Habia ante este hogar algunos bancos de respaldo, en los que estaban sentados hombres vestidos de blusa, pasando el tiempo en beber y fumar. Hicieron poco caso de Sikes y aun menos de Oliverio que á su vez se sentaron en un rincon á parte, sin cuidarse de la compañia.
Se les sirvió un plato de fiambre despues del cual Oliverio creyendo por la calma con que Sikes iba apurando pipa sobre pipa, que la detencion seria larga y que probablemente no irian mas lejos, abrumado de fatiga y aturdido por el humo del tabaco se reclinó en el banco y se durmió profundamente.
Era noche completa cuando fué dispertado por un codazo de Sikes. Frotándose los ojos y mirando en torno suyo vió á ese digno personage, en conferencia íntima con un menestral en compañia de quien bebia una pinta de cerveza.
—Con qué vais á Hallifort? —preguntó Sikes.
—Si. —contestó el hombre —Y que no estaré veinte años en el camino, porque mi caballo no lleva la carga que llevaba esta mañana... y pronto se habrá comido la distancia... y no se le indigestará no voto á brios! Qué buena bestia!
—Podeis tomarnos á mi y al niño en vuestra carreta? —preguntó Sikes pasando el jarro de cerveza á su nuevo convidado.
—Si; cuando partais al momento! —contestó el otro quitándose de los labios la pinta de cerveza, que puso sobre la mesa —Acaso vais á Hallifort?
—Voy hasta Shepperton. —dijo Sikes.
—Soy vuestro hasta el mismo punto. —Todo está pagado Rebeca?
—Si —respondió la criada de la posada —El señor ha pagado!