87].
Además, según opinión de algunos etnógrafos, esa raza primitiva se remonta á las Épocas Terciaria y Cuaternaria, por los numerosos hallazgos que se han hecho en el suelo americano, no solamente de fósiles de corpulentos paquidermos antediluvianos, sino también de esqueletos humanos, herramientas y utensilios de pedernal ó silex, que indudablemente datan de la misma época antediluviana. Por consiguiente, el desarrollo de esa raza primitiva ha obedecido á un acrecentamiento lento, natural y gradual, calculándose que ha sido menester el trascurso de una larga serie de siglos para alcanzarla. El estudio de la antropología, de la etnología y de la craneología, ciencias que son la base de la historia de un pueblo, puede demostrar que el Género Humano no procede de un tronco común, y que el Continente americano ha sido poblado, en un principio, sin intervención de ninguna inmigración. Por lo tanto, la pura raza roja ó cobriza de América es indudablemente autóctona.
Lo que también nos induce á creer en esta condición autóctona de la raza roja, es el hecho de la diversidad de las razas humanas, que se dividen en cinco agrupaciones, ó sea: la raza blanca (caucasiana) ó europea; la raza amarilla (mongólica) ó asiática; la raza cobriza (indiana) ó americana; la raza morena (malaya) ó indostana; la raza negra (etiópica) ó africana. ¿Será posible, preguntamos, que Adán y Eva, que, se dice, son los padres del Género Humano, hayan sido los progenitores de razas tan diversas en color y facciones?