“El Rey é la Reina: Don Cristóbal Colón, nuestro Almirante del mar Océano, y nuestro Visorrey é Gobernador de las islas nuevamente falladas en la parte de las Indias: Vimos las cartas que nos enviastes con Antonio de Torres, con las cuales habimos mucho placer, y damos muchas gracias á Nuestro Señor Dios que tan bien lo ha fecho, é en haberos en todo tan bien guiado. En mucho cargo é servicio vos tenemos lo que allá habéis fecho é trabajado con tanta buena orden y proveimiento que non puede ser mejor, é asimismo oimos al dicho Antonio de Torres, é recibimos todo lo que con él nos enviastes, é no se esperaba menos de vos segun la mucha voluntad é afección que de vos se ha conocido é conoce en las cosas de nuestro servicio. Sed cierto que nos tenemos de vos por muchos servidos é encargados en ello para vos facer merced é honra é acrecentamientos como vuestros grandes servicios lo requieren é adeudan: é porque el dicho Antonio de Torres tardó en venir aquí fasta agora é non habíamos visto vuestras cartas las cuales non nos había traido por las traer él á mejor recaudo é por la priesa de la partida destos navíos que agora van, los cuales á hora que lo aquí supimos los mandamos despachar con todo recaudo de las cosas que de allá enviastes por memorial, é cuanto más cumplidamente se pudiese facer sin detenerlos, é así se fará é cumplirá en todo lo otro quel trajo á cargo al tiempo é como él lo dijere; no ha lugar de vos responder como quisiéramos, pero cuando él vaya, placiendo á Dios, vos responderemos é mandaremos proveer en todo ello como cumple. Nos habemos habido enojo de las cosas que allá se han fecho fuera de vuestra voluntad, las cuales mandaremos bien remediar é castigar. En el primer viaje que para acá se ficiere enviad á Bernal de Pisa, al cual Nos enviamos mandar que ponga en obra su venida, é en el cargo que llevó entienda en ello la persona que á vos é al Padre Fray Boil pareciere en tanto que de acá se provee, que por la priesa de la partida de los dichos navíos non se pudo agora proveer en ello, pero en el primer viaje, si place á Dios, se proveerá de tal persona cual conviniese para el dicho cargo. De Medina del Campo á trece de Abril de noventa y cuatro.—Yo el Rey.—Yo la Reina.—Por mandado del Rey é de la Reina.—Juan de la Parra.”

Bastaría esta sola carta de les Reyes para comprobar la acusación de recibo de las cartas del Virrey; pero como la fechada en Segovia tiene relación íntima con este segundo viaje del Almirante, del cual nos venimos ocupando, extractaremos la parte que nos interesa:

“El Rey é la Reina: Don Cristóbal Colón, Almirante etc.: Vimos vuestras letras é memoriales que nos enviastes con Torres, y habemos habido mucho placer de saber todo lo que por ellas nos escribistes, y damos muchas gracias á nuestro Señor por todo ello, porque esperamos que con su ayuda este negocio vuestro será causa que nuestra Santa Fé Católica será mucho más acrecentada:... y visto todo lo que nos escribistes como quiera que asaz largamente decís todas las cosas de que es mucho gozo y alegría leerlas.”

Queda suficientemente probado que el papel que desempeñaba el doctor Diego Alvarez Chanca en esta expedición fué el de FÍSICO de la Armada, y encargado de la Sanidad de la incipiente Colonia.—Esto, para nosotros, no aminora sus relevantes prendas de cronista; pero sin el carácter de notario, que pretende asignarle el padre Nazario[[72]], y que corresponde de lleno á Diego de Peñalosa.

Carta del doctor Chanca.

