—Es verdad. Esto es lo peor.

Siguió un largo silencio durante el cual el judío con el rostro livido y la mirada hosca, estuvo profundamente sumido en sus pensamientos. Sikes le miraba por intervalos y Nancy temiendo sin duda irritar al bandido, permaneció sentada ante la chimenea, los ojos fijos en el fuego y con la indiferencia del sordo respecto á lo que se hablaba en su presencia.

—Fagin! —dijo Sikes rompiendo de pronto el silencio —Me tocarán cincuenta guineas mas en el reparto, si logramos buen éxito en el exterior?

—Si! —contestó el judío súbitamente, como si dispertára de un sueño.

—Queda convenido el pacto?

—Si querido, si! Queda convenido! —respondió el judío cojiéndole la mano.

Esto diciendo sus ojos chispeaban y los rasgos de su fisonomía revelaban el efecto que habia producido en él la proposicion de Sikes. —Entonces —repuso éste rechazando la mano del judío con desden —esto se hará cuando querais. La ante penúltima noche estábamos con Tobias Crachit sobre la pared del jardin inspeccionando la puerta. Ella queda cerrada como una prision; pero hay un sitio que podemos franquear seguramente sin meter ruido.

—Cual? —preguntó el judío con ansia.

—¿No recordais lo que viene despues que se ha atravesado el prado? —dijo el otro en voz baja.

—Si, si! —contestó el judío ladeando la cabeza para poder oir mejor y abriendo tanto los ojos que parecian quererse salir de sus órbitas.