Hay en esta isla y en las otras infinitas aves de las de nuestra patria, é otras muchas que allá nunca se vieron: de las aves domésticas nunca se ha visto acá ninguna, salvo en la ZURUQUIA[[139]] había en las casas unas ánades, las más dellas blancas como la nieve é algunas dellas negras, muy lindas con crestas rasas, mayores que las de allá, menores que ánsares[[140]]. Por la costa desta isla corrimos al pié de cien leguas porque hasta donde el Almirante había dejado la gente, habría en este compás, que será en comedio ó en medio de la isla. Andando por la provincia della llamada XAMANÁ en derecho echamos en tierra uno de los indios quel otro viaje habían llevado vestido, é con algunas cosillas quel Almirante le había mandado dar. Aquel día se nos murió un marinero vizcaíno que había seido herido de los Caribes, que ya dije que se tomaron, por su mala guarda, é porque íbamos por costa de tierra, dióse lugar que saliése una barca á enterrarlo, é fueron en resguarda de la barca dos carabelas cerca con tierra. Salieron á la barca en llegando en tierra muchos indios, de los cuales algunos traían oro al cuello, é á las orejas; querían venir con los cristianos á los navíos, é no los quisieron traer, porque no llevaban licencia del Almirante; los cuales desque vieron que no los querían traer se metieron dos dellos en una canoa pequeña, é se vinieron á una carabela de las que se habían acercado á tierra, en la cual los rescibieron con su amor, é trajéronlos á la nao del Almirante, é dijeron, mediante un intérprete que un Rey fulano[[141]] los enviaba á saber qué gente éramos, é á rogar que quisiésemos llegar á tierra porque tenían mucho oro é le darían de ello, é de lo que tenían de comer: el Almirante les mandó dar sendas camisas é bonetes é otras cosillas, é les dijo que por que iba á donde estaba GUACAMARÍ[[142]] non se podría detener, que otro tiempo habría que le pudiese ver, é con esto se fueron. No cesamos de andar nuestro camino fasta llegar á un puerto llamado MONTE-CHRISTI, donde estovimos dos días para ver la disposición de la tierra, porque no había parecido bien al Almirante el logar donde había dejado la gente para hacer asiento. Descendimos en tierra para ver la disposición: había cerca de allí un gran río[[143]] de muy buena agua; pero es toda tierra anegada é muy indispuesta para habitar. Andando veyendo el río é tierra hallaron algunos de los nuestros en una parte dos hombres muertos junto con el río, el uno con un lazo al pescuezo y el otro con otro al pié, esto fué el primero día[[144]]. Otro día siguiente hallaron otros dos muertos más adelante de aquellos, el uno destos estaba en disposición que se le pudo conocer tener muchas barbas. Algunos de los nuestros sospecharon más mal que bién, é con razón, porque los indios son todos desbarbados, como dicho he. Este puerto está del lugar donde estaba la gente cristiana doce leguas[[145]]: pasados dos días alzamos velas para el lugar donde el Almirante había dejado la sobredicha gente, en compañía de un rey destos indios, que se llamaba GUACAMARÍ[[146]], que pienso ser de los principales desta isla. Este día llegamos en derecho de aquel lugar; pero era ya tarde[[147]], é porque allí había unos bajos donde el otro día[[148]] se había perdido la nao en que había ido el Almirante, no osamos tomar el puerto cerca de tierra, fasta que otro día de mañana se desfondase[[149]] é pudiesen entrar seguramente: quedamos aquella noche no una legua de tierra. Esa tarde[[150]], viniendo para allí de lejos, salió una canoa en que parescían cinco ó seis indios, los cuales venían á prisa para nosotros. El Almirante creyendo que nos seguraba hasta alzarnos, no quiso que los esperásemos, é porfiando llegaron hasta un tiro de lombarda de nosotros, é parábanse á mirar, é desde allí desque vieron que no los esperábamos dieron vuelta é tornaron su vía. Después que sorgimos en aquel lugar sobredicho[[151]] tarde, el Almirante mandó tirar dos bombardas á ver si respondían los cristianos que habían quedado con el dicho GUACAMARÍ[[152]], porque también tenían bombardas, los cuales nunca respondieron ni menos parescían huegos[[153]] ni señal de casas en aquel lugar, de lo cual se desconsoló mucho la gente é tomaron la sospecha que de tal caso se debía