CAPÍTULO XXII.

ROBO DE NOCHE CON FRACTURA.

QUIEN va ahi? —esclamó una voz ronca, luego que hubieron puesto el pié en el pasadizo.

—No muevas tanto ruido! —dijo Sikes cerrando la puerta con los cerrojos —Alumbra Tobias!

—Ah! Eres tu compadre? —repuso la misma voz —Barney enciende la vela! Oyes Barney? Despavilate y acompaña al caballero! No puedes?

El individuo que hablaba arrojó sin duda un calzador á la cabeza de aquel á quien se dirigia, porque se oyó el ruido de algo de madera que cayó pesadamente sobre el piso: á cual ruido se siguió un gruñido como de hombre medio dormido.

—Me oyes? —gritó la misma voz —Guillermo Sikes está en el pasadizo y no hay nadie para recibirle, mientras que tu te estás ahí durmiendo como si hubieras tomado láudano en la cena! Te encuentras ya mas agil, ó será preciso que te tire el candelero á las orejas para dispertarle del todo?

Apenas fueron pronunciadas estas palabras cuando se oyó un roce de zapatos en el suelo y se vió de pronto un débil resplandor que salia por la puerta de la derecha, luego al mismo individuo que tenemos descrito como hablando con la nariz y llenando las funciones de mozo en la taberna de Saffron-Hille.

—Señor Sikes! —esclamó Barney con una alegria real ó fingida —Tomaos la pena de entrar.

—Ea pasa tu el primero! —dijo Sikes á Oliverio —Mas vivo ó te piso los talones!