Lanzando una imprecacion contra la lentitud del niño, lo empujó bruscamente y entraron en una salita obscura y llena de humo, cuyo mueblaje consistia en dos ó tres sillas rotas, una mala mesa y un sofá, sobre el cual estaba un hombre tendido con los piés mas altos que la cabeza y teniendo una pipa de barro en la boca. Vestia una casaca color de tabaco de rapé cortada á la última moda con gruesos botones de cobre, un chaleco de flores de un color vivo, un pantalon de paño moreno y una corbata amarillo-naranja.

El señor Crachit (porque era él.) no tenia gran cantidad de cabellos; pero los que poseia, eran de un tinte rojo y le caian en largos tirabuzones, entre los que pasaba de vez en cuando sus dedos huesosos adornados con gruesos anillos falsos. Era de un poco mas de mediana talla y tenia las piernas algo flacas; pero esta circunstancia no disminuia en lo mas mínimo su admiracion por sus botas que contemplaba con la mayor satisfaccion.

—Ola compadre! —dijo volviendo la cabeza hácia la puerta —Me alegro de verte... Empezaba ya á temer que no hubieras renunciado á la empresa y en tal caso me hubiera aventurado á llevarla á cabo yo solo. Ola! —esclamó con sorpresa viendo á Oliverio —Quién es este?

—Es el pequeñuelo! —contestó Sikes acercando su silla al fuego.

—De Fagin he? —repitió Tobias mirando á Oliverio —Lindo cráneo... promete para las faltriqueras de las viejas ladis en las iglesias... Tiene una pelota que augura gran fortuna!

—Basta, basta ya! —prorumpió Sikes con impaciencia, é inclinándose al oido de su amigo le dijo en voz baja algunas palabras que excitaron su hilaridad y le hicieron mirar á Oliverio con una atencion mezclada de curiosidad.

—Ahora —dijo Sikes volviéndose á sentar —si tuvierais algo que darnos para comer y beber mientras esperamos, nos daria algun ánimo, á mi al menos. Siéntate aquí cerca el fuego mocito y descansa, porque aun tienes que salir con nosotros esta noche, si bien no para ir muy lejos!

Oliverio lanzó una mirada temerosa y acercando al fuego un taburete se sentó en él, apoyando su cabeza ardiente sobre sus manos y no pudiéndose dar razon de donde estaba y lo que iba á ser de él.

Despues de una cena bastante modesta; pero en la que se bebió mucho al buen éxito de la empresa, lo bandidos se durmieron. Oliverio amodorrado en el rincon de la chimenea creia estar aun rodando al través de las callejuelas, cuando fué desvelado por Tobias Crachit que se levantó gritando que eran ya la una y media.

En un instante los otros dos estuvieron en pié y cada uno se ocupó en los preparativos de la marcha. Sikes y su compañero, abrocharon sus redingotes mientras que Barney abriendo un armario, sacó de él muchos objetos que metió de prisa en sus bolsillos.