tomar. Estando ansí todos muy tristes, pasadas cuatro ó cinco horas de la noche, vino la misma canoa que esa tarde habíamos visto, é venía dando voces, preguntando por el Almirante un capitán de una carabela donde primero llegaron: trajéronlos á la nao del Almirante, los cuales nunca quisieron entrar hasta quel Almirante los hablase; demandaron lumbre para lo conocer, é después que lo conocieron entraron. Era uno dellos primo del Guacamarí[[154]], el cual los había enviado otra vez. Después que se habían tornado aquella tarde traían carátulas de oro que Guacamarí[[154]] enviaba en presente; la una para el Almirante é la otra para un capitán quel otro viaje había ido con él. Estovieron en la nao hablando con el Almirante en presencia de todos por tres horas mostrando mucho placer, preguntándoles por los cristianos que tales estaban: aquel pariente dijo que estaban todos buenos, aunque entre ellos había algunos muertos de dolencia é otros de diferencia que había contecido entre ellos é que Guacamarí[[154]] estaba en otro lugar ferido en una pierna é por eso no había venido, pero que otro día vernía; porque otros dos reyes, llamado el uno CAONABÓ[[155]] y el otro MAYRENÍ, habían venido á pelear con él é que le habían quemado el logar; é luego esa noche se tornaron diciendo que otro día venían con el dicho Guacamarí, é con esto nos dejaron por esa noche consolados. Otro día en la mañana[[156]] estovimos esperando que viniese el dicho Guacamarí, é entre tanto saltaron en tierra algunos por mandato del Almirante, é fueron al logar donde solían estar, é halláronle quemado un cortijo algo fuerte con una palizada; donde los cristianos habitaban, é tenían lo suyo quemado é derribado, é ciertas bernias[[157]] é ropas que los indios habían traído á echar en la casa. Los dichos indios que por allí parescían andaban muy cahareños, que no se osaban allegar á nosotros, antes huían; lo cual no nos pareció bien porque el Almirante nos había dicho que en llegando á aquel lugar salían tantas canoas dellos á bordo de los navíos á vernos que no nos podríamos defender dellos, é que en el otro viaje ansí lo facían; é como agora víamos que estaban sospechosos de nosotros no nos parescía bien; con todo halagándolos aquel día é arrojándolos algunas cosas, ansí como cascabeles é cuentas, hobo de asegurarse un su pariente del dicho Guacamarí é otros tres, los cuales entraron en la barca é trajéronlos á la nao. Después que le preguntaron por los cristianos dijeron que todos eran muertos, aunque ya nos lo había dicho un indio que llevábamos de Castilla que lo habían hablado los dos indios que antes habían venido á la nao, que se habían quedado á bordo de la nao con su canoa, pero no le habíamos creido. Fué preguntado á este pariente de Guacamarí quién los había muerto: dijo quél Rey de CAONABÓ y el Rey MAYRENÍ, é que le quemaron las casas del lugar é que estaban dellos muchos heridos, é también el dicho Guacamarí estaba pasado un muslo, y él que estaba en otro lugar y quél quería ir luego allá á lo llamar, al cual dieron algunas cosas, é luego se partió para donde estaba Guacamarí. Todo aquel día los estovimos esperando, é desque vimos que no venían, muchos tenían sospecha que se habían ahogado los indios que ante noche habían venido, porque los habían dado á beber dos ó tres veces de vino, é venían en una canoa pequeña que se les podría trastornar. Otro día de mañana salió á tierra el Almirante[[158]] é algunos de nosotros, é fuimos donde solía estar la villa, la cual nos vimos toda quemada é los vestidos de los cristianos se hallaban por aquella yerba. Por aquella hora no vimos ningún muerto. Había entre nosotros muchas razones diferentes, unos sospechando el mismo Guacamarí fuese en la traición ó muerte de los cristianos, otros les parescía que no, pues estaba quemada su villa, ansí que la cosa era mucho para dudar. El Almirante mandó catar todo el día donde los cristianos estaban fortalecidos porquél los había mandado que desque toviesen alguna cantidad de oro que lo enterrasen. Entretanto que ésto se hacía quiso llegar á ver á cerca de una legua do nos parescía que podría haber asiento para edificar una villa porque ya era tiempo, adonde fuimos ciertos con él mirando la tierra por la costa, fasta que llegamos á un