—No hace calor señora Corney! —dijo viendo entrar á la matrona.

—Es muy cierto que no hace aquí calor! —contestó esta, con el tono mas gracioso y haciendo una cortesia.

—Vuestros proveedores deberian llevar mejor carbon! —dijo el aprendiz farmacéutico atizando el fuego con el hurgon. —Este no sirve para un frio tan riguroso.

En este momento la conversacion fué interrumpida por un gemido de la enferma.

Oh! —hizo el estudiante volviéndose incontinenti hácia el lecho como si hubiese olvidado del todo á la parienta: —B. O. bó. Se acabó Señora Corney!

—Se acabó no es cierto? —preguntó la matrona.

—Me sorprenderia infinito, si viviera dos horas mas —dijo el jóven, ocupado en concluir la punta de su monda-dientes —En ella el sistema moral como el físico, están gastados... ¿Permanece —aun amodorrada buena muger?

La enfermera á quien se dirijia esta pregunto se inclinó sobre el lecho para cerciorarse y respondió afirmativamente con un movimiento de cabeza.

—Entonces es muy posible que se vaya en esta disposicion, si no haceis demasiado ruido. —dijo el jóven —Colocad la luz en el suelo. Así no podrá verla.

La enfermera hizo lo que se le insinuaba, balanceando la cabeza sin duda para dar á entender que la enferma no moriria con tanta holgura como se pensaba y fué á sentarse al lado de la otra vieja que habia entrado en este intermedio. La matrona se arrojó con su chal con aire de impaciencia y se sentó tambien al pié del lecho.