Publicamos íntegro este documento histórico[[73]], porque los autores, que se han ocupado de él, no están contestes en algunas de sus notas, principalmente Navarrete y Las Casas. Los escritores puertorriqueños, para dilucidar el punto electo por el Almirante en su arribada á BORIQUÉN, han acudido á esta fuente histórica, y también están en desacuerdo, habiendo sacado, á veces, de una misma frase deducciones muy opuestas. El agua, por decirlo así, se ha revuelto tanto, que se necesita un filtro de Pasteur para descubrir las cristalinas linfas; por lo que preferimos publicar toda la epístola de Chanca con las anotaciones de don Martín Fernández Navarrete[[74]] y las del obispo de Chiapa Fray Bartolomé de las Casas[[75]], á entresacar frases en pro de nuestras opiniones. Además ponemos al lado de las notas de Navarrete y Las Casas, nuestra pobre opinión, de manera que el lector puede formar, perfectamente, criterio propio sobre los puntos que se debaten; máxime si se auxilia, en la cuestión del bojeo seguido por el crucero en el segundo viaje de Colón, de un mapa de las Antillas.

Combatimos el parecer del señor Navarrete, en algunas de sus notas, descansando siempre en pruebas fehacientes. Y no es de extrañar, que el ilustre académico sufriera equivocaciones en la magna obra, que se propuso llevar á cabo. Hoy mismo vemos al catedrático de Historia de la Universidad Central, don Emilio Castelar[[76]], suponer la agradable impresión que causaría á Colón y á sus compañeros, al llegar Cuba, el cocotero[[77]] y el plátano[[78]], cuando está probado hasta la saciedad ser plantas exóticas en las Antillas. El doctor don Joaquín Torres de Asensio, prelado doméstico de Su Santidad, al traducir del latín el pasaje de Mártir de Anglería, en que describe el HIGÜERO, cuyas calabazas usan los indígenas para guardar bebidas, incurre también en el error de creer se tratase del COCOTERO. La frase de Mártir en que considera el meollo de esa calabaza más amargo que la hiel, lo cree el señor Asensio debido á que los viajeros probaron el coco fuera de sazón, cuando sabemos que en los cocos, no maduros, y llamados vulgarmente COCOS DE AGUA, la comida interior es una tela blanca, semi-transparente y muy sabrosa al paladar. Y don Nicolás Estévanez, antiguo profesor del Ateneo militar de Madrid, asegura[[79]] que el pequeño grupo de islas de Barlovento llamado SANTOS, debe su nombre á la circunstancia de haber sido descubierto por Colón el día de Todos los santos, cuando sabemos positivamente, que el 3 de noviembre, al amanecer, divisó por vez primera á DOMÍNICA, y que el primero de noviembre, día conmemorativo de Todos los Santos estaba aún el crucero sin divisar tierra alguna; viniendo á sospecharla el Almirante el 2 por la tarde. Y por este estilo muchos errores relativos á América.

No es tan sólo respecto á Puerto-Rico, que ha sufrido don Martín Fernández Navarrete algunos errores. La ímproba tarea de recopilar y anotar los viajes verificados por los españoles en dos siglos, era empresa árdua, y aparejaba tropiezos y dificultades. Por eso vemos al señor Navarrete claudicar á veces. Al decidirse por cuál fuera la verdadera GUANAHANÍ, escoge á GRAN TURK, ligereza imperdonable, como dice Montojo, en un hombre tan eminente como el sabio marino[[80]]. Y al fijar el punto de Cuba donde arribara el Almirante, en su primer viaje, significa el puerto de NIPE; y el fluvial al cual bautizara Colón rio de la Luna, al puerto de BANES. Equivocaciones de bulto; pues el puerto de Cuba, al cual puso Colón el nombre de SAN SALVADOR, y donde fondearon las carabelas en su primera exploradora empresa, fué en el de GIBARA; y el rio de la Luna fué el actual puerto de MANATÍ. Hechos comprobados sin dudas ni vacilaciones algunas por Varnhagen[[81]], Leyva[[82]] y Montojo[[83]].