poblado donde había siete ú ocho casas, las cuales habían desamparado los indios luego que nos vieron ir, é llevaron lo que pudieron é lo otro dejaron escondido entre yerbas junto con las casas, que es gente tan bestial que no tienen discreción para buscar logar donde habitar, que los que viven á la marina es maravilla cuán bestialmente edifican, que las casas enderedor tienen tan cubiertas de yerba ó de humedad, que estoy espantado como viven. En aquellas casas hallamos muchas cosas de los cristianos, las cuales no se creían que ellos hobiesen rescatado, ansí como una almalafa[[159]] muy gentil, la cual no se había descogido de como la llevaron de Castilla, é calzas é pedazos de paños, é una ancla de la nao quel Almirante había allí perdido el otro viaje, é otras cosas, de las cuales más se esforzó nuestra opinión; y de acá hallamos, buscando las cosas que tenían guardadas en una esportilla mucho cosida é mucho á recabdo una cabeza de hombre mucho guardada. Allí juzgamos por entonces que sería la cabeza de padre ó madre, ó de persona que mucho querían. Después he oido que hayan hallado muchas desta manera, por donde creo ser verdad lo que allí juzgamos; desde allí nos tornamos. Aquel día venimos por donde estaba la villa, y cuando llegamos hallamos muchos indios que se habían asegurado y estaban rescatando oro: tenían rescatado fasta un marco: hallamos que habían mostrado donde estaban muertos once cristianos, cubiertos ya de la yerba que había crecido sobre ellos, é todos hablaban por una boca que Caonabó é Mayrení los habían muerto; pero con todo eso asomaban queja que los cristianos uno tenía tres mujeres, otro cuatro, donde creemos quel mal que les vino fué de zelos. Otro dia de mañana,[[160]] porque en todo aquello no había logar dispuesto para nosotros poder hacer asiento, acordó el Almirante fuese una carabela á una parte para mirar lugar conveniente, é algunos que fuimos con él fuimos á otra parte, á do hallamos un puerto muy seguro é muy gentil disposición de tierra para habitar, pero porque estaba lejos de donde nos deseábamos que estaba la mina de oro, no acordó el Almirante de poblar sino en otra parte que fuese más cierta si se hallase conveniente disposición. Cuando venimos deste lugar hallamos venida la otra carabela que había ido á la otra parte á buscar el dicho logar, en la cual había ido Melchor é otros cuatro ó cinco hombres de pro. E yendo costeando por tierra salió á ellos una canoa en que vimos dos indios, el uno era hermano de Guacamarí, el cual fué conocido por un piloto que iba en la dicha carabela, é preguntó quién iba allí, al cual dijeron los hombres prencipales, dijeron que Guacamarí les rogaba que se llegasen á tierra, donde él tenía su asiento con fasta cincuenta casas. Los dichos prencipales saltaron en tierra con la barca é fueron donde él estaba, el cual fallaron en su cama echado faciendo del doliente ferido. Fablaron con él preguntándole por los cristianos: respondió concertando con la mesma razón de los otros, que era que Caonabó y Mayrení los habían muerto, é que á él habían ferido en un muslo, el cual mostró ligado; los que entonces lo vieron ansí les paresció que era verdad como él lo dijo: al tiempo del despedirse dió á cada uno dellos una joya de oro, á cada uno como le paresció que lo merescía. Este oro facían en fojas muy delgadas, porque lo quieren para facer carátulas é para poderse asentar en betún que ellos facen, si ansí no fuese no se asentaría. Otro facen para traer en la cabeza é para colgar en las orejas é narices, ansí que todavía es menester que sea delgado, pues que ellos nada de esto hacen por riqueza salvo por buen parescer. Dijo el dicho Guacamarí por señas é como mejor pudo, que porque él estaba ansí herido que dijesen al Almirante que quisiese venir á verlo. Luego quel Almirante llegó los sobredichos le contaron este caso. Otro día de mañada[[161]] acordó de partir para allá, al cual lugar llegaríamos dentro de tres horas, porque apenas habría dende donde estábamos allá tres leguas[[162]]; ansí que cuando allí llegamos era hora de comer: comimos antes de salir en tierra. Luego que hobimos comido mandó el Almirante que todos los capitanes viniesen con sus barcas para ir en tierra, porque ya esa mañana antes que partiésemos de