Esto diciendo tomó una botella, la presentó ante la luz y la sacudió al mismo tiempo para probar su bondad y habiendo colocado las dos sobre la cómoda plegó el pañuelo que las habia envuelto, lo metió cuidadosamente dentro su faltriquera y tomó su baston en ademan de marcharse.
—Señor Bumble, no os sobrará calor para volveros?
—Es cierto señora. —replicó éste levantando el cuello de su redingote —Hace un aire que corta las orejas!
—La señora Corney echando un vistaso al pucherito, lo reprodujo luego sobre el pertiguero que se dirijia hácia la puerta, y oyendo á este toser como para prepararse para darle las buenas noches, le preguntó con aire tímido si tenia á bien aceptar una taza de thé.
Mr. Bumble al instante volvió á bajar el cuello de su redingote, puso su baston y su sombrero sobre una silla y acercó otra á la mesa. Al sentarse su mirada topó con la de la señora que al momento bajó los ojos. El tosió de nuevo y sonrió graciosamente.
La Señora Corney se levantó para tomar otra taza y otra copa en la alacena, volvió á su sitio y sus ojos habiéndose encontrado por segunda vez con los del galante pertiguero un vivo encarnado de pudor cubrió sus mejillas y no sin alguna emocion escanció una taza de thé á su convidado. Mr. Bumble tosió de nuevo pero en esta ocasion mas fuerte de lo que lo habia hecho hasta entonces.
—Os gusta muy azucarado Señor Bumble? —preguntó la matrona tomando la azucarera.
—Muy azucarado señora! —respondió Mr. Bumble fijando su vista en la Señora Corney. (Ciertamente si jamás pertiguero alguno se manifestó tierno, sin duda fué Mr. Bumble en este momento.)
—A lo que veo señora teneis una gata. —dijo viendo á uno de estos animales que se holgaba ante el fuego. —Y sino me engaño tambien gatitos?
—Los quiero tanto Mr. Bumble! No podeis imaginároslo! Son tan cucos, tan picaruelos, tan juguetones, que constituyen mi mejor sociedad.