Nuestro indio de Boriquén estaba en este período del animismo difuso. Tenía su espíritu del bien en Yuquivú, que protegía su vida y sus labranzas, y moraba en la gran montaña. Cuando menos lo pensaba, se aparecía en la Isla Jurakán, el espíritu del mal, ocasionando la muerte y la destrucción por todas partes. Como irradiaciones de este dualismo mitológico, los zemís y los maboyas. El zemí, el dios tutelar, de ambos sexos[[190]], apegado al hogar, y como fiel amuleto acompañando al indio hasta el sepulcro. El maboya, el fantasma nocturno, que le hacía daño en sus sembrados, y ante el cual huía aterrado, rindiéndole sacrificios desde lejos y por mediación del bohique, el agorero.

Todavía al llegar al animismo condensado de las religiones superiores de nuestros días, ¡con qué poderosa fuerza se presenta aún el dualismo del bien y del mal, en el orden moral, á combatir la unidad incontrastable del Ser Supremo, Creador é Infinito!

CAPITULO VIII.

El indio boriqueño, en la época colombina, era ya agricultor.—Sementeras en camellones.—La coa.—El conuco.—Cultivo de la yuca como alimento fundamental de la tribu.—Como se preparaba el casabí.—El uikú, bebida hecha con casabe fermentado.—El vinagre de la naiboa.—El maíz ó maisí.—El boriqueño comía tostado el maíz.—Hacía también de él la bebida fermentada la xixá.—Ignoraba hacer pan de maíz como los de Tierra-Firme.—La batata y los boniatos ó ajes.—Sus variedades.—Cultivos secundarios: el lirén y el maní.—El boriqueño utilizaba sin sembrarlos la yahutía, el mapüey, la imocona, el guayaru y otras raíces.—Entre las frutas cultivaba la yayama ó piña dulce; y cosechaba las otras al capricho.—Cultivo del ají, del tabaco y de la tau-túa.—Aprovechamiento del algodón, majagua y maguey, sin plantarlos.—Tejidos.—Cordelería.—Tintorería.—Zumos de la jagua, de la bija y del jikileti.—La cabuya.—Las jabas.—El tallado y pulimento de la piedra.—Canteras destinadas á este fin.—La cueva de Miraflores, en Arecibo.—El taller indígena.—El hacha ó manaya.—El almirez.—Los collares.—Los zemís ó dioses penates.—Los guayos.—El colesibí.—La tatagua.—La alfarería.—Objetos de madera.—La macana.—Arcos y flechas.—La azagaya de cupey.—Utensilios domésticos de higüera.—Objetos de hueso.—El boriqueño como cazador y pescador.—El aborigen estaba en armonía con el período histórico que atravesaba y su medio ambiente.

El indio boriqueño, en la época del Descubrimiento, era ya agricultor. También el hombre prehistórico europeo en la época robenhausiana ó de la piedra pulida, lo era también.[[191]] El aborigen no había pasado por el período del pastoreo, porque no tenía animales domésticos que pastorear. El hombre se ha ido desenvolviendo en el planeta en harmonía con el medio ambiente del suelo que ha ocupado. Nada más flexible que las reglas sociológicas. El hombre natural vive como puede, utilizando los medios que se le presentan. Por eso el boriqueño, de cazador y pescador, pasó á agricultor; y fué más pescador que cazador, á consecuencia de la escasez de aves y animales monteses en la Isla y la abundancia, por el contrario, de peces en los ríos y ensenadas.

El indio de Boriquén trabajaba la tierra con un palo tostado al fuego, la coa, que le servía de azada. Con este tosco instrumento arreglaba muy bien sus sementeras en camellones, labrando sus campos con sumo cuidado. Llamaba sus labranzas kunúku, vocablo que ha pasado á nosotros conservado en el castellanizado conuco.[[192]] Hoy usamos la misma palabra para designar una pequeña heredad, ó campito, con su rancho. Debemos á Las Casas la descripción de cómo el indígena preparaba sus tierras para la siembra de sus yucas, ajes y batatas. “Hacían los indios, narra el célebre clérigo sevillano, unos montones de tierra, levantados del suelo como una vara de medir, é tenían en contorno nueve ó doce pies: un montón estaba apartado del otro dos ó tres pies: todos por su orden: rengleras de mil é dos mil é diez mil de luengo: é otros tantos de anchura, según la cantidad que determinaban poner.”[[193]]. Ya el ilustrado cubano don Alvaro Reinoso presentó al Congreso Internacional de Americanistas de Madrid, el año de 1882, un interesantísimo trabajo sobre el cultivo en camellones, como dato de la agricultura de los indígenas de Cuba y Haytí en la época precolombina.[[194]] Y los boriqueños estaban en todo más adelantados que los siboneyes de Cuba y en el arte lítico más que los haytianos.

El cultivo de la yucubía se extendía en el Boriquén á grandes plantíos; á veces, de más de diez mil montones de matas. A los cinco ó seis meses los sembrados presentaban un bonito aspecto. Al año ya se cosechaba la raíz, ó fruto, llamado yuca; y se podían explotar los yucales hasta tres años.

El boriqueño, ayudado de las mujeres, trabajaba el venenoso tubérculo de la yucubía para obtener su alimenticia harina. Lavada la yuca y raspada la película externa con una conchita de almejas, llamada caguará, reducíanla á una grosera harina, la catibía, rayando el tubérculo en las asperezas de una tabla cuadrilonga de palma de yagua, sembrada de piedrecitas silíceas, que llamaban guayo.[[195]] Recogían los boriqueños la harina de la yuca en un sitio ó artesa, llamado guarikitén, según iban rallando los tubérculos. Luego, echaban esta harinosa masa en un saquito hecho de empleita de palmera, llamado sibucán, el cual colgaban de un árbol, y dos indios ó indias, mediante un palo enganchado en el otro extremo de la manga, según refiere Las Casas,[[196]] ó ayudado del peso de grandes piedras, como dice Oviedo, esprimían el saquito, para extraer de la yuca el jugo venenoso, llamado naiboa. Retirado el mortífero zumo, tomaban el farináceo producto y lo cernían en el jibi, una especie de cedazo hecho de cañitas muy finas de carrizo; obteniendo así muy buena harina, la que extendían en panes redondos, del grueso de dos dedos, en una cazuela ó plato llano de barro, llamado burén, que ponían al fuego sobre piedras, dando vueltas á las tortas con una tablilla, llamada küisa, hasta que el pan casabí quedaba hecho. Con la mejor flor de harina de yuca hacían un casabe selecto, muy blanco, que llamaban xau-xau. Sabían también extraer el almidón de la harina de yuca, cuyo producto llamaban anaiboa y la utilizaban en sus comidas. Era toda una industria de panadería, tanto ó más complicada que la de nuestros días con la harina de trigo, cuyo origen se pierde también en la noche de los tiempos prehistóricos.[[197]]

Los indígenas de la islita la Mona[[198]] sembraban mucha yuca y confeccionaban mucho casabe, y cuando Juan Ponce de León vino por vez primera á Boriquén, en 1508, tocó en aquella islilla de paso, y pudo aprovicionarse en ella de pan casabí para su gente, enviando luego, desde San Juan, la carabela al mando de su lugarteniente don Juan Gil Calderón, para que los naturales de la Mona le facilitaran de nuevo bastimento de casabe para los cincuenta hombres de su expedición.