donde estábamos había venido el sobredicho su hermano á hablar con el Almirante, é á darle priesa que fuese al lugar donde estaba el dicho Guacamarí. Allí fué el Almirante á tierra é toda la gente de pro con él, tan ataviados que en una cibdad prencipal parescieran bien; llevó algunas cosas para le presentar porque ya había rescibido dél alguna cantidad de oro, é era razón le respondiese con la obra é voluntad quél había mostrado. El dicho Guacamarí ansí mismo tenía aparejado para hacerle presente. Cuando llegamos hallámosle echado en su cama, como ellos lo usan, colgado en el aire, fecha una cama de algodón como de red; no se levantó, salvo dende la cama hizo el semblante de cortesía como él mejor sopo, mostró mucho sentimiento con lágrimas en los ojos por la muerte de los cristianos, é comenzó á hablar en ello mostrando como mejor podía, como unos murieron de dolencia, é como otros se habían ido á Caonabó á buscar la mina del oro é que allí los habían muerto, é los otros que se los habían venido á matar allí en su villa. A lo que parescían los cuerpos de los muertos no había dos meses que había acaecido. Esa hora él presentó al Almirante ocho marcos y medio de oro, é cinco ó seiscientos labrados de pedrería de diversos colores, é un bonete de la misma pedrería, lo cual me paresce deben tener ellos en mucho. En el bonete estaba un joyel, lo cual le dió en mucha veneración. Paréceme que tienen en más el cobre quel oro. Estábamos presentes yo y un zurugiano[[163]] de armada; entonces dijo el Almirante al dicho Guacamarí que nosotros éramos sabios de las enfermedades de los hombres, que nos quisiese mostrar la herida, él respondió que le placía, para lo cual yo dije que sería necesario, si pudiese, que saliese fuera de casa, porque con la mucha gente estaba escura é no se podía ver bien; lo cual él fizo luego, creo más de empacho que de gana: arrimándose á él salió fuera. Después de asentado, llegó el zurugiano á él é comenzó de desligarle; entonces dijo al Almirante que era ferida fecha con CIBA[[164]], que quiere decir con piedra. Después que fué desatada llegamos á tentarle. Es cierto que no tenía más mal en aquella que en la otra, aunque él hacía del raposo[[165]] que le dolía mucho. Ciertamente no se podía bien determinar porque las razones eran iguales, que ciertamente muchas cosas había que mostraban haber venido á él gente contraria. Ansí mesmo el Almirante no sabía qué se hacer: parescióle é á otros muchos, que por entonces fasta bien saber la verdad que se debía disimular, porque después de sabida, cada que quisiesen, se podía dél rescibir enmienda. E aquella tarde se vino con el Almirante á las naos, é mostrándole caballos é cuanto ahí había, de lo cual quedó muy maravillado como de cosa extraña á él; tomó colación en la nao é esa tarde luego se tornó á su casa: el Almirante dijo que quería ir á habitar allí con él é quería facer casas, y él respondió que le placía, pero que el logar era mal sano porque era muy húmedo, é tal era por cierto. Esto todo pasaba estando por intérpretes dos indios de los que el otro viaje habían ido á Castilla, los cuales habían quedado vivos de siete que metimos en el puerto, que los cinco se murieron en el camino, los cuales escaparon á uña de caballo. Otro día[[166]] estuvimos surtos en aquel puerto; é quiso saber cuándo se partiría el Almirante: le mandó decir que otro día[[167]]. En aquel día vinieron á la nao el sobredicho hermano suyo é otros con él, é trajeron algún oro para rescatar. Ansí mesmo el día que allá salimos se rescató buena cantidad de oro. En la nao había diez mujeres de las que se habían tomado en las islas de Cariby; eran las más de ellas de Boriquén. Aquel hermano de Guacamarí habló con ellas: creemos que les dijo lo que esa noche pusieron por obra, y es que al primer sueño muy mansamente se echaron al agua é se fueron á tierra, de manera que cuando fueron falladas menos, iban tanto trecho que con las barcas no pudieron tomar más de las cuatro, las cuales tomaron al salir del agua; fueron nadando más de una gran media legua. Otro día de mañana[[168]] envió el Almirante á decir á Guacamarí que le enviase aquellas mujeres que la noche antes se habían huido, é que luego las mandase á buscar. Cuando fueron hallaron el lugar