De allí adelante comenzó D. Alvaro á salir y acariciar los soldados, mandando dar dineros á los que hacían algún buen hecho ó buen tiro con el arcabuz, y á los 4 de julio, teniendo determinado salir á los enemigos, como la mañana de Pascua, se dejó porque se fueron aquella noche á dar aviso á los turcos siete ú ocho bellacos, y así se mandó echar bando que cualquiera que matase al que se pasaba á los enemigos, le darían seis escudos.

Hubo hartos que ganaron el precio, porque con la golosina del dinero hacían mejor guardia. Todavía salieron de día á una trinchea que venía á la gruta, donde mataron algunos turcos. Los demás la desampararon. No pasaron adelante los nuestros por ser pocos. Las veces que se salió á estas cosas y á escaramuza, inviaban tan pocos, que nunca se hizo cosa que luciese, porque en lugar de reforzarlos y ayudarles con gente, cuando iban ganando tierra á los enemigos, apenas eran llegados á las manos cuando los mandaban retirar, y hacíanlo de manera que siempre dejaban allá los mejores soldados, por no ir á la vanguardia á dar la orden que se retirasen, sino darla en la retaguardia, y así venían á quedar solos los que iban delante. La culpa de esto estaba en los Sargentos mayores.

A los 6 tornaron los enemigos por la misma parte á acometer á las galeras, aunque no con tanta gente como la primera vez, ni duraron tanto en el combate por el daño que rescibían dellas y del fuerte. Así se volvieron, á pesar de los que los mandaban: no bastó palos ni cuchilladas á hacerlos volver.

No salió gente á ellos este día del fuerte por estar bien proveídas las galeras esta vez segunda que vinieron por tierra. Entraban por la parte de Poniente muchos turcos; pero no se acercaron como los otros, porque debían de ir con más gana de robar que de pelear.

Viendo los enemigos que no podían con las galeras, se habían determinado dar asalto al fuerte, y un mal cristiano que se pasó á ellos aconsejó que no lo hiciesen, diciéndoles que estábamos muy apercibidos con ingenios de fuego esperándolos, cargada el artillería con dados y cadenas, que si arremetían recibirían gran daño y no harían nada.

El consejo deste les hizo dejar el desiño que tenían: pasaron dos piezas de artillería al campo de los pozos, y continuaron una trinchea que tenían comenzada que venía á dar al caballero Doria. Después de haber combatido por tierra dos veces las galeras, tentaron por la mar, y á los 8 vinieron del armada con hasta 130 esquifes y barquetas y algunos bergantines empavesados con piezas de artillería pequeñas y mosquetes y ingenios de fuego, con mucha gente de pelea en ellos. Los que traían la artillería y mosquetes combatían con las galeras, mientras los demás trabajaban con hachas y sierras y otros instrumentos romper la palizada y cadenas que nuestras galeras tenían por reparo, de manera que con más de 20 pasos no se podía acostar ningún bajel á ellas. Mientras los enemigos entendían en combatir y romper la palizada, no perdían tiempo los nuestros, tirando á unos y á otros, haciendo gran daño en ellos por tenerlos cerca y á caballero, tirándoles de mampuesto, seguros con los reparos que habían hecho para ello, porque las galeras estaban muy bien abestionadas por la parte que las batían y empavesadas por todas partes. El artillería del fuerte hacía gran daño en los enemigos; echóles á fondo dos esquifes y una barca y matóles mucha gente: con todo esto pelearon hasta hora y media de día, porfiando de romper la palizada, y viendo que no podían, se retiraron con pérdida de más de 300 entre heridos y muertos.

Fué de ver el combate este día. Duró dos horas y media y más, porque vinieron una hora antes que amaneciese sobre las galeras. De los nuestros salieron hasta 30 heridos y los muertos no llegaron á 10. Pelearon muy bien. Halláronse este día en las galeras el Coronel Mas, caballero francés de la Orden de San Juan; el Capitán Fantón, Piantanido y Almaguer. Todos estos Capitanes se señalaron esta jornada como buenos soldados en todo lo que se les encomendó.

Este mesmo día esperábamos que diesen asalto al fuerte, porque estaban los turcos en arma con demostración de querer arremeter. Harto mejor fuera de acometerlos nosotros, pues estaba entendido que el estar así recogidos era de miedo, por ser pocos, que les faltaba aquella gente que combatía en las galeras, porque saliendo por la parte de Poniente pocos soldados de los nuestros, comenzaron á huir los turcos y desamparar las trincheas, y llegáronse con los del montón.

Aquella noche se metió fuego á las dos galeras por tener menos que guardar, y para lo que después sucedió, fuera mejor quemarlas todas, por quitar desinios que nadie se fuese á favorescer en ellas, y porque hiciera más servicio en el fuerte la gente que se ocupaba en guardarlas, y por estar ya los turcos tan cerca del fuerte, que no se podía entrar ni salir á ellas sin gran riesgo, y así mataban cada día los más de los que les llevaban agua y de comer, tanto que no se osaba ya ir de día á proveerlas; y viendo los turcos que iban de noche, aguardaban á un barcón que estaba cerca dellas, al paso, y allí prendieron muchos en veces, así de los que iban á llevar la provisión, como de los que entraban y salían de guarda.

Como los turcos vieron que no podían nada con las galeras en cuatro veces que habían probado de combatirlas, tornaron de nuevo á trabajar en la trinchea que solían, hasta llegar á la gruta para quitárnosla, creyéndose que con ella nos entreteníamos, sin tener otra agua para beber.