Basta echar una ojeada por un diccionario marítimo[[309]] para convencerse de lo fácil que es usar indistintamente algunos de estos vocablos, muchas veces casi sinónimos, y lo ilógico por ende de exigir el rigorismo técnico, aun en los mismos papeles del gran marino genovés, cuando tales surgideros eran visitados por la armada por vez primera, y eran múltiples las atenciones del Almirante, que conducía por mares desconocidos una gran flota con un nutrido cuerpo de colonización, para detenerse á consignar en el cuaderno de bitácora, con exactitud náutica, el vocablo que le correspondía al inexplorado fondeadero, careciendo, además, de los datos geográficos necesarios para precisar la roturación de los anclajes.

Aguada y Aguadilla.

Estos pueblos están asentados en la comarca marítima, que forma la bella herradura comprendida EN EL ÚLTIMO ÁNGULO OCCIDENTAL de Puerto-Rico. Y consideramos esta región como la correspondiente á la frase usada por Pedro Mártir de Anglería, y dictada indudablemente por el hábil piloto Antonio de Torres, porque sin recorrer TODA la banda occidental de la isla no hubiera podido el precavido marino usar el calificativo de ser el ÚLTIMO ÁNGULO de la costa del oeste. Aseveración comprobada después por los geógrafos[[310]], aunque ya para aquella época también, en la carta de marear de Juan de la Cosa se percibe marcado ese ángulo occidental con bastante exactitud. Por otra parte, el piloto Torres, que asesoró á Mártir de Anglería, volvió, al retornar á España con las doce naves, á recorrer el derrotero traído por Colón en su segunda empresa; y por mucho tiempo se estuvo usando esta vía al navegar por el mar de las Antillas.

Causa extrañeza á los contendientes opositores á nuestra opinión, que el Almirante, dirigiendo su armada por la costa meridional de Boriquén, recorriese además, toda la banda del oeste de la misma isla. Y por eso, pregunta el padre Nazario: “¿á qué había de ir Colón á la costa occidental de San Juan?”[[311]] Hay que tener en cuenta, que al iniciar el gran Navegante el bojeo de las Antillas en Dominica, el rumbo preferido, en general, fué en dirección noroeste; pero siempre que algún accidente le obligaba á una caída de sotavento rectificaba después su derrotero, cogiendo primero el rumbo franco al norte para volver luégo á fijarlo al noroeste. Así le vemos llevarlo á efecto, especialmente, cuando la arribada forzosa á Santa Cruz, yendo á recalar á Virgen Gorda. Por lo tanto, habiéndole obligado el archipiélago Las Vírgenes á derribar al suroeste, y terminada la dificultad al voltejear los Morillos de Cabo-rojo, lógico era, siguiendo la marcha establecida, corrigiese el rumbo navegando al norte, y después avistado el cabo de San Francisco y singlando el crucero por mares tranquilas, y necesitando agua para su numerosa flota de colonización[[312]], se acercara á tierra y echara el ancla en una bahía, cuyo aspecto le convidaba y retenía con encantadores atractivos.

Estudiando este punto del viaje del Almirante, dice acertadamente el general de Marina don Patricio Montojo:[[313]]

“Después de haberse aguantado al pairo ó con poca vela, durante la noche del 17—fiel á las precauciones que entonces, más que ahora, debía tomar un experimentado marino cerca de tierra desconocida—fué Colón voltejeando todo el día 18 y, bien entrado el 19 de noviembre, montó la punta de San Francisco para fondear en las inmediaciones del Culebrinas, donde hizo su aguada.”

Razonando el “Diario Popular,” de Mayagüez[[314]] sobre la frase de Pedro Mártir de Anglería, respecto á que la armada de Cristóbal Colón dió anclaje en el ÚLTIMO ÁNGULO OCCIDENTAL de Puerto-Rico, dice:

“Este, realmente, sería el único argumento sólido que podría presentarse en favor de Aguada, si las palabras de Pedro Mártir estuviesen consignadas en la carta del doctor Chanca, testigo presencial de los hechos que se relatan. Pero la indicación de aquel escritor no está confirmada por ninguno de los que después se han ocupado de las cosas de América, único modo como podrían tener apariencia de validez á los ojos de la crítica imparcial.”

Esta concesión del escritor de la ciudad del oeste queda satisfecha, en lo que pide en el último extremo del párrafo citado, con una simple ojeada á la carta náutica de Juan de la Cosa; admirando, desde luego, en la figurilla delineada que corresponde á Boriquén, aquel último ángulo occidental, algo exagerado por el cartógrafo en la latitud con relación á punta de Aguilas; pero digno de admiración por lo bien que se destaca la amplia rada en tan pequeño grabado. La Cosa trazó con mano hábil, y por vez primera, y en miniatura, la herradura que hemos dicho limitan los cabos San Francisco y Boriquén, y en cuyas costas radican las poblaciones de Aguada y Aguadilla.

Sin embargo, no basta lo expuesto, que justifica ya, como una verdad incontrovertible, la tesis que sustentamos, á pesar de la frase de William Prescott, en que asevera, que los que no se han ocupado nunca en investigaciones históricas apenas pueden formarse idea de lo débiles que son los fundamentos sobre los cuales es necesario construir la mayor parte de las narraciones. En derrota, pues, los adversarios, han querido atrincherarse en la duda, presentando la objeción, de cuál sería ese último ángulo occidental de Puerto-Rico, á que se refiere Pedro Mártir de Anglería en sus Décadas.