despoblado, que no estaba persona en él: ahí tomaron mucho fuerte á afirmar su sospecha, otros decían que se habría mudado á otra población quellos ansí lo suelen hacer. Aquel día estovimos allí quedos porque el tiempo era contrario para salir: otro día de mañana[[169]] acordó el Almirante, pues que el tiempo era contrario, que sería bien ir con las barcas á ver un puerto la costa arriba, fasta el cual habría dos leguas[[170]], para ver si habría dispusición de tierra para hacer habitación, donde fuemos con todas las barcas de los navíos, dejando los navíos en el puerto. Fuímos corriendo toda la costa, é también estos no se seguraban bien de nosotros; llegamos á un lugar de donde todos eran huídos. Andando por él fallamos junto con las casas, metido en el monte, un indio ferido de una vara, de una ferida que resollaba por las espaldas, que no había podido huir más lejos. Los desta isla pelean con unas varas agudas, las cuales tiran con unas tiranderas como las que tiran los mochachos las varillas en Castilla, con las cuales tiran muy lejos asaz certero. Es cierto que para gente desarmada que pueden hacer harto daño. Este nos dijo que Caonabó é los suyos le habían ferido, é habían quemado las casas á Guacamarí. Ansí quel poco entender que los entendemos á las razones equívocas nos han traido á todos tan afuscados que fasta agora no se ha podido saber la verdad de la muerte de nuestra gente, é no hallamos en aquel puerto dispusición saludable para hacer habitación. Acordó el Almirante nos tornásemos para la costa arriba por do habíamos venido de Castilla[[171]] porque la nueva del oro era fasta allá. Fuénos el tiempo contrario, que mayor pena nos fué tornar treinta leguas[[172]] atrás que venir desde Castilla, que con el tiempo contrario é la largueza del camino ya eran tres meses pasados cuando descendimos en tierra[[173]]. Plugó á nuestro Señor que por la contrariedad del tiempo que no nos dejó ir más adelante, hubimos de tomar tierra en el mejor sitio y dispusición que pudiéramos escoger, donde hay mucho buen puerto é gran pesquería[[174]], de la cual tenemos mucha necesidad por el carecimiento de las carnes. Hay en esta tierra muy singular pescado más sano quel de España. Verdad sea que la tierra no consiente que se guarde de un día para otro porque es caliente y húmeda, é por ende luego las cosas introfatibles ligeramente se corrompen. La tierra es muy gruesa para todas cosas: tiene junto un río prencipal é otro razonable, asaz cerca de muy singular agua: edifícase sobre la ribera del una cibdad Marta[[175]], junto quél lugar se deslinda con el agua, de manera que la metad de la cibdad queda cercado de agua con una barranca de peña tajada, tal que por allí no ha menester defensa ninguna; la otra metad está cercada de una arbolada espesa que apenas podrá un conejo andar por ella; es tan verde que en ningún tiempo del mundo fuego la podrá quemar: hase comenzado á traer un brazo del río, el cual dicen los maestros que trairán por medio del lugar, é asentarán en él moliendas é sierras de agua, é cuanto se pudiese hacer con agua. Han sembrado mucha hortaliza, la cual es cierto que crece más en ocho días que en España en veinte. Vienen aquí continuamente muchos indios é caciques con ellos, que son como capitanes dellos, é muchas indias: todas vienen cargadas de AGES[[176]], que son como nabos, muy excelente manjar, de los cuales facemos acá muchas maneras de manjares en cualquier manera; es tanto cordial manjar que nos tiene á todos muy consolados, porque de verdad la vida que se trajo por la mar ha seido la más estrecha que nunca hombres pasaron, é fué ansí necesario porque no sabíamos qué tiempo nos haría, ó cuanto permitiría Dios qué estuviésemos en el camino; ansí que fué cordura estrecharnos, porque cualquier tiempo que viniera pudiéramos conservar la vida. Rescatan el oro é mantenimientos é todo lo que traen por cabos de agujetas, por cuentas, por alfileres, por pedazos de escudillas é de plateles. A este AGE llaman los de Carabi NABI, é los indios HAGE. Toda esta gente, como dicho tengo, andan como nacieron, salvo las mujeres de esta isla traen cubiertas sus vergüenzas, dellas con ropa de algodón que les ciñen las caderas, otras con yerbas é fojas de árboles. Sus galas dellos é dellas, es