—No vayais á incomodaros por lo que os diga Señor Bumble, —aventuró la Señora Mann con una gracia encantadora, —Habeis hecho una buena caminata, y es natural que tengais calor Señor Bumble, no siendo así me guardaría muy bien... Quereis tomar un vasito de cualquier cosa Señor Bumble?..

—Muchas gracias! Ni pizca. —dijo agitando su mano con aire de benevola dignidad.

—No me rehusareis —dijo la Señora Mann que adivinaba un consentimiento fácil tanto en el tono de la negativa como en el movimiento que la acompañaba —nada mas que una gotita con un poco de agua fria, y un pedazo de azu...

Mr. Bumble tosió.

—Una lagrimita!— añadió ella con acento agraciado.

—¿Que vais á darme?.. —preguntó el pertiguero.

—Lo que me veo obligada á tener en casa algunas veces para meterlo en el caldo de los pequeñuelos cuando están enfermos. —dijo la Señora Mann abriendo una pequeña alacena colocada en un rincon y sacando de ella una botella y un vaso. —Es ginebra Señor Bumble.

—Acaso dais caldo á los niños Señora Mann? —preguntó este siguiendo con los ojos, la accion atractiva de la mezcla.

— Vaya si les doy; apesar del precio que me cuesta!

A fé mia carezco de valor para verlos sufrir ante mis ojos. Señor Bumble!