He aquí la Carta interesantísima del físico de la Armada, Diego Alvarez Chanca, dirigida desde la Isabela, al Cabildo de Sevilla:

“Muy magnífico Señor[[84]]: Porque las cosas que yo particularmente escribo á otros, en otras cartas, no son igualmente comunicables como las que en esta escritura[[85]] van, acorde de escribir distintamente las nuevas de acá y las otras que á mí conviene suplicar á vuestra Señoría[[86]], é las nuevas son las siguientes: Que la flota que los Reyes Católicos, nuestros Señores[[87]], enviaron de España para las Indias é gobernación de su Almirante del mar Océano Cristóbal Colón por la divina permisión, parte de Cádiz á veinte y cinco de Setiembre del año de[[88]] años, con tiempo é viento convenible á nuestro camino, é duró este tiempo dos dias, en los cuales pudimos andar al pié de cincuenta leguas; y luego nos cambió el tiempo otros dos, en los cuales anduvimos muy poco ó no nada; plogó á Dios que pasados los dias nos tornó buen tiempo, en manera que en otros dos llegamos á la Gran Canaria donde tomamos puerto, lo cual nos fué necesario por reparar un navío que hacía mucha agua, y estuvimos ende todo aquel día, é luego otro día partimos é fízonos algunas calmerías, de manera que estuvimos en llegar al Gomera cuatro ó cinco días, y en la Gomera fué necesario estar algún día por facer provisiones de carne, leña é agua la que más pudiesen, por la larga jornada que se esperaba hacer sin ver más tierra: ansí que en la estada de estos puertos y en un día después de partidos de la Gomera, que nos fizo calma, que tardamos en llegar fasta la isla de Fierro, estovimos díez y nueve ó veinte dias: desde aquí, por la bondad de Dios, nos tornó buen tiempo, el mejor que nunca flota llevó tan largo camino, tal que partidos del Fierro á trece de Octubre dentro de veinte dias hobimos vista de tierra; y viéramosla á catorce ó quince si la nao Capitana fuera tan buena velera como los otros navíos, porque algunas veces los otros navíos sacaban velas porque nos dejaban[[89]] mucho atrás. En todo este tiempo hobimos mucha bonanza, que en él, ni en todo el camino, no hobimos fortuna, salvo la víspera de San Simón que nos vino una, que por cuatro horas nos puso en harto estrecho. El primero Domingo después de Todos Santos, que fué á tres dias de Noviembre, cerca del alba, dijo un piloto de la nao Capitana: albricias, que tenemos tierra. Fué el alegría tan grande en la gente que era maravilla oir las gritas y placeres que todos hacían, y con mucha razón, que la gente venían ya tan fatigados de mala vida y de pasar agua, que con muchos deseos sospiraban todos por tierra. Contaron aquel día los pilotos de la armada, desde la isla de Fierro hasta la primera tierra que vimos, unas ochocientas leguas; otros setecientas é ochenta, de manera que la diferencia no era mucha, é mas trescientas que ponen de la isla de Fierro fasta Cáliz, que eran por todas mil é ciento; ansí que no siento quien no fuese satisfecho de ver agua. Vimos el Domingo de mañana sobredicho[[90]], por proa de los navíos una isla, y luego á man derecha pareció otra: la primera era la tierra alta de sierras[[91]] por aquella parte que vimos, la otra[[92]] era tierra llana, también muy llena de árboles muy espesos, y luego que fué más de día comenzó á parescer, á una parte é á otra, islas; de manera que aquel eran seis islas á diversas partes, y las más harto grandes. Fuimos enderezados para ver aquella que primero habiamos visto, é llegamos por la costa andando más de una legua buscando puerto para sorgir, el cual todo aquel espacio nunca se pudo hallar. Era en todo aquello que parescía desta isla todo montaña muy hermosa y muy verde, fasta el agua que era alegría en mirarla, porque en aquel tiempo no hay en nuestra tierra apenas cosa verde. Despues que allí no hallamos puerto acordó el Almirante que nos volviésemos á la otra isla que parescía á la mano derecha[[93]], questaba desta otra cuatro ó cinco leguas. Quedó por entonces un navío en