—Ese niño es dulce, amable y reconocido. —repuso la Señora Bedwin con indignacion —Tal vez tengo motivos para conocer el carácter de los niños... Hay mas de veinte años que trato con ellos y las personas que no pueden decir otro tanto, debieran tener el pico cerrado. Al menos esta es mi opinion!
Esta era una pulla directa lanzada á Mr. Grimwig que era celibatario; pero como ella no hizo mas que exitar una sonrisa por parte del viejo muchacho, la buena señora sacudió la cabeza y rollando maquinalmente entre sus dedos el cabo de su delantal, iba sin duda á contestar como correspondia.
—Silencio! —dijo Mr. Brownlow fingiendo una cólera que estaba lejos de subir —No pronuncieis jamás ante mi el nombre de ese niño! Os habia llamado para decíroslo! Jamás! jamás! bajo pretexto alguno... No lo olvideis! —Es todo lo que tenia que deciros señora Bedwin! Fijad en la memoria que os hablo seriamente...
CAPÍTULO XVIII.
DE QUE MODO OLIVERIO PASA EL TIEMPO, EN LA SOCIEDAD DE SUS APRECIABLES AMIGOS.
LA mañana siguiente despues de medio dia, Fagin aprovechándose de la ausencia del Camastron y de maese Bates que se habian marchado á sus faenas ordinarias, sopló á Oliverio una larga moraleja Sobre el pecado horrible de ingratitud de que se habia hecho reo alejándose voluntariamente de sus amigos, inquietos de su ausencia y lo que es mucho peor, intentando escaparse, despues de los trabajos que habian sufrido para volverle á encontrar. Procuró persuadir al niño de que habia sido recibido y cuidado en su casa en un momento en que sin un socorro tan apropósito y extraordinario, el, Oliverio hubiera muerto irremisiblemente de hambre.
Oliverio pasó este dia y la mayor parte de los siguientes sin ver alma viviente. Desde la mañana muy temprano hasta la media noche, solo y entregado asi mismo pensaba en sus protectores, y el temor de que tuviesen de él una opinion poco favorable le llenaba de mortal angustia. Pasados ocho dias, el judío no consideró ya necesario tenerle encerrado en el aposento y le dejó ir libremente por toda la casa.
Un dia que el Camastron y maese Bates debian pasar la velada fuera, aquel se metió en el caletre ponerse mas pulero que de costumbre. (debilidad que para hacerle justicia, no era habitual en él.) Mandó muy políticamente á Oliverio que le ayudara en esta faena. Este muy contento de encontrar una ocasion para hacerse útil, muy feliz en tener sociedad por mala que fuera y ansioso además de conciliarse la estimacion de todos los que le rodeaban, se prestó de buen talante á lo que se le exijia. Puso pues una rodilla en tiérra de manera que el pié del Camastron que estaba sentado sobre la mesa pudiera descansar sobre la otra y se puso á cumplir el deber de pulimentar sus coturnos, lo que quiere decir en buen castellano, que limpió sus botas.
Sea que el Camastron se sintiera agitado por eso sentimiento de libertad é independencia que esperimenta necesariamente todo ser racional cuando está sentado perezosamente sobre una mesa, fumando su pipa con plena satisfaccion, balanceando suavemente una pierna y mirando limpiar sus botas sin necesidad de quitárselas ni tampoco de volvérselas á calzar; sea que la buena aroma del tabaco dispertase su sensibilidad, ó que la calidad de la cerveza dulcificase sus sentimientos; lo cierto es que se sintió llevado de repente á lo romántico y á lo entusiasta. (dos cosas muy contrarias á su razon de ser.) Miró durante algunos momentos á Oliverio con aire pensativo, luego con un suspiro y un balanceamiento de cabeza, dijo mitad para si y mitad á Cárlos:
—Lastima que no sea hurraca!