Mr. Brownlow procuró leer en la fisonomía del pertiguero la respuesta que iba á recibir de él y le instó para que le dijera con la brevedad posible lo que sabia respecto á Oliverio. Mr. Bumble se quitó el sombrero, desabrochó su redingote, se cruzó de brazos y despues de algunos momentos de reflecsion empezó su relato.

Seria fastidioso reproducir aquí las palabras que el pertiguero ensartó por el espacio de veinte minutos. Bastará saber que en resúmen contó que Oliverio era un niño expósito de baja procedencia que desde su nacimiento no habia desplegado otras cualidades que la perfidia, la ingratitud y la maldad; habiendo terminado su corta estancia en el lugar de su nacimiento por un acto villano y sanguinario ejercido sobre la persona de un muchacho de la escuela de caridad, despues del cual se habia escapado en medio de la noche de casa su amo. Luego para probar que realmente estaba revestido del carácter con que se habia manifestado poco antes, estendió sobre la mesa los papeles que se habia llevado de la Casa de la Caridad y cruzando de nuevo los brazos esperó las observaciones de Mr. Brownlow.

—Temo que lo que habeis dicho será demasiado cierto. —dijo éste tristemente despues de haber inspeccionado rápidamente los papeles —Esta suma es muy mezquina para las instrucciones que acabais de darme; pero de buena gana os hubiera dado el triple ó cuadruple, si ellas hubiesen sido favorables al niño.

Es muy probable que si Mr. Bumble hubiera sabido esto un momento antes hubiera dado un giro del todo diferente á su relato; pero no era ya tiempo y sacudiendo gravemente la cabeza embolsó las cinco guineas y se retiró.

Mr. Brownlow se paseó arriba y abajo de la sala tan preocupado por la relacion del pertiguero que el mismo Mr. Grimwig se guardó bien de contrariarle por mas tiempo. Al fin se detuvo y tiró con fuerza el cordon de la campanilla.

—Señora Bedwin! —dijo á la ama de llaves que vino para recibir sus órdenes —Ese muchacho... Oliverio! es un impostor.

—No puede ser señor! Estoy segura de ello! —dijo enérgicamente la buena anciana.

—Os digo que lo es! —repuso secamente Mr. Brownlow —¿Qué quereis decir con... no puede ser? Acabamos de saber lindas cosas de él. Parece que desde su nacimiento hasta el presente no ha sido mas que un pilluelo.

—Jamás lo creeré señor! —replicó Bedwin con firmeza.

—Vosotras las viejas, no dais fé mas que á los charlatanes y á los cuentos de brujas! —interrumpió bruscamente Mr. Grimwig —¿Porqué no seguisteis mis consejos desde el principio? Lo hubierais hecho sino hubiese tenido la fiebre he? Ella le hácia interesante no es esto? Interesante! Que bestialidad! —Esto diciendo atizaba el fuego revolviéndole con el hurgón.