Hemos dicho que Juan de la Cosa acompañó á Colón en el primer viaje como dueño de la nao Santa María. En el mapa están las tierras descubiertas en esta empresa, GUANAHANÍ, la primera al oriente, por ser la SAN SALVADOR del Almirante. No tiene ninguna banderola con castillos y leones, por la misma razón que no la tiene Cuba, en el puerto de San Salvador, ni la Española en Navidad é Isabela, ni Domínica, ni Marigalante, etc. Estas banderolas están puestas en distintas tierras sin marcar puntos de desembarco. En Cuba está colocada precisamente en la región inexplorada.

En el segundo viaje de don Cristóbal Colón venía Juan de la Cosa en la carabela Niña, como Maestre de hacer cartas. En el interesante mapa están trazadas las islas avistadas y visitadas por los viajeros: la Deseada, Domínica, Santa María Galante, Santa María de Guadalupe, Santa María de Monserrat, San Martín, la Gorda, San Cristóbal, Santa Cruz, Boriquén y la Española. Vése por la investigación de este viaje, que Colón visitó á Santa Cruz, negado por el padre Nazario[[213]], y que Puerto-Rico se llamaba BORIQUÉN y no CARIB. Además, al trazar el entendido cartógrafo la isla de Puerto-Rico, delineó con perfección—y es lo más exacto que hay en la configuración que le da á la isla—el último ángulo de occidente, que comprende hoy los puertos de Aguada y Aguadilla. Llama la atención, sobre manera, esa exactitud del dibujo en lo que corresponde á la bahía limitada por los cabos San Francisco y Boriquén. La costa norte de Puerto-Rico está trazada de imaginación, es defectuosísima, y ha sido delineada calculando la acción violenta de los mares del septentrión, que siempre hacen grandes cortaduras en las costas nortes. Como el crucero recorrió la banda meridional, bien retirado de tierra[[214]] por temor á las restingas y escollos, el piloto de la NIÑA, al terminar la jornada del día 17 de Noviembre, en cuyo día corrieron 30 leguas por aquella costa, le consagra una línea, pudiendo trazar el día 18 la parte occidental de Boriquén; y sobre todo, con mayor perfección, el último ángulo de occidente, donde permaneció la armada dos días.

Entre Boriquén y la Española no traza Juan de la Cosa ninguna isla; por lo que nos inclinamos á creer que los viajeros no vieron la Mona. La islilla que llamó la atención del doctor Chanca fué indudablemente CICHEO, hoy Desecheo. Fernando Colón tampoco menciona la Mona al referir este viaje del Almirante. D. Martín Fernández de Navarrete, al anotar la Relación de Diego Alvarez Chanca, es quien pone, por vez primera, en una llamada á la isla MONA como la divisada. Error acogido por don José Julián de Acosta al glosar la obra de Fray Iñigo Abbad, y seguido después por Vizcarrondo, Janer y otros al redactar sus Epítomes de Geografía de Puerto-Rico.

Al partir la armada el 22 de noviembre, por la mañana, con rumbo al noroeste, en demanda de la Española, la islilla divisada fué de tan escasa importancia, y llamó tan poco la atención, que el hábil Maestre de hacer cartas no juzgó necesario delinearla en su mapa. Y téngase en cuenta que el cartógrafo traza la DESEADA, avistada únicamente, y delinea dos isletas frente á SANTA CRUZ, como cerrando el paso al norte.

Basta una ojeada al mapa de Juan de la Cosa para ver palpablemente, que el crucero se corrió al norte de la Española, ruta negada por el párroco de Guayanilla[[215]]. Toda la costa septentrional está anotada en el mapa, sobresaliendo los conocidos nombres de SAMANÁ é ISABELA.

