—Ah! No sabe lo que le conviene! —contestó este.

El Camastron suspiró de nuevo y volvió á chupar su pipa. Cárlos hizo otro tanto y ambos fumaron un rato en silencio.

—A qué va que ni siquiera sabes lo que es una hurraca? —dijo el Camastron, con tono compasivo.

—Creo que si. —respondió Oliverio levantando la cabeza. —Es un la... lo que sois vos no es cierto? —siguió interrumpiéndose.

—Lo soy y con mucho orgullo! —replicó el Camastron —Es la mejor carrera! (Esto diciendo se metió el sombrero tras las orejas y lanzó un vistazo á maese Bates.) —Si; lo soy. —prosiguió —y Cárlos tambien y Fagin y Sikes y Nancy y Betsy; todos lo somos, todos hasta el perro quien es el que muestra mas corazon para la faena.

—Y el menos propenso á traicion. —añadió Bates.

—No será él quien ladre jamás en el banco de los testigos! Ah! no... no hay peligro! Aunque se le atase en él y se le dejase allí quince dias sin comer.

—Tiene mucha mira en eso!

—Oh! es un perro muy picaruelo! Con que fiereza mira á un camarada que se ponga á reir ó á cantar estando en sociedad! A pesar de que no gruñe mucho cuando siente tocar el violon ni detesta á los otros perros de su raza... No por cierto!

—Es un famoso cristiano!