Otros dos productos sacaba el boriqueño del tubérculo de la yucubía. Solía hacer un vinagre para sus guisos, hirviendo bien el jugo venenoso de la yuca, el ponzoñoso naiboa, para que se evaporase el tósigo mortal, y después de hervido este zumo lo guardaba para que se acidulase.[[199]] El otro producto era la bebida uikú, que la obtenía poniendo pedazos de casabe á fermentar en vasijas llenas de agua, agregándole algunos trozos del mismo casabe, masticado por indias jóvenes, para utilizar la saliva como agente de fermentación.

El aborigen cultivaba además el maíz, dos veces al año. El vocablo español maíz procede del indo-antillano maisí. El boriqueño comía el maiz tostado; y le servía también para hacer una bebida fermentada la xixa,[[200]], que le gustaba mucho, como la otra bebida obtenida del casabe, el uikú. Necesitaba también nuestro indio de la diastasa de la saliva para provocar la fermentación del maíz; por lo que ponía indias jóvenes á mascar granos de maisí y á echarlos impregnados de saliva en los tinajones donde se iba á preparar su preciada original cerveza.

El boriqueño no sabía hacer pan de maíz, como algunos terrícolas de Tierra Firme, lo que prueba que este avance en la alimentación fué posterior en Venezuela á la separación de las tribus Aruacas, que invadieron el Archipiélago antillano. Fenómeno que se ha repetido mucho en la historia de la humanidad: porque el hombre no produce nada completo de una vez. El ario trituraba el grano de trigo, pero desconocía el molino de brazos; el indo-europeo llegó á este avance cuando se situó en los terrenos de aluvión de la cuenca del Volga.[[201]]

El aborigen cultivaba en gran escala la batata, de la que la historia nos conserva los nombres de algunas variedades. Llamaba á la blanca guanaguax; á la morada guanagüey; y á la que era blanca y morada, guanaraca. El fruto que hoy se llama boniato, los indígenas denominaban aje; y al morado lo llamaban aniguamá; y al rojo, xaxagüeyú. Plantaban también en sus labranzas el lirén sabroso y el maní, rival de la avellana. Y utilizaban, al azar, la yahutía, el mapüey, la imocona, el guayaru y otros tubérculos alimenticios; pero sin ocuparse en sembrarlos. También cosechaban los boriqueños, sin cultivo, las frutas silvestres de los montes y maniguas, el mamey, la guayaba, el anón, el jobo, la guanábana, la pitajaya, el guamá, la tuna, el jicaco, el caimito, el cajuil, las guiabaras ó uvas de playa, la piña, que llamaban yayama, y las olvidadas hoy de la guaba, el ausubo y la yagruma.[[202]]

Había otras tres plantas, que con cuidadosa atención procuraba el aborigen replantar cerca de su bohío; y estas eran el ají, el cojibá ó tabaco y el ben purgativo. Del ají tenía dos especies principales, una dulce y otra picante, y unas cuantas variedades. No se conserva más que el nombre indígena del picante, que lo llamaba guaguao; á todas las demás variedades nuestros campesinos le han puesto nombres caprichosos.

Nuestro indio cultivaba el tabaco, su cojibá, con dos fines, uno común y otro religioso. Después de la cena, algunos mascaban la nicociana hoja:[[203]] otros sabían hacer unos mosquetes ó cigarros mal enrollados, que llamaban tabacos, y aspiraban su humo embriagador. No faltaba indígena, que tras la intoxicación de la nicotina, arrojase cuanto había comido. Lo que indujo á creer, á los que primeramente observaron esta costumbre, que el indio usaba esta planta como vomi-purgativo. Error en que han incurrido después otros escritores modernos. Según el Dr. Crévaux, los Oyampis de las Guayanas, usan la fumigación de tabaco contra los cólicos, lanzado el humo directamente sobre el sitio dolorido por el mismo curandero: cuya medicación está de acuerdo con los soplos y frotes de que nos hablan los Cronistas y es lógico aceptarlo. Para las ceremonias religiosas preparaba el bohique, como augur de la tribu, una especie de rapé, del cojibá, que se tomaba por las narices con su correspondiente instrumento litúrgico y ceremonial ad hoc. El acto de tomar estos polvos se llamaba el cojoba. Lo hacía el hechicero bohique antes de impetrar al zemí bienhechor; y también en determinadas asambleas, ó consejos de jefes, en unión de los caciques y nitaynos.

La tercera planta, que el boriqueño procuraba cultivar cerca de su choza, según lo anota cuidadosamente Las Casas, era la tau-túa, con la que se había de medicinar. Tenemos en Puerto Rico tres arbolitos, que dan semillas purgativas: el tau-túa, ó jatropha gossypifolia, que los franceses llaman grand ben purgative y avelines purgatives; y los ingleses denominan bastard french physic-nut ó spanish physic-nut. El tártago, ó sea la jatropha curcas, que en Cuba y Santo Domingo llaman piñón; los franceses denominan grand pignon d’ Inde y noix de Barbades; y los ingleses conocen con el nombre de Barbados seeds. Y finalmente don Tomás, ó sea jatropha multifida, que los franceses dicen medicinier a fleurs scarlates; y los ingleses french multifid. Las Casas, como indicamos más arriba, nos da la prueba histórica de nuestro aserto, describiendo el ben y el cuidado con que el indígena procuraba sembrarlo junto á su casa. Es probable que el boriqueño usara indistintamente de estas semillas purgativas, así como de algunos bejucos.[[204]] Por supuesto, que la enfermedad del indio siempre era considerada por el curandero augur, ó bohique, como un daño hecho por los espíritus malignos ó maboyas.

Aunque el boriqueño no cultivaba el algodón, ni la majagua, ni el maguey, que abundaban por doquiera silvestres, los cosechaba para utilizarlos. La india hilaba bastante bien el algodón, el sorobei, y tejía con él los faldellines para las mujeres casadas y los taparrabos para los hombres. También trabajaba de algodón las hamacas, y unas especies de pulseras para los brazos y tobillos; algunas carátulas para los ídolos y otras cosillas; y los hombres tejían de sorobei sus redes de pescar. En su reducido gusto estético tenía ya el aborigen el conocimiento de la tintorería, y algunos de esos objetos de algodón los teñía con el jugo de la jagua, dándoles visos negruzcos, ó con el zumo del jiquilete, añil cimarrón, hermoseándolos de color azul, ó los coloraba de amarillo con la bija, nuestro vulgar achiote, voz ésta de origen azteca, que ha prevalecido en el lenguaje, en vez de la boriqueña bija. También solía maridar en franjas, ó listas pareadas, estos colores.

La majagua, cuya fuerte corteza facilita larga fibra, y el maguey, cuyos blancos hilos son resistentes, eran destinados por los boriqueños á cordelería, haciendo con ellos muy buenos cordeles, que llamaban cabuyas, y unas cestas redondas, llamadas jabas, que acostumbraba el indio llevar al hombro, á las extremidades de un palo, cuando viajaba: costumbre que aún perdura entre nuestros campesinos.

Vemos, pues, que nuestro indígena, á la par que agricultor era también industrial. El aprovechamiento del algodón, de la majagua y del maguey eran ya industrias nacientes, á las cuales tendrían que dedicarse determinadas personas, con su correspondiente aprendizaje. En las edades prehistóricas el arte de tallar y pulimentar la piedra, la alfarería, la cordelería y el tejido rudimentario de algunas telas, así como la caza, pesca, pastoreo y agricultura, tuvo que estar confiado á determinados individuos, que lo hicieron privativo, primero, de sus familias, pasando luego ese derecho á ciertas tribus.