En la carta náutica de Juan de la Cosa está también el viaje del Almirante, cuando fué en demanda de Cuba. Sabemos, por la historia, que Colón, una vez constituida la incipiente colonia en la Isabela, entregó el mando á su hermano don Diego, y en una escuadrilla, formada de la NIÑA, la SAN JUAN y la CARDERA costeó la parte boreal de la Española, vía recta á Monte Christi[[216]] y al lugar que ocupó el fuerte de Navidad[[217]]; de allí siguió hasta la isla Tortuga[[218]]; luego volvió á tocar en la Española[[219]], pasando á Cuba, cuya tierra avistada llamó ALFA. Los indios llamaban aquel sitio BAITIQUIRÍ, y hoy tiene el nombre, también indio, de MAISÍ[[220]]. Navegó 20 leguas el crucero, costeando el sur de la isla de Cuba, y reconoció la gran bahía de Guantánamo, donde los indígenas agasajaron á los viajeros con pescado, iguanas, hutías y casabe. Diego, el indio de Guanahaní, hizo de intérprete. Prosiguió el Almirante su derrotero, y el 3 de Mayo (1494) modificó el rumbo hacia el sur descubriendo la isla de Jamaica. Corrió la costa[[221]] y fué el crucero á un puerto, que el Almirante llamó PUERTO BUENO[[222]]. El 14 de Mayo hizo rumbo de nuevo á Cuba, resuelto el marino genovés á navegar quinientas ó seiscientas leguas adentro á ver si era tierra firme. Llegó á un cabo, que denominó CABO DE LA CRUZ[[223]]; hubo tronadas, y el crucero tuvo que evitar innumerables isletas[[224]] y bajos. Siguió navegando hacia Occidente, siempre evitando las islillas y restingas, y después de recorridas 335 leguas se detuvo en la isla de Pinos, la cual Colón llamó SAN JUAN EVANGELISTA[[225]]. Retornó el Almirante, levantando por fin aquella Información en que opinaba, y hacía opinar á la tripulación de las tres carabelas, que la isla de Cuba era tierra firme. En el mapa de Juan de la Cosa se ve terminar al cartógrafo su dibujo sin trazar el resto de la isla de Cuba[[226]], y dejando marcadas en aquellos sitios un sin número de islillas é islas, diseminadas en el mar[[227]]. A la vez coloca, en el lado opuesto á la región de Cuba explorada, una banderola castellana como señal de dominación sobre aquellas tierras. Volviendo atrás el crucero, tocó de nuevo en cabo Cruz, donde se dijo una misa solemne bajo un árbol. De cabo de la Cruz, por no tener vientos favorables, volvió la escuadrilla á Jamaica, y de aquí á cabo Tiburón de la Española, que llamó el Almirante, cabo de San Miguel[[228]]. No conoció Colón el sitio á que había arribado, hasta que los indios le sacaron de dudas, llamándole un cacique por su nombre. Entonces empezó el Almirante á costear, por primera vez, el sur de la Española. A fines de Agosto surgió la NIÑA en una isla, que llamó Colón ALTOVELO[[229]], y allí esperó á las otras dos carabelas. Reunidas las tres naves fueron á otra isla[[230]], y costeando de nuevo la banda meridional de la Española pasaron por delante de la boca del río Neyba[[231]] avistando un llano amenísimo lleno de caseríos tan contiguos, que por espacio de una legua parecía un solo pueblo. Envió Colón correos á la Isabela dando cuenta de su llegada, y prosiguió su derrotero llegando al antiguo cacicazgo del HIGÜEY, donde le impidieron los indios de CAYACOA hacer aguada. Este espíritu guerrero encontrado en esta comarca marítima se explica por su inmediación á la isla ADAMANAY (Saona), ya en poder de los terribles caribes. Al llegar á este punto, las fuerzas físicas del gran marino genovés estaban agotadas; las carabelas permanecieron seis días resguardadas á la entrada[[232]] del canal de Saona por el mal tiempo que hacía; y habiéndose agravado la enfermedad del Almirante, hizo rumbo la escuadrilla á la Isabela. Si el Almirante hubiera en su segundo viaje recorrido la Española por el sur para ir al fuerte de Navidad, como pretende el padre Nazario[[233]], al llegar al cabo Tiburón, á su regreso de Cuba y Jamaica, hubiera conocido inmediatamente aquella costa, y no sucedió tal cosa, sino que necesitó oírse llamar[[234]] por los indígenas para cerciorarse que había arribado á la Española. Además, después del largo viaje efectuado, se hubiera Colón dirigido inmediatamente á la Isabela, no volviendo á costear la parte sur ya conocida, y vemos todo lo contrario, que enfermo y rendido prosigue el bojeo de la banda meridional de la Española para explorarla personalmente, pues sabía únicamente que era una isla por haber enviado antes una carabela á voltearla.

No es apócrifa.

Ni una sola vez nombra el presbítero Nazario la carta náutica de Juan de la Cosa al ocuparse, en su libro[[235]], del segundo viaje de don Cristóbal Colón; lo cual apareja suma extrañeza, si consideramos que el párroco de Guayanilla manifiesta especial predilección hacia Diego Alvarez Chanca, PRECISAMENTE por haber sido uno de los viajeros expedicionarios, que acompañaron al intrépido marino genovés en el bojeo de la armada por el archipiélago antillano.

Juan de la Cosa fué compañero de Colón en el primero y segundo viaje, y cuando fundada la ciudad de Isabela fué el Almirante en demanda de Cuba[[236]]. Nosotros, en carta publicada en el periódico LA CORRESPONDENCIA[[237]] hicimos mención del célebre capitán y cartógrafo, dispuestos á utilizar, como dijimos, el mapa del compañero del gran Ligur para dilucidar el punto, que se discutía, de cuál fuera el fondeadero electo por el Descubridor al arribar á las costas de Boriquén; y también desvanecer con esta interesantísima carta de marear algunos de los errores sostenidos por el presbítero don José María Nazario y Cansel.

En el artículo intitulado[[238]]: “El mapa mundi de Juan de la Cosa” se ocupa recientemente el padre Nazario de este mapa, para manifestar que,