esta isla buscando puerto todo aquel día para cuando fuese necesario venir á ella, en la cual halló buen puerto é vido casas é gentes, é luego se tomó aquella noche para donde estaba la flota que había tomado puerto en la otra isla[[94]], donde descendió el Almirante é mucha gente con él con la bandera Real en las manos, adonde tomó posesión por sus Altezas en forma de derecho. En esta isla había tanta espesura de arboledas, que era maravilla, é tanta diferencia de árboles no conocidos á nadie, que era para espantar, dellos con fruto, dellos con flor, ansí que todo era verde. Allí hallamos un árbol, cuya hoja tenía el mas fino olor de clavos que nunca ví[[95]], y era como laurel, salvo que no era ansí grande; yo ansí pienso que era laurel su especia. Allí había frutas salvaginas de diferentes maderas, de las cuales algunos no muy sabios probaban, y del gusto solamente tocándoles con las lenguas se les hinchaban las caras, y les venían tan grande ardor y dolor que parescían que rabiaban[[96]], los cuales se remediaban con cosas frías. En esta isla no hallamos gente nin señal della, creimos que era despoblada, en la cual estovimos bien dos horas, porque cuando allí llegamos era sobre tarde, é luego otro día de mañana[[97]] partimos para otra isla[[98]] que parescía en bajo de esta que era muy grande, fasta la cual desta que habría siete ú ocho leguas, llegamos á ella hacia la parte de una gran montaña que parescía que quería llegar al cielo[[99]], en medio de la cual montaña estaba un pico mas alto que toda la otra montaña, del cual se vertían á diversas partes muchas aguas, en especial hacia la parte donde íbamos: de tres leguas paresció un golpe de agua tan gordo como un buey, que se despeñaba de tan alto como si cayera del cielo: parescía de tan lejos, que hobo en los navíos muchas apuestas, que unos decían que eran peñas blancas y otros que era agua. Desque llegamos mas á cerca vídose lo cierto, y era la más hermosa cosa del mundo de ver de cuán alto se despeñaba é de tan poco logar nacía tan gran golpe de agua. Luego que llegamos cerca mandó el Almirante á una carabela ligera que fuese costeando á buscar puerto, la cual se adelantó y llegando á la tierra vido unas casas, é con la barca saltó el Capitán en tierra é llegó á las casas, en las cuales halló su gente, y luego que los vieron fueron huyendo, é entró en ellas, donde halló las cosas que ellos tienen, que no habían llevado nada, donde tomó dos papagayos muy grandes y muy diferenciados de cuantos se habían visto. Halló mucho algodón hilado y por hilar, é cosas de sus mantenimiento, é de todo trajo un poco, en especial trajo cuatro ó cinco huesos de brazos é piernas de hombres[[100]]. Luego que aquello vimos sospechamos que aquellas islas eran las de Caribe, que son habitadas de gente que comen carne humana, porque el Almirante por las señas que le habían dado del sitio destas islas, el otro camino, los indios de las islas que antes habían descubierto, había enderezado el camino por descubrirlas[[101]] porque estaban más cerca de España, y también porque por allí se hacía el camino derecho para venir á la Isla Española, donde antes había dejado la gente, á los cuales, por la bondad de Dios y por el buen saber del Almirante, venimos tan derechos como si por camino sabido é seguido viniéramos. Esta Isla es muy grande, y por el lado nos paresció que había de luengo de costa veinte y cinco leguas; fuimos costeando por ella buscando puerto más de dos leguas; por la parte donde íbamos eran montañas muy altas, á la parte que dejamos parescían grandes llanos, á la orilla de la mar había algunos poblados pequeños, é luego que veían las velas huían todos. Andadas dos leguas hallamos puerto y bien tarde. Esa noche acordó el Almirante que á la madrugada saliesen algunos para tomar lengua é saber qué gente era, no embargante la sospecha é los que ya habían visto ir huyendo, que era gente desnuda como la otra que ya el Almirante había visto el otro viaje. Salieron