—No lo creo así. —replicó Oliverio, despues de haberla examinado con atencion.
—Pues bien, creelo, como te acomode! —dijo ella con risa afectada —Sea para nada bueno.
Oliverio pudo comprender muy bien que tenia algun poder sobre la sensibilidad de la jóven, y la destreza le hizo concebir la idea de apelar á su compasion; pero reflecsionando de pronto que aun no eran las once y que de consiguiente debian transitar por las calles algunas personas que darian fé á sus palabras, se apresuró á decir que estaba pronto y se dispuso á salir con alguna viveza.
Ni la reflecsion, ni el deseo que la acompañaba escaparon á Nancy. Le observó atentamente mientras hablaba y le lanzó una mirada que le convenció de que habia adivinado su pensamiento.
—Chit! —dijo señalándole con el dedo la puerta, mientras que miraba con precaucion á su alrededor —No hay medio! He hecho todo lo que he podido por tí; pero inútilmente. Estás rodeado por todas partes y por mas que lo intentes no lograrás escaparte.
Oliverio conmovido por el tono con que decia esto, la miró asombrado. No cabia duda hablaba sériamente: estaba pálida hasta dar miedo, tenia contraidos los músculos de su rostro y un temblor convulsivo agitaba todo su cuerpo.
—Te he evitado ya muchos malos tratamientos y continuaré evitándotelos! —continuó elevando la voz —Los que hubieran venido á buscarte no siendo yo, se hubieran portado con mucha mas dureza. He prometido que estarias tranquilo y si no lo estuvieras, te harias mal tu mismo y á mi, siendo tal vez la causa de mi muerte. Mira! Tan cierto como Dios nos vé, ya he sufrido todo esto por tí!
Al mismo tiempo enseñó á Oliverio los cardenales de que estaban llenos sus brazos y su cuello.
—Acuérdate bien de esto —continuó con gran volubilidad —y haz de modo ahora que no sufra otros por tu causa! Si pudiera servirte lo haria de todo corazon; pero no tengo poder para ello! Ellos además no tienen intencion de hacerle daño alguno... Y qué importa lo que te manden hacer? Tú no eres responsable ante Dios! Cállate! Cada una de tus palabras es un golpe para mi! Dame tu mano! Vamos despacha;... tu mano!
Cojió la mano que Oliverio le tendió maquinalmente y habiendo apagado la vela, subió con el niño la escalera. La puerta fué abierta al momento por alguien oculto en la obscuridad y fué cerrada del mismo modo luego que pasaron el lindar.