—No, ahora por todo lo del mundo! —respondió la jóven —Pobre desgraciado! Oh Giles! Tratadle con bondad aunque no sea mas que por amor á mi!
La jóven se retiró despues de dichas estas palabras y el viejo criado levantó los ojos hácia ella con tanto orgullo y admiracion como si hubiera sido su propia hija: luego inclinándose sobre Oliverio le ayudó á levantarse y lo llevó á su aposento con todo el cuidado y solicitud de una muger.
CAPÍTULO XXIV.
EN EL QUE SE DÁ CUENTA DE UNA CONVERSACION AGRADABLE ENTRE MR. BUMBLE Y UNA SEÑORA, PARA PROBAR QUE UN PERTIGUERO (POR MAS QUE SE DIGA) ALGUNA VEZ ES SUSCEPTIBLE DE ALGUN SENTIMIENTO.
REINABA un frio agudo. Una espesa capa de nieve cubria el suelo y resistia al viento que soplaba con violencia, quien como para desquitarse del obstáculo opuesto barria los montones que se habian formado á lo largo de las paredes y en los rincones y esparciéndolos en el aire los volvia á dejar caer en millares de copos.
Tal era el aspecto de los asuntos al exterior de la Casa de la Caridad que tantas veces tenemos nombrada en esta verídica historia, cuando la Señora Corney sentada cerca del fuego en su pequeño aposento, echó la vista con cierto aire de complacencia sobre una pequeña mesa redonda, que sostenia una pequeña hortera adornada de todos los pequeños utensilios necesarios para la colacion mas agradable que pueda hacer una matrona: en resúmen iba á regalarse con una taza de thé. Entre tanto que desde el rincon de su hogar (en el que el mas pequeño posible de los pucheros cantaba con una pequeña voz aflautada una muy pequeña cancion) la buena Señora contemplaba la mesa, su satisfaccion interior debió crecer súbitamente, porque se sonrió.
Acababa de tomar su primera taza, cuando fué interrumpida por alguien que llamó suavemente á la puerta del aposento.
—Entrad! —gritó —Sin duda algun vejestorio que se muere! Siempre escojen para morirse el momento en que estoy á la mesa! Entrad si os place y no os estais plantados ahí con la puerta abierta para hacerme helar de frio. Vaya! Qué hay de nuevo ahora?
—Nada; nada absolutamente. —contestó una voz de hombre.
—Cielos! —esclamó la matrona con tono mas dulce —Sois vos Mr. Bumble?