—Mis parlanchinas? —dijo Tobias Crachit.
—Ahí las teneis. —contestó Barney mostrando un par de pistolas —Las habeis cargado vos mismo.
—Está bien! —repuso el otro poniéndolas sobre la mesa —Los persuasivos?
—Yo los tengo. —contestó Sikes.
—Lan ganzúas, escoplos, linternas sordas, máscaras... no se han olvidado? —preguntó Tobias sujetando por medio de un cinturon una pequeña alza-prima de hierro debajo los faldones de su casaca.
—Tenemos todo lo necesario. —contestó su compañero —Barney trae esos palillos que están ahí! Al avio!
Esto diciendo tomó un enorme garrote de manos de este, quien habiendo entregado el otro á Tobias, se puso á abrochar la chaqueta de Oliverio.
—Ahora dame la mano. —dijo Sikes.
Oliverio aturdido á la vez por una marcha desacostumbrada, por el frio de la noche y por el licor que le habian obligado á beber, dió maquinalmente su mano á Sikes.
—Cójele la otra Tobias. —dijo Sikes —Tu Barney pon un momento el ojo alerta!