No debe esperarse un exceso de gordura en los muchachos criados según el sistema que acabo de describir. Oliver tenía ya nueve años, y apesar de su edad era encanijado raquítico y diminuto; pero había recibido de la naturaleza ó de sus padres un alma fuerte y un juicio sano que se habían desarrollado en él gracias a la dieta a la que estaba sometido; debiendo tal vez á esta circunstancia el haber alcanzado por novena vez el aniversario de su nacimiento. Sea lo que fuera, aquel día era el aniversario de su nacimiento y lo celebraba tristemente en la bodega en compañía de dos de sus pequeños camaradas, quienes después de haber compartido con él una lluvia de golpes, habian sido encerrados en ella por haber osado pretender que tenían hambre; cuando la señora Mann, la amable dueña de la habitación, divisó de repente al Señor Bumble, el pertiguero, que acumulaba todos sus esfuerzos para abrir la pequeña puerta del jardín.
—Dios me perdone! Creo que es el Señor Bumble! —dijo con afectada alegria y sacando la cabeza á la ventana; —Susana, —prosiguió dirijiéndose á la criada —corre á abrir á Oliverio y á los otros dos tunantuelos y limpialos pronto. Cielos! Señor Bumble! cúan contenta estoy de veros!
Es preciso saber que el señor Bumble era uno de esos hombres corpulentos e irracibles, que en vez de responder como debia á este recibimiento afectuoso, sacudió con violencia el cerrojo, y dió a la puerta un golpe que no podia provenir sino del pié de un pertiguero.
—Caramba! —dijo la Señora Mann corriendo á habrir la puerta (porque durante este intervalo los tres chicos habían sido puestos en libertad) —Hase visto nunca cosa igual! Haberme olvidado de que la puerta estaba cerrada, por causa de estos chicuelos! Ya lo veis! Tened la bondad de entrar Señor Bumble, os lo ruego!
Apesar de ser hecha esta invitacion con una cortesia capaz de ablandar el corazon de un obrero de parroquia no hizo ningun efecto al pertiguero.
—Creeis Señora Mann —dijo Mr. Bumble, oprimiendo fuertemente su baston. —Creeis vos que sea muy respetuoso ó conveniente hacer esperar á la puerta de vuestro jardin á los ministros parroquiales cuando vienen para asuntos parroquiales? Ignorais Señora Mann, que sois si asi puedo esplicarme una delegada parroquial, asalariada por la parroquia?..
—Cier...ta...mente, Señor Bumble! —respondió la Señora Mann, con acento melifluo, -cabalmente habia ido á anunciar á dos ó tres de esos chicuelos que tanto os aman, vuestra llegada, Señor Bumble.
Mr. Bumble, tenia en mucho su importancia y sus facultades oratorias.
—Esta bien; esta bien Señora Mann! —replicó con tono mas dulce. —Es posible y no digo lo contrario; pero entremos en vuestra casa, tengo algo que comunicaros.
La Señora Mann introdujo al pertiguero en una salita baja embaldosada y le tomó su baston que depositó con mucho cuidado sobre una mesa colocada frente de él.