esa madrugada ciertos Capitanes; los unos vinieron á hora de comer é trajeron un mozo de fasta catorce años, á lo que después se sopo, é él dijo que era de los que esta gente tenían cativos. Los otros se dividieron, los unos tomaron un mochacho pequeño, al cual llevaba un hombre por la mano, é por huir lo desamparó. Este enviaron luego con algunos dellos, otros quedaron, é destos unos tomaron ciertas mujeres naturales de la isla, é otras que vinieron de grado, que eran de las cativas. Desta compañía se apartó un Capitán no sabiendo que se había habido lengua con seis hombres, el cual se perdió con los que con él iban, que jamás sopieron tornar, fasta que á cabo de cuatro días toparon con la costa de la mar, é siguiendo por ella tornaron á topar con la flota[[102]]. Ya los teníamos por perdidos é comidos de aquellas gentes que se dicen los Caribes, porque no bastaba razón para creer que eran perdidos de otra manera, porque iban entre ellos pilotos, marineros que por la estrella saben ir é venir hasta España, creíamos que en tan pequeño espacio no se podían perder. Este día primero que allí decendimos andaban por la playa junto con el agua muchos hombres é mujeres mirando la flota, é maravillándose de cosa tan nueva, é llegándose alguna barca á tierra á hablar con ellos, diciéndolos tayno tayno, que quiere decir bueno, esperaban en tanto que no salían del agua, junto con él moran, de manera que cuando ellos querían se podían salvar: en conclusión, que de los hombres ningunos se pudo tomar por fuerza ni por grado, salvo dos que se aseguraron é después los trajeron por fuerza allí. Se tomaron más de veinte mujeres de las cativas, y de su grado se venían otras naturales de la isla, que fueron salteadas é tomadas por fuerza. Ciertos mochachos captivos se vinieron á nosotros huyendo de los naturales de la isla, que los tenían captivos. En este puerto estovimos ocho dias[[103]] á causa de la pérdida del sobredicho Capitán, donde muchas veces salimos á tierra andando por sus moradas é pueblos, que estaban á la costa, donde hallamos infinitos huesos de hombres, é los cascos de las cabezas colgados por las casas á manera de vasijas para tener cosas. Aquí no parescieron muchos hombres; la causa era, según nos dijeron las mujeres, que eran idas diez canoas con gentes á saltear á otras islas. Esta gente nos paresció más pulítica que la que habita en estas otras islas que habemos visto, aunque todos tienen las moradas de paja; pero estos las tienen de mucho mejor hechura, é más proveidas de mantenimientos, é paresce en ellas más industria ansí veril como femenil. Tenían mucho algodón hilado y por hilar, y muchas mantas de algodón tan bien tejidas que no deben nada á las de nuestra patria. Preguntamos á las mujeres, que eran cativas en esta isla, que qué gente era ésta: respondieron que eran Caribes. Después que entendieron que nosotros aborrecíamos tal gente por su mal uso de comer carne de hombres, holgaban mucho, y si de nuevo traían alguna mujer ó hombre de los Caribes, secretamente decían que eran Caribes, que allí donde estaban todos en nuestro poder mostraban temor dellos como gente sojuzgada, y de allí conocimos cuáles eran Caribes de las mujeres é cuales nó, porque las Caribes traían en las piernas en cada una dos argollas tejidas de algodón, la una junto con la rodilla, la otra junto con los tobillos: de manera que les hacen las pantorrillas grandes, é de los sobredichos logares muy ceñidas, que ésto me parecen que tienen ellos por cosa gentil, ansí que por esta diferencia conocemos los unos de los otros[[104]]. La costumbre desta gente de Caribes es bestial: son tres islas, esta se llama TURUQUEIRA[[105]], la otra que primero vimos se llama CEYRE, la tercera se llama AY-AY[[106]]; estos todos son conformidad como si fuesen de un linaje[[107]], los cuales no se hacen mal: unos é otros hacen guerra á todas las otras islas comarcanas, los cuales van por mar ciento é cincuenta leguas á saltar con muchas canoas