Hemos transcrito íntegro este documento por muchas razones. Primeramente, nos comprueba la existencia de los Aruacas en el interior y en las costas de Venezuela, luego, junto á ellos aparecen los Caribes, disputándoles los territorios y las márgenes del Orinoco y las de sus afluentes. Las tribus Aruacas, sin gran enlace entre sí, sin confederación alguna, solían coger el nombre del jefe guerrero que las comandaba, ó el de cualquier otro cacique anterior, ya muerto, pero conservado su nombre y culto por Totemismo; y de este modo vemos que surgen en la historia de Venezuela y Colombia un sinnúmero de pueblos indígenas con distintas denominaciones, todos ellos guaitiaos, es decir, amigos de los conquistadores; teniendo la generalidad iguales usos y costumbres, comerciando con las mismas cosas que los naturales de las islas, como dice Colón y hemos anotado anteriormente, entendiéndose bien con los intérpretes quisqueyanos y boriqueños y á la vez siendo enemigos mortales de los Caribes.[[115]]

Nosotros opinamos, que todo el suelo de Venezuela y Colombia estuvo ocupado, con anterioridad al período colombino, por las tribus Aruacas, cuyos dominios se extendieron hacia el Amazonas, por un lado, y hacia el istmo de Panamá por el otro, hasta el lago Managua; y que este pueblo indígena fué rudamente combatido por las tribus Caribes, que poco á poco, con sus terribles hordas guerreras, venidas de las márgenes del Amazonas, iban anexionándose los territorios que violentamente arrancaban á los Aruacas.

Lo ocurrido en el Archipiélago antillano á la venida del Descubridor europeo, (de ocupar ya los Caribes parte de las islas), había sucedido también en determinadas comarcas del Continente meridional. Al ponerse en contacto los conquistadores con los indios de Tierra Firme los clasificaron primero en pacíficos y guerreros, usando el vocablo guaitiao para designar al Aruaca y dejando el de Caribe para el batallador. Luego, cuando unos y otros se pusieron en abierta oposición á los españoles se originó la dificultad de diferenciarles. Según fué avanzando la conquista en Tierra Firme, los españoles usaron el sistema de aplicar á las tribus Aruacas y lo mismo á las Caribes, el nombre del cacique principal que las dirigía en el combate, ó averiguaban la designación particular que ellas se daban, ó les aplicaban caprichosamente un mote cualquiera.[[116]]

El cronista Oviedo ya hizo una observación sobre esta costumbre, anotando, que los cosmógrafos mudaban los nombres en las cartas de navegar, poniendo los que los navegantes les decían; y que cada día quitaban y ponían nuevos nombres, al sabor de temerarios, lo que ponía confusión en todo. Lo que sucedía con las costas, pasaba con las regiones del interior. Tantos epítetos, aplicados á los indígenas de Venezuela y Colombia, originó gran dificultad para precisar los puntos ocupados por los Aruacas. Pero, la Filología nos da la luz necesaria en este caso, como nos la ha dado en otros, para determinar con exactitud hasta donde se extendió el poderío de las tribus Aruacas. En el capítulo dedicado al lenguaje indo-antillano nos ocuparemos de esta otra prueba que tenemos á favor de la tesis desarrollada en este capítulo con documentación histórica fehaciente.

CAPITULO VI.

