Estas palabras, que quedan al azar en la roca, en el arbusto y en el cronicón son aún verdaderas margaritas. Las hemos recogido, con asiduidad, no para reconstruir un lenguaje, lo cual es imposible, sino para propia satisfacción en nuestros estudios filológicos; tratando de averiguar sus raíces, sus temas y desinencias, para fijar sus etimologías, porque el estudio de los elementos de una voz es el estudio de la formación de la palabra. Y como dice muy bien el docto catedrático del Instituto don Enrique Alvarez Pérez en la gramática española que está editando[[270]]: “El filólogo, como el naturalista, analiza los distintos elementos que constituyen el organismo de la palabra; estudia las diversas fases que presenta en su desenvolvimiento; y compara las analogías y diferencias que tiene con otras del mismo idioma ó de los congéneres.”

En la carta de Cristóbal Colón escrita en el mar cuando regresaba del primer viaje, y enviada desde Lisboa, en Marzo de 1493, á Barcelona, donde se encontraban los Reyes Católicos[[271]], se lee:

“En todas estas islas non vide mucha diversidad en la fechura de la gente, nin en las costumbres, nin en la lengua, salvo que todos se entienden que es cosa muy singular.”

Dice el Almirante en su Diario de navegación:

Lunes 12 de Noviembre.—“... y también estas mujeres mucho enseñarían á los nuestros su lengua, la cual es toda una en todas estas islas de India y todos se entienden y todas las andan en sus almadías.”

Además de un lenguaje indo-antillano, conocido en todo el archipiélago[[272]], ocupado por los indios procedentes de la Florida, había sus dialectos en algunas islas[[273]], nacidos de la peregrinación de las palabras, y de la evolución en el continuo fermento en que se hallaban, principalmente en un idioma, como el indo-antillano, que no había llegado á la cristalización fonética[[274]].

Algunos hay que opinan que la lengua MAYA, ó primitiva del Yucatán, tuviese sus afinidades con la que se hablara en Cuba, especialmente en la parte occidental de la isla, tan cercana á la península yucateca. Indudablemente había diferencia de dialecto en la región del oeste de Cuba; pues el intérprete Diego, que acompañaba á Colón, cuando viajaba cerca de BATABANÓ ó MAYABEQUE, no fué comprendido de los indígenas, y sí por los indios de Vueltarriba. Pero el lenguaje SIBONEY, ó de los indios de Cuba, era un dialecto con ligeras diferencias de la lengua general indo-antillana.

Ahora bien, ciñéndonos á la palabra BORIQUÉN, cuya etimología queremos estudiar, tenemos, que existen en ese vocablo tres raíces aglutinadas: bo-ri-quen.

La inicial BO[[275]] equivale á GRANDE, SEÑOR[[276]]. Y la encontramos con este valor en las palabras indígenas:

Caona-bó Señor del oro. Llamado así este régulo por hallarse en su cacicazgo las minas auríferas del Cibao. Bo-hechio Señor de gran territorio. Nombre asignado al anciano cacique de Jaragua. Bo-jío Territorio del señor. Denominación adjudicada á la parte septentrional de Santo Domingo. También tenía este nombre el rancho do se guarecía el indio con su familia. Por antonomasia, la propiedad de un hombre jefe. Bo-yá Gran lugar en el cacicazgo de Higiiey. Bo-cú Gran río de Santo Domingo. Bo-hití El sacerdote entre los haitianos. Bo-niata Comida del señor. Bo-siba Piedra grande. Jo-bo-baba Cueva del Señor. Los indios suponían que de esta gruta habían salido el Sol y la Luna. Radicaba en tierras del cacique Maniatibex. Bo-nao Lugar montañoso del señor. Valle montañoso de S. Domingo donde Roldán y Riquelme se alzaron en armas contra el Almirante. Jo-bo Gran árbol. Los indios referían á Fray Román Pane, que habiendo ido unos hombres á pescar les cogió el sol y les convirtió en jobos; explicando de este modo la formación de los árboles. Bo-iní-ael El hijo del señor del agua. Este era el nombre de un zemí de piedra, al cual tenían los indios en Haití gran veneración, y cuando no llovía iban á visitarle. (Fray Román Pane). Na-bo-rí Cosa del valiente señor. Llevando la idea de SIERVO, porque el primer indio que reconoció al Dios de los cristianos, según refiere Fray Román Pane, dijo al morir: DIOS NABORÍ DACHA, que quiere decir YO SOY SIERVO DE DIOS.