pintarse, unos de negro, otros de blanco é colorado, de tantos visajes que en verlos es bien cosa de reir; las cabezas rapadas en logares, é en logares con vedijas de tantas maneras que no se podría escribir. En conclusión, que todo lo que allá en nuestra España quieren hacer en la cabeza de un loco, acá el mejor dellos vos lo terná en mucha merced. Aquí estamos en comarca de muchas minas de oro, que según lo que ellos dicen no hay cada una dellas de veinte ó veinte é cinco leguas: las unas dicen que son en Niti[[177]], en poder de Caonabó, aquel que mató á los cristianos; otras hay en otra parte que se llama Cibao[[178]], las cuales, si place á nuestro Señor, sabremos é veremos con los ojos antes que pasen muchos días, porque agora se ficiera sino porque hay tantas cosas de proveer que no bastamos para todo, porque la gente ha adolecido en cuatro ó cinco días el tercio della, creo la mayor causa de ello ha seido el trabajo é mala pasada del camino; allende de la diversidad de la tierra; pero espero en nuestro Señor que todos se levantarán con salud. Lo que paresce desta gente es que si lengua tuviésemos que todos se convertirían, porque cuanto nos ven facer tanto facen, en hincar las rodillas á los altares, é al Ave María, é á las otras devociones é santiguarse; todos dicen que quieren ser cristianos, puesto que verdaderamente son idólatras, porque en sus casas hay figuras de muchas; yo les he preguntado qué es aquello, dícenme que es cosa de TUREY[[179]], que quiere decir del cielo. Yo acometí á querer echárselos en el fuego é hacíaseles de mal que querían llorar; pero ansí piensan que cuanto nosotros traemos que es cosa del cielo, que á todo llaman TUREY, que quiere decir cielo. El día que yo salí á dormir en tierra fué el primero día del Señor: el poco tiempo que habemos gastado en tierra ha seido más en hacer donde nos metamos, é buscar las cosas necesarias, que en saber las cosas que hay en la tierra, pero aunque ha seido poco se han visto cosas bien de maravillar, que se han visto árboles que llevan lana[[180]] y harto fina, tal que los que saben del arte dicen que podrán hacer buenos paños dellas. Destos árboles hay tantos que se podrán cargar las carabelas de la lana, aunque es trabajosa de coger, porque los árboles son muy espinosos; pero bien se puede hallar ingenio para la coger. Hay infinito algodón de árboles perpetuos tan grandes como duraznos. Hay árboles que llevan cera en color y en sabor é en arder tan buena como la de abejas, tal que no hay diferencia mucha de la una á la otra[[181]]. Hay infinitos árboles de trementina[[182]] muy singular é muy fina. Hay mucha alquitíra[[183]]. también muy buena. Hay árboles que pienso que llevan nueces moscadas, salvo que agora están sin fruto, é digo que lo pienso porque el sabor y olor de la corteza es como de nueces moscadas[[184]]. Ví una raiz de gengibre que la traía un indio colgada al cuello. Hay también linaloe[[185]], aunque no es de la manera del que fasta agora se ha visto en nuestras partes; pero no es de dudar que sea una de las especias de linaloes que los dotores ponemos. También se ha hallado una manera de canela, verdad es que no es tan fina como la que allá se ha visto, no sabemos si por ventura lo hace el defecto de saberla coger en sus tiempos como se ha de coger, ó si por ventura la tierra no la lleva mejor[[186]]. También se ha hallado mirabolanos cetrinos, salvo que agora no están sino debajo del árbol, como la tierra es muy húmida están podridos tienen el sabor mucho amargo, yo creo sea del podrimiento; pero todo lo otro, salvo el sabor que está corrompido; es de mirabolanos verdaderos[[187]]. Hay también almástica[[188]] muy buena. Todas estas gentes destas islas que fasta agora se han visto, no poseen fierro ninguno. Tienen muchas ferramientas, ansí como hachas é azuelas hechas de piedra tan gentiles é tan labradas que es maravilla como sin fierro se pueden hacer. El mantenimiento suyo es pan hecho de raices[[189]] de una yerba que es entre árbol é yerba[[190]], é el age, de que ya tengo dicho que es muy buen mantenimiento: tienen por especia, por lo adobar, una especia que se llama AGÍ[[191]] con la cual comen también el pescado, como aves cuando las pueden haber, que hay infinitas de muchas maneras. Tienen otrosí unos granos como avellanas, muy buenos de comer[[192]]. Comen cuantas culebras é lagartos é arañas é cuantos gusanos se hallan por el suelo, ansí que me parece es mayor su bestialidad que la de ninguna bestia del mundo. Después de una vez haber determinado el Almirante de dejar el descobrir las minas fasta primero enviar los navíos que se habían de partir á Castilla[[193]], por la mucha enfermedad que había seido en la gente, acordó de enviar dos cuadrillas con dos capitanes, el uno á Cibao[[194]] y el otro[[195]] á Niti, donde está Caonabó, de que ya he dicho, los cuales fueron é vinieron el uno á veinte días de Enero, é el otro á veinte é uno: el que fué á Cibao halló oro en tantas partes que no lo osa hombre decir, que de verdad en más de cincuenta arroyos é ríos hallaban oro, é fuera de los ríos por tierra; de manera que en toda aquella provincia dice que doquiera que lo quieran buscar lo hallarán. Trajo muestra de muchas partes como en la arena de los ríos é en las hontizuelas[[196]], que están sobre tierra, créese que cavando, como sabemos hacer, se hallará en mayores pedazos, porque los indios no saben cavar ni tienen con qué puedan cavar de un palmo arriba[[197]]. El otro que fué á Niti trajo también nueva de mucho oro en tres ó cuatro partes; ansí mesmo trajo la muestra dello. Ansí que de cierto los Reyes, nuestros Señores, desde agora se pueden tener por los más prósperos é más ricos Príncipes del mundo, porque tal cosa hasta agora no se ha visto ni leido de ninguno en el mundo, porque verdaderamente á otro camino que los navíos vuelvan pueden llevar tanta cantidad de oro que se puedan maravillar cualesquiera que lo supieren. Aquí me paresce será bien cesar el cuento; creo los que no me conocen que oyeren estas, me ternán por prolijo é por hombre que ha alargado algo; pero Dios es testigo que yo no he traspasado una jota los términos de la verdad.
Cómputo de fechas y escalas.
JUAN DE LA COSA
Santoña y el Puerto de Santa María se disputan la gloria de ser la patria de este ilustre piloto y capitán. Bartolomé de las Casas le llama VIZCAINO, y Leguina considera esta apreciación del obispo de Chiapa como consecuencia de que en aquella época se confundía frecuentemente á los oriundos de provincias vecinas, y se designaba con el nombre de VIZCAINO al procedente de la costa cantábrica[[198]].
Juan de la Cosa se retiraba á Santoña, provincia de Santander á descansar de sus expediciones marítimas; allí ha existido un barrio llevando su nombre; el apellido LA COSA perdura en la marítima villa; el autor de SANTONIA (1677) afirma haber nacido el ilustre marino y capitán en aquella población; y en los archivos parroquiales de aquella villa se registra, por el siglo XV, un Juan de la Cosa, figurando á menudo, como padrino. Todas estas razones inducen á Leguina, Fernández Duro[[199]] y Picatoste[[200]] ha considerar como santanderino al compañero del gran Ligur en sus dos primeras empresas.
Cuando Cristóbal Colón, á bordo de la carabela NIÑA, y bojeando después de su segundo viaje las costas cubanas, cita ante el escribano Fernando Pérez de Luna—12 de Junio de 1494—á Juan de la Cosa, maestre de hacer cartas, para que dé su opinión, si Cuba era isla ó tierra-firme, el modesto cartógrafo, al manifestar sus generales de Ley, se da por vecino del Puerto de Santa María. Además, el notable é interesantísimo mapa lleva una nota marginal de haber sido trazado por Juan de la Cosa en dicho puerto de Santa María, el año de 1500.
Andaluz ó santoñés, puede fijarse su nacimiento á mediados del siglo XV; también aseverarse que navegó mucho por la costa cantábrica, donde en tan agitados mares aprendería con perfección el difícil arte de navegar; y probablemente vendría después á avecindarse al puerto de SANTA MARÍA.
Juan de la Cosa acompañó á don Cristóbal Colón en el primero[[201]] y segundo viaje á las Indias Occidentales: en el primero como dueño de la nao SANTA MARÍA[[202]]; y en el segundo, yendo en la carabela NIÑA como Maestre de hacer cartas. Acompañó también al Almirante cuando terminada la feliz segunda empresa, y fundada la ciudad Isabela, marchó el Descubridor á explorar las costas de Cuba. El sabio cosmógrafo genovés no se desdeñaba de consultar los mapas y cálculos de Juan de la Cosa.