El tipo indio boriqueño.—La indígena.—El indiezuelo.—Error de Iñigo Abbad.—Facultades mentales del aborigen.—La vida en tribu ó clan.—Gobierno paternal.—El cacique ó jefe supremo de la tribu.—El bohique ó curandero augur.—El nitayno ó sub-jefe.—Tres categorías en los jefes.—El naborí, especie de vasallo pechero.—La aldehuela.—El aduar Guaynía, del cacique Agüeybana, radicaba al Sur de Boriquén.—Fué primero del pacífico Agüeybana, el cacique principal de la Isla y luego de su hermano el valiente Guaybana.—Los poblejos indios ó yucayeques.—Las rancherías Guaynía (de Agüeybana), Aymaco (de Aymamón), Yagüeca (de Urayoán), Guajataca (de Mabodamaca), Abacoa (de Arasibo), Otoao (de Guarionex), Sibuco (de Guacabo), Toa (de Aramaná), Guaynabo (de Mabó), Bayamón (de Majagua), Haymanio (de la cacica Yuisa), Cayniabón (de Canóbana), Turabo (de Caguax), Guayaney (de Guaraca), Guayama (de Guamaní), Jatibonicu (de Orocobix), Macao (de Jumacao) y Daguao (de Yuquibo).—El caney ó casa del cacique.—El fuego.—El boriqueño más adelantado que el nativo de las islas Marianas.—La poligamia.—La compra de la mujer.—El colesibí y el guanín como dote.—Ninguna ceremonia religiosa.—El matriarcado, para heredar.—Guaybana heredó á Agüeybana, su hermano, y no los hijos de éste.—El boriqueño no era adúltero.—Las ablusiones.—El tatuaje.—El achiote ó bija.—La jagua.—El boriqueño no practicaba el hurto.—Respeto á la propiedad en los primeros tiempos de la colonización.—Alimentación del indígena.—Sus bebidas.—Uso del tabaco.—Desconocimiento de la sal para adobar su comida.—Estadios públicos.—Juegos de pelota.—Bato y Batey.—El baile.—Enfermedades y cuidados del curandero.—El ben purgativo ó tautúa.—El agua fría y el masaje.—Por qué aceptamos en el boriqueño un estado político-social-religioso.

El indígena boriqueño era de estatura regular, de menor talla que el español, bien formado y de buen aspecto; el tronco desenvuelto y las manos y pies pequeños. La piel de color canela[[117]], pero tirando al amarillo oliváceo, como si dijéramos bronceado, que hizo á Cristóbal Colón llamarle, de la color de los canarios[[118]]; al cronista Oviedo decir, que era loro y á Las Casas anotarle de color moreno. El cráneo no muy redondo, sub-braquicéfalo, tendente á mesaticéfalo[[119]]; la cara grande, cameprosópica[[120]] y ancha; la frente fugitiva, inclinada hacia atrás; la boca con labios gruesos, sin ser negroides, y la comisura labial alta, dando así á la fisonomía aspecto bondadoso; la mandíbula algo pronunciada, prognática[[121]]; los ojos negros, más bien grandes que pequeños, megasemes[[122]], separados, y la oblicuidad palpebral ligeramente determinada; turbia la esclerótica; la nariz corta, estrecha, leptorrina[[123]]; recta y con las ventanas dilatadas. La cabellera negra, abundosa y crinada. Barbilampiño. Solía deformarse el cráneo, apretando con vendas de algodón la cabeza de los recien nacidos.[[124]] Tenía los cinco sentidos corporales muy bien templados, con esquisito desarrollo de la vista y tacto. Era muy parco en su alimentación. Predominaba en él el espíritu de bondad, siendo muy poco afecto al rencor y la venganza. A pesar de su mansedumbre y delicada complexión era resistente y varonil. Fué buen flechero, y cuando la colonización, cargaba tres y cuatro arrobas de peso[[125]] y las llevaba en luengas caminatas, cantando y riendo con sus compañeros de fagina.

La india boriqueña era agraciada y guapa hembra. Los caribes de las islas de Barlovento, cuando ejercían sus depredaciones sobre el Boriquén, se proveían de ellas para convertirlas en sus mujeres. Por eso extrañó tanto al misionero francés Fray Raymundo Breton encontrar en las islas Domínica y Guadalupe, que los indios hablaban un lenguaje y las indias otro. Estas indias eran boriqueñas. Cuando Colón tocó en su segundo viaje, en la isla de Guadalupe, recogió á bordo algunas indígenas, que á nado se fueron á las carabelas, y resultaron ser boriqueñas.[[126]] La historia quisqueyana nos habla de la hermosura de la cacica Anacaona y de los novelescos amores de su hija Higüemota con el pulido español Güevara; y también de las hermosas doncellas indígenas de la tribu de Bojekio, el célebre cacique haytiano. Las Casas nos refiere, que conoció en La Española (en la Vega y Santiago) indias casadas con españoles, que eran de mirable hermosura y cuasi blancas, como mujeres de Castilla.[[127]] Era la boriqueña muy fecunda[[128]]; siendo bien conformada, y de fáciles partos.[[129]]

Los niños eran de buena índole, graciosos y vivarachos; y muy dóciles á las enseñanzas de los frailes. Algunos tenían el cabello tirando á castaño, indicio de algún lejano cruzamiento ó mestizaje.