Y respecto á civilización, nosotros opinamos, que desde el momento en que el hombre empezó á trabajar el silex para procurarse armas y utensilios, rompió la cadena que le ataba á la vida nivelada de los demás animales y comenzó para él la civilización, lenta y trabajosa, pero progresiva, que ha llevado á la humanidad al estado actual de cultura y civismo.

CAPITULO VII.

El indo-antillano tenía religión.—Los tres frailes Pane, El Bermejo y Tisím.—Dos grandes agrupaciones de cultos religiosos: el animismo difuso y el condensado.—¿Qué culto correspondía al indígena boriqueño?—Sitio religioso del indo-antillano en el animismo difuso.—Amuletos ó dioses penates.—Los zemis.—El totemismo.—Zoolatría.—Fitolatría.—Antropomorfismo.—Idolos para proteger las sementeras, obtener la lluvia, facilitar los partos, conseguir caza, pesca y ayuda en los combates.—El espíritu benéfico morador de Luquillo.—Yucajú, convertido en Yukiyu, dios bienhechor de Boriquén.—Los dioses penates, ó zemis, eran irradiaciones de Yucajú.—El espíritu maléfico de Boriquén venía de fuera.—Juracán.—Los fantasmas nocturnos, ó maboyas, eran irradiaciones de Juracán.—Los adoratorios.—El bohique ó augur curandero.—Ofrendas.—El cojoba.—Consejo de jefes y toma del cojibá.—Stahl niega religión á los boriqueños.—García les concede astrolatría á los haytianos.—Parecer de Colón, Mártir de Anglería, Pane, Las Casas y Oviedo respecto á la astrolatría indo-antillana.—Nuestra opinión.—Nebulosa concepción de ultratumba entre nuestros aborígenes.—Idea del bien y del mal.—No podían comprender en su estado neolítico, ó de la piedra pulimentada, la unidad absoluta de Dios.

El indio boriqueño rendía culto á la Divinidad en las rudimentarias formas de un pueblo neolítico. Las ideas religiosas de los pueblos primitivos vienen á ser á las ideas religiosas modernas lo que la alquimia á la química y la astrología á la astronomía. No podemos, por ende, exigir al indígena boriqueño una religión á la moderna. Entonces, les negaríamos el culto religioso y les llamariamos ateos, como calificaban los griegos á los primeros cristianos. La fe del hombre salvaje en un poder sobrenatural es el alborear del sentimiento religioso bajo la honda impresión de un miedo cerval á lo Desconocido. La ignorancia supina de las leyes físicoquímicas, que rigen el cosmos, le sugestiona de contínuo ante cualquier fenómeno de la naturaleza, del cual no puede darse explicación alguna. En este sentido el salvaje está al nivel del niño; es pueril en sus concepciones.

Hubo tres frailes que se dedicaron al principio del Descubrimiento de las Indias al estudio de las ideas religiosas de los indios. Fray Román Pane, que vino con Cristóbal Colón en el segundo viaje, y á quien el Almirante encargó inquiriese lo más que pudiera saber de los ritos y religión de los haytianos; por lo que Fray Román dejó el Macorix abajo, donde vivía y se marchó á Maguá, el cacicazgo del valiente Guarionex, quien tenía á sus órdenes veinte y un nitaynos ó caciques subalternos, que gobernaban los territorios de Batey, Sabanacóa, Corojay, Cotuí, Cibao, Ciguay, Tuna, Guaybamoca, Goacoa, Janique, Marien, Maymón, Majagua, Macorix arriba, Moca, Mayonix, Maguey, Manicú, Samaná, Yaguax y Yaguahayucú. Entre la gente de estos sitios de La Española fué que el decidido eremita benedictino hizo sus investigaciones religiosas. Su trabajo lo tituló Creencia é idolatría de los indios é cómo observaban sus dioses. El informe original, dado al Almirante en latín, se ha perdido y no se conserva de él más que una mala traducción al castellano, tomada de una hecha al italiano.[[166]]

Los otros dos frailes eran Fray Juan Borgoñón, el Bermejo, y Fray Juan de Tisím, ambos de la orden de San Francisco, que vinieron con el comendador Ovando, en 1502, cuando por vez primera arribaron los franciscos á La Española. Uno de ellos, el Bermejo, acompañó á Fray Román Pane á Maguá: cuya misión duró dos años, ayudados de un buen intérprete indio llamado Guay Sabána, que les fué muy adicto. Las Casas trató, íntimamente á estos tres frailes y tomó de ellos suficientes noticias; por lo tanto, el obispo de Chiapa es una buena fuente de información histórica sobre estos asuntos.

Todos los cultos religiosos pueden comprenderse en dos grandes agrupaciones. La primera abraza el animismo difuso con sus correspondientes zoolatría, fitolatría, litolatría, falismo, cultos del agua, de la atmósfera, de los cuerpos celestes, de la tierra y el cielo, de instrumentos é industrias, de circunstancias y accidentes de la vida, de facultades, de cualidades y conceptos, de las representaciones figuradas, de los espíritus y de la vida de ultratumba. La segunda agrupación comprende el animismo condensado con sus correspondiente naturalismo, politeismo, simbolismo, misticismo, sincretismo y monoteismo.

El animismo condensado representa ya un gran progreso religioso de la humanidad. Tenemos, por consiguiente, que buscar sitio para nuestro indo-antillano en el seno de la primera agrupación, ó sea en el animismo difuso. En los cementerios de nuestros indígenas se encuentran con profusión unas figurillas de arcilla roja, cocida, que semejan animaluchos, como el sapo, ó una cara humana grotesca. Estos objetos, ocupando las fosas sepulcrales, demuestran patentemente, á parte los datos suministrados por los Cronistas, que el boriqueño tenía una creencia supersticiosa en estas figurillas. Es verdad que las encontramos también en las asas de algunas vasijas y platos; pero en estos recipientes tienen entonces más carácter de ornamentación que simbólico. El indio era enterrado con su amuleto ó dios penate; y teniendo el idolillo unas veces aspecto de animal y otras forma humana, la interpretación á esta variedad de figuras no puede ser indiferente.

El totemismo es el culto de la naturaleza, que se manifiesta de varios modos. El vocablo viene de totem, blasón, y tiene por fundamento el aplicar nombres de animales á jefes de tribu; cuyos nombres, con la acción de la leyenda pasa á la tribu misma y termina por convertirse en mito religioso con el tiempo. La cara de sapo en el idolito indígena es la conservación del totemismo en el período de zoolatría; cuyo culto, al tener el amuleto cara humana, había pasado lentamente de la zoolatría al antropomorfismo, ó idolatría, en la que el dios penate adquiere completamente naturaleza humana. Aún vemos estos tránsitos religiosos en nuestra actual sociedad, desde el trozo de coral (litolatría) al cuello del niño, para ampararle del mal de ojo, hasta las imágenes y escapularios de los católicos. Los generales romanos más valientes solían llevar al cuello figurillas de sus dioses al marchar á la guerra, creyendo ciegamente en la protección y ayuda de ellos en los combates.[[167]] En el totemismo se tienen ideas confusas de un poder sobrenatural, al cual se le tiene más miedo que amor, y cuya influencia directa se admite en todos los sucesos de la vida. De ahí surge el dios penate. La fe por teoría y la adoración por práctica. Apenas alborea entonces el elemento moral.