»Ya salieron dos millas del fuerte harto pocos turcos sin que saliésemos á ellos, y viniéndonos cada día á buscar, pocos y sin orden, no consentíades que se saliese á escaramuzar con ellos.
»Perdistes los pozos en un día, pudiéndolos muy bien guardar, sabiendo que importaba la vida de todos mantenerlos, habiendo dicho muchas veces al Duque que no tenía la fuerza mucha necesidad de agua, porque los 2.000 hombres que habían de quedar en ella bastaban á defender los pozos á toda la potencia del gran Turco, y que con aquellos soldados os atrevíades vos á ir por tierra de aquí á Turquía.
»Harta más gente se ha perdido entre los que han muerto de sed y huídose á los turcos, que se podían aventurar en haber guardado los pozos, como fueron muchos de parecer que se hiciese.
»Respondéis á lo que os dicen que mandéis dar recado á los heridos, que los dejen morir, porque no coman las vituallas. Buena manera es ésta de animar á los sanos á pelear.
»Decís mal del Duque, que es un hombre remiso y que se fué de miedo; que para vos se guardan semejantes empresas que ésta. El día que se ofreció pelear, el Duque, para la poca experiencia que tenía en cosas de guerra, lo hizo tan bien, que echó en vergüenza á los muy pláticos y bravosos. Su venida aquí, y la estada que hizo y la ida de agora, todo ha sido por consejo y parescer vuestro.
»Decís que ya no hay soldados que peleen, y que ningún Capitán se os viene á ofrecer de querer salir á los enemigos, porque no hay alguno que tenga valor y ánimo para ello, y que echáis en más cargo al Rey en guardarle esta fuerza con tan ruín gente, que Antonio de Leyva en guardarle á Pavia y Milán con tanto buen soldado como tenía. Con éstas y otras cosas que estarían mejor por decir, tenéis desdeñada toda la gente de guerra, y dicen que si vos gobernásedes y peleásedes como el Sr. Antonio, que tenéis Oficiales y soldados que harán lo que los suyos, y que si en ellos hobiese la falta que decís, no se os habrían echado á los pies suplicándoos que los dejásedes salir á pelear fuera, como lo han hecho, el Coronel Mas, el Capitán Alvaro de Luna, Jerónimo de la Cerda, Rodrigo Zapata, Galarza, Juan Ortiz de Leyva y otros Capitanes y Oficiales y soldados particulares.
»Dábables por respuesta que se dejasen gobernar, y ansí dicen que en vos solo está la culpa; que os estáis encerrado siempre sin dar una vuelta al fuerte ni consultar con nadie lo que cumple, ni dar orden á nada, y sobre todo, mandáis agora de nuevo echar agua salada en las raciones que se dan á los soldados, que los destempla y quita el comer á todos, de modo que en pocos días los pondrá tales que no se hará provecho dellos.
»Si os teméis de largo asedio, acometed luego los enemigos, porque cuanto más lo dilatáredes, menos gente ternéis para ello, y la que hobiere estará tan débil y flaca, que no podrá pelear. Así que, señor, mirad con tiempo en esto y juntad vuestros Capitanes; dadles parte dello y deliberad lo que más cumple á todos; porque os hago saber que todas las naciones que aquí hay os dan culpa del mal suceso de las galeras, diciendo que por odio y rencor que teníades con algunos, fuísteis cabsa que tardasen aquí más de lo que era menester. Todos piensan avisar al Rey, tanto de lo pasado como de lo presente.
»Héoslo querido señor, decir, porque deseo que salgáis con honra de aquí, por lo que debo al servicio de Dios como cristiano, y al de S. M. como vasallo suyo, para que trabajéis de hacer algún buen hecho en enmienda de lo pasado, pues hay tanta oportunidad para ello, siendo los enemigos tan pocos y estando tan repartidos y derramados, que es muy gran bajeza de los que aquí nos hallamos habernos dejado sitiar de otros tantos turcos como aquí éramos soldados.
»En el fuerte de los Gelves á los 28 de junio, año de 1560.»