que tienen, que son unas fustas pequeñas de un solo madero. Sus armas son flechas en lugar de hierros: porque no poseen ningún hierro, ponen unas puntas fechas de huesos de tortugas los unos, otros de otra isla ponen unas espinas de un pez fechas dentadas, que ansí lo son naturalmente, á manera de sierras bien recias, que para gente desarmada, como son todos, es cosa que les puede matar é hacer harto daño; pero para gente de nuestra nación no son armas para mucho temer. Esta gente saltea en las otras islas, que traen las mujeres que pueden haber, en especial mozas y hermosas, las cuales tienen para su servicio, é para tener por mancebas, é traen tantas que en cincuenta casa ellos no parescieron, y de las cativas se vinieron más de veinte mozas. Dicen también estas mujeres que estos usan de una crueldad que paresce cosa increible; que los hijos que en ellas han se los comen, que solamente crían los que han en sus mujeres naturales. Los hombres que pueden haber, los que son vivos llévanselos á sus casas para hacer carnicería dellos, y los que han muertos luego se los comen. Dicen que la carne del hombre es tan buena que no hay tal cosa en el mundo; y bien paresce porque los huesos que en estas casas hallamos todo lo que se puede roer todo lo tenían roido, que no había en ellos sino lo que por su mucha dureza no se podía comer. Allí se halló en una casa cociendo en una olla un pescuezo de un hombre. Los mochachos que cativan córtanlos el miembro, é sírvense dellos fasta que son hombres, y después cuando quieren facer fiesta mátanlos é cómenselos, porque dicen que la carne de los mochachos é de las mojeres no es buena para comer. Destos mochachos se vinieron para nosotros huyendo tres, todos tres cortados sus miembros. É cabo de cuatro días vino el Capitán que se había perdido, de cuya venida estábamos ya bien desesperados, porque ya los habían ido á buscar otras cuadrillas por dos veces, é aquel día vino la una cuadrilla sin saber dellos ciertamente. Holgamos con su venida como si nuevamente se hubieran hallado[[108]]: trajo este Capitán con los que fueron con él diez cabezas entre mochachos y mojeres. Estos ni los otros que los fueron á buscar, nunca hallaron hombres porque se habían huido, ó por ventura que en aquella comarca había pocos hombres, porque según se supo de las mojeres eran idas diez canoas con gentes á saltear á otras islas. Vino él é los que fueron con él tan destrozados del monte, que era lástima de los ver: decían, preguntándoles cómo se habían perdido, dijeron que era la espesura de los árboles tanta que el cielo no podían ver é que algunos dellos, que eran marineros, habían subido por los árboles para mirar el estrella, é que nunca la podieron ver, é que si no toparan con el mar fuera imposible tornar á la flota. Partimos desta isla ocho días después que allí llegamos[[109]]. Luego otro día, á medio día, vimos otra isla[[110]], no muy grande, que estaría desta otras doce leguas; porque el primero día que partimos lo más del día nos fizo calma, fuimos junto con la costa desta isla, é dijeron las indias que llevábamos que no era habitada, que los Caribes la habían despoblado, é por esto no paramos en ella. Luego esa tarde vimos otra[[111]]: á esa noche, cerca desta isla, fallamos unos bajos, por cuyo temor sorgimos[[112]], que no osamos andar fasta que fuese de día. Luego á la mañana paresció otra isla[[113]] harto grande: á ninguna destas nos llegamos por consolar los que habían en la Española, é no plogó á Dios, según que abajo parescerá[[114]]. Otro día á hora de comer llegamos á una isla[[115]] é pareciónos mucho bien, porque parescía muy poblada, según las muchas labranzas que en ella había. Fuimos allá é tomamos puerto en la costa: luego mandó el Almirante ir á tierra una barca guarnecida de gente para si pudiese tomar lengua para saber qué gente era, é también porque habíamos menester informarnos del camino, caso quel Almirante, aunque nunca había fecho aquel camino, iba muy bien encaminado, según en cabo paresció. Pero porque las cosas dubdosas se deben siempre buscar con la mayor certinidad que haberse pueda, quiso haber allí lengua, de la cual gente que iba en la barca ciertas personas saltaron en tierra, é llegaron en tierra á un poblado de donde la gente ya se había escondido. Tomaron allí cinco ó seis mujeres y ciertos mochachos, de las cuales las más eran también de las cativas como en la otra isla[[116]] porque también estos eran de los Caribes, según ya sabíamos por la relación de las mujeres que traíamos. Ya que esta barca se quería tornar á los navíos con su presa que había fecho por parte debajo; por la costa venía una canoa en que venían cuatro hombres é dos mujeres é un mochacho; é desque vieron la flota maravillados se embebecieron tanto que por una grande hora estovieron que no se movieron de un logar casi dos tiros de lombarda de los navíos. En esto fueron vistos de los que estaban en la barca é aun de toda la flota. Luego los de la barca fueron para ellos tan junto con la tierra, que con el embebecimiento que tenían, maravillándose é pensando qué cosa sería, nunca los vieron hasta que estovieron muy cerca dellos, que no les pudieron mucho huir aunque harto trabajaron por ello; pero los nuestros aguijaron con tanta priesa que no se les pudieron ir. Los Caribes desque vieron que el hoir no les aprovechaba, con mucha osadía, pusieron mano á los arcos, también las mujeres como los hombres; é digo con mucha osadía porque ellos no eran más de cuatro hombres y dos mujeres, é los nuestros más de veinte é cinco, de los cuales firieron dos, al uno dieron dos flechazos en los pechos é al otro una por el costado, é si no fuera porque llevaban adargas é tablachutas, é porque los invistieron presto con la barca é les trastornaron su canoa, asaetearan con sus flechas los más dellos. E después de trastornada su canoa quedaron en el agua nadando, é á las veces haciendo pié, que allí había unos bajos, é tovieron harto que hacer en tomarlos, que todavía cuanto podían tiraban, é con todo eso el uno no lo pudieron tomar sino mal herido de una lanzada que murió, el cual trajeron ansí herido fasta los navíos. La diferencia destos á los otros indios en el hábito, es que los de Caribe tienen el cabello muy largo, los otros son tresquilados é fechas cien mil diferencias en las cabezas de cruces é de otras pinturas en diversas maneras, cada uno como se le antoja, lo cual se hacen con cañas agudas. Todos ansí los de Caribe como los otros es gente sin barbas, que por maravilla hallarás hombre que las tenga. Estos Caribes que allí tomaron venían tiznados los ojos é las cejas, lo cual me paresce que hacen por gala, é con aquello parescían más espantables; el uno destos dice que en una isla dellos llamada CAYRE[[117]], que es la primera que vimos, á la cual no llegamos, hay mucho oro; que vayan allá con clavos é contezuelas para hacer sus canoas, é que traerán cuanto oro quisieren[[118]]. Luego aquel día[[119]] partimos desta isla, que no estaríamos allí más de seis ó siete horas, fuimos para otra tierra[[120]] que paresció á ojo que estaba en el camino que habíamos de facer: llegamos noche cerca de ella. Otro día[[121]] de mañana fuimos por la costa della: era muy gran tierra, aunque no era muy continua, que eran más de cuarenta y tantos islones[[122]], tierra muy alta, é la más della pelada, la cual no era ninguna ni es de las que antes ni después habemos visto. Parescía tierra dispuesta para haber en ella metales: á ésta no llegamos para saltar en tierra, salvo una carabela latina llegó á un islon de éstos, en el cual hallaron ciertas casas de pescadores. Las indias que traíamos dijeron que no eran pobladas. Andovimos por esta costa lo más de este día, hasta otro día[[123]] en la tarde que llegamos á vista de otra isla llamada BURENQUEN[[124]], cuya costa corrimos todo un día[[125]]: juzgábase que ternía por aquella banda treinta leguas. Esta isla es muy hermosa y muy fértil á parecer: á ésta