El estudiante que al fin habia concluido su monda-dientes, lo paseó por su boca durante un buen cuarto de hora que estuvo plantado delante del fuego; despues de lo cual, pareciendo fastidiarse, deseó á la Señora Corney mucho placer y se fué de puntillas.
Despues de haber permanecido un cuarto de hora en esta posicion la señora Corney pareció fastidiarse tambien y viendo que la vieja se obstinaba en permanecer amodorrada iba á salir de prisa, cuando las dos mugeres dieron un grito que la hizo retroceder. La enferma se habia incorporado sobre el lecho y las tendia los brazos.
—Quien está ahí? —prorrumpió con voz sorda.
—Silencio! silencio! —dijo una de las dos viejas acarcándose á la cama —Acostaos! Acostaos!
—Me