Los holandeses son muy amigos en su lengua de reemplazar la C y la Q por la K[[266]] y los suecos tienden hoy día á este cambio. Los polacos acostumbran á usar una K, muy ruda, delante de A en algunas palabras y son muy dados á usar dobles consonantes. Los árabes, tan dados á los signos de aspiración tienen una K que representa una mezcla de inspiración muy ronca y particular, una K gutural; y también tienen otro sonido que corresponde á una K muy fuerte[[267]]; pero Colón nos dice gráficamente, que el habla de nuestros indios era la más dulce del mundo y mansa, y siempre con risa. Y este parecer si lo diera un hombre del norte de Europa, de áspero parlar en guturales sonidos, podría pasar por cortesía del gran Navegante con los que le habían ayudado á salvar los restos del naufragio de la SANTA MARÍA, pero lo emite nada menos que un genovés, poseedor de los dulces y melodiosos acentos del Lacio.

Para cerciorarnos de la veracidad del Almirante, al justipreciar la dulzura del lenguaje de nuestros indios, comparemos algunos vocablos indo-antillanos con los de otras lenguas americanas, la mexicana, por ejemplo, y notaremos la suavidad de las palabras de nuestros indígenas.

Hé ahí los nombres de algunas islas del Archipiélago antillano, tomados al azar: Boriquén, Cuba, Quisqueya, Haití, Biminí, Ay-ay, Guanahaní, Yumá, Mayaguaná, Bieque, Sibuqueira, Siquéo, Xaymaca, Cayrí, Yumay, Yucayo, Guanaja, Ocamaniro, Matininó, Babeque, Guanabo, etc.

Y en el mapa del Anahuac, tales como eran los nombres en 1521 (Duvotenay, geógrafo), también leemos al azar: Mechoacan, Zacatallan, Cuitlatecapan, Matlatzingo, Cohuixco, Coatzacualco, Zatonacapan, Tlatlauhquitepec etc. Como los mexicanos no pronunciaban las letras b, g, r, s, se veían precisados á usar mucho de las letras p, c, l, x, y, t.

De manera, pues, que ni la ETIMOLOGÍA ú origen, ni la necesidad de PRONUNCIACIÓN, ni el USO autorizado por los cronistas informan en favor del vocablo BURIKEM ó BURINKEM, con el cual pretende el señor don José de Jesús Domínguez sustituir á la palabra BORIQUÉN, usada por una mayoría respetable de cronistas, cartógrafos é historiadores.

Qué significa Boriquén?

No existe nada en la naturaleza que tenga más vida que las palabras, y para llegar á poseer tal vitalidad ha debido el lenguaje estar en un estado de fluctuación ó indecisión hasta llegar á constituir un verdadero organismo. Hoy podemos admirar la diversidad que hay, en el modo de expresarse por medio de las palabras, entre unos y otros pueblos; pero con un detenido exámen se pueden señalar los jalones de una marcha evolutiva, llegando hasta encontrar las tres grandes divisiones del lenguaje: monosilabismo, aglutinación y flexión.

Los sabios están unánimes en admitir que la construcción del lenguaje ha principiado por la génesis de las raíces. Dice Max Müller[[268]]: “Si el sánscrito, el hebreo ó el griego no hubiesen atravesado la aglutinación ó capa aglutinativa, si no hubieran atravesado un período como el chino, aislado ó monosilábico, su forma actual sería un milagro.” El monosilabismo, pues, ha sido el primer medio que los hombres han tenido para comunicarse sus afectos, sus necesidades y sus ideas, prescindiendo de la mímica y de la onomatopeya; de aquí han pasado por una evolución secular de grados diferentes á la aglutinación; y por fin, han alcanzado algunos pueblos por medio de la compenetración y las tendencias flexivas, la forma más perfecta del lenguaje.

Es, por lo tanto, una cosa reconocida en el progreso de la lingüística, que la raíz ha tenido que existir por sí misma antes de llegar á la aglutinación y á la flexión.

En el estudio de las raíces de las lenguas indo-jaféticas es un auxiliar poderosísimo el zend y el sánscrito, manantiales fecundos donde el investigador filólogo sacia la sed que le devora; pues no conforme la Filología con darnos á conocer el hebreo, el griego y el latín asciende en busca de progenie más antigua. Las investigaciones interesantísimas de Grimm sobre las lenguas germánicas, y los trabajos de Bott y otros filólogos sobre las lenguas indo-europeas constituyen la escala de Jacob para la Filología comparada, pudiendo considerar esos estudios como fuente regeneradora de la Historia antigua[[269]]. Pero en las investigaciones del lenguaje indo-antillano, todo es tinieblas; no nos queda un dialecto siquiera, que pueda servir de apoyo para verificar nuestros estudios; únicamente, palabras sueltas, ya designando un árbol, una comarca ó un río, ya el nombre de un cacique, ya alguna que otra palabra recogida por los cronistas de la época de la colonización.