Aunque Colón en su tercer viaje (1498) exploró las costas de Paria y su extenso golfo, columbrando el Continente americano, la mayor parte de los pilotos de sus naves, que habían anotado diligentemente la marcha de los vientos, recabaron de SS. AA., con la influencia de Fonseca, licencia para hacer descubrimientos á sus expensas, separando el quinto con destino al real Erario. Otorgada la demanda, Alonso de Ojeda, protegido del duque de Medinaceli, preparó una expedición (1498), eligiendo como primer piloto de su empresa á Juan de la Cosa, asociándosele también el florentino Américo Vespucio, que había de tener la gloria, usurpada á Colón, de dar su nombre al nuevo mundo. Juan de la Cosa levantó mapa del derrotero seguido en las costas americanas y su exploración fué más larga que la del gran Navegante[[203]].
El padre Nazario, aludiendo á esta empresa, dice[[204]]:
“No es mi propósito escribir la biografía de Juan de la Cosa.—Ya otros la hicieron con brillantez, aunque no tanta que lograran borrar la mancha que grabaran en la historia del maestro de cartas, la infidencia que lo arrastró á sorprender y copiar los secretos del Almirante, que en él tenía plena confianza, y la traidora explotación de aquellos secretos, puestos por su vanidad y sed de renombre y lucro á disposición de los encarnizados enemigos de su maestro.”
Es injusto este ataque al ilustre cartógrafo y capitán, y la gloria de Colón es tan grande, que no hay necesidad de empequeñecer á sus compañeros para que se destaque la figura del gran marino.
Juan de la Cosa no traicionó al Almirante, ni sorprendió sus secretos; fué su compañero en el primero y segundo viaje, y en la exploración de Cuba, y como hábil maestre de hacer cartas levantó su mapa.
La era de los descubrimientos había sonado y los Monarcas sosteniendo las prerrogativas del Almirante y poniendo freno al espíritu de conquistas y aventuras del pueblo español hubieran ido contra sus propios intereses y los de la Nación; máxime teniendo al lado á Portugal que les disputaba las invenidas tierras, é Inglaterra que había lanzado á Cabot hacia el Océano—no ya mar tenebroso—descubriendo las costas de la América del Norte.
Y respecto á este particular dice un autor dominicano[[205]] que no puede ser tachado de parcial hacia España:
“En los contratos de los Reyes con los particulares, se subentienden ciertas condiciones tácitas, que pertenecen al dominio del derecho general de las naciones. Y si estos convenios tienen algún vicio, ó en su ejecución encuentran un obstáculo invencible no hay duda que no pueden prevalecer contra lo que la realidad exige. En este caso se hallaba el enunciado derecho del primer Descubridor, á excluir á todos los que por una necesidad política fuera indispensable facultar para la toma de posesión del resto de América, ya porque España tuviese que burlar la ambición de otras naciones, ya sea por la oportunidad de adelantarse en descubrimientos importantes detenidos por los sucesos de la Española. Es, pues, preciso convenir en que la Corte pudo remover el obstáculo, conciliando los derechos generales con los particulares, porque ni los Reyes quisieron hacer ilusorios los beneficios que podría alcanzar la nación en el contrato privado con el Almirante, ni éste hubiera alcanzado los derechos reclamados renunciando España á ulteriores conquistas, y he ahí un conflicto que la alta política debía evitar, conservando al primer Descubridor ciertos fueros y preeminencias que le indemnizaran de las pérdidas que pudieran resultarle de no respetarse sus privilegios.”
En poder de Fonseca estaba la carta que Colón había levantado de su tercer viaje[[206]], y ésta le fué facilitada á Ojeda, el protegido del duque de Medinaceli, por el Obispo encargado de los asuntos de Indias. No vemos, pues, justificado el título de TRAIDOR adjudicado por el Pbro. Nazario al célebre cartógrafo Juan de la Cosa.
En esta expedición de Ojeda fué Américo Vespucio, y si este piloto florentino tuvo la gloria de dar su nombre al Nuevo Mundo[[207]] no tuvo la culpa Juan de la Cosa, sino la marcha de los acontecimientos. Y prueba de que los sucesos se precipitaban, es ver para esa época á la escuadra de Portugal recalar á la costa firme de América y tomar Pedro Alvarez Cabral posesión del Brasil, cuando Vicente Yañez Pinzón había atravesado la línea equinoccial y descubierto antes que Cabral esas tierras.