vienen los de Caribe á conquistar, de la cual llevan mucha gente; éstos no tienen fustas ningunas nin saben andar por mar[[126]]; pero, según dicen estos Caribes que tomamos, usan arcos como ellos, é si por caso cuando los vienen á saltear los pueden prender también se los comen como los de Caribe á ellos[[127]]. En un puerto[[128]] desta isla estovimos dos días, donde saltó mucha gente en tierra; pero jamás podimos haber lengua, que todos se fuyeron como gente temorizada de los Caribes. Todas estas islas fueron descubiertas deste camino, que fasta aquí ninguna dellas había visto el Almirante el otro viaje, todas son muy hermosas é de muy buena tierra; pero ésta paresció mejor á todos: aquí casi se acabaron las islas que facia la parte de España había dejado de ver el Almirante, aunque tenemos por cosa cierta que hay tierra más de cuarenta leguas antes de estas primeras hasta España, porque dos días que viésemos tierra vimos unas aves que llaman rabihorcados, que son aves de rapiña marinas é no sientan ni duermen sobre el agua, sobre tarde rodeando sobir en alto, é después tiran su vía á buscar tierra para dormir, las cuales no podrían ir á caer según era tarde de doce á quince leguas arriba, y esto era á la man derecha donde veníamos hasta la parte de España; de donde todos juzgaron allí quedar tierra, lo cual no se buscó porque se nos hacía rodeo para la vía que traíamos. Espero que á pocos viajes se hallará. Desta isla sobredicha[[129]] partimos una madrugada, é aquel día, antes que fuese noche, hobimos vista de tierra, la cual tampoco era conocida de ninguno de los que habían venido el otro viaje; pero por las nuevas de las indías que traíamos sospechamos que era LA ESPAÑOLA, en la cual agora estamos[[130]], Entre esta isla y la otra de BURIQUÉN parescía lejos otra[[131]], aunque no era grande. Desque llegamos á esta Española, por el comienzo de ella era tierra baja y muy llana[[132]], del conocimiento de la cual aun estaban todos dubdosos si fuese la que es, porque aquella parte nin el Almirante ni los otros que con él vinieron habían visto, é aquesta isla como es grande es nombrada por provincias, é á esta parte que primero llegamos llaman HAYTÍ[[133]], y luego á la otra provincia junta con esta llaman XAMANÁ, é á la otra BOHÍO, en la cual agora estamos; ansí hay en ellas muchas provincias porque es gran cosa, porque según confirman los que la han visto por la costa de largo, dicen que habrá doscientas leguas[[134]]: á mí me paresce que á lo menos habrá ciento é cincuenta, del ancho de ellas hasta agora no se sabe. Allá es ido cuarenta días ha á rodearla una carabela, la cual no es venida hasta hoy. Es tierra muy singular, donde hay infinitos ríos grandes é sierras grandes é valles grandes rasos, grandes montañas; sospecho que nunca se secan las yerbas en todo el año. Non creo que hay invierno ninguno en ésta nin en las otras, porque por Navidad se fallan muchos nidos de aves, dellas con pájaros, é dellas con huevos. En ella ni en las otras nunca se ha visto animal de cuatro piés, salvo algunos perros de todas colores como en nuestra patria, la hechura como unos gosques grandes[[135]]; de animales salvajes no hay. Otrosí, hay un animal de color de conejo é de su pelo, el grandor de un conejo nuevo, el rabo largo, los piés é manos como de ratón, suben por los árboles, muchos los han comido, dicen que es muy bueno de comer[[136]]; hay culebras muchas no grandes; lagartos aunque no muchos, porque los indios hacen tanta fiesta dellos como haríamos allá con faisanes; son del tamaño de los de allá, salvo que en la hechura son diferentes, aunque en una isleta pequeña[[137]], que está junto con un puerto que llaman MONTE CRISTO, donde estovimos muchos días, vieron muchos días un lagarto muy grande que decían que sería de gordura de un becerro, é atan complido como una lanza, é muchas veces salieron por lo matar, é con la mucha espesura se les metía en la mar, de manera que no se pudo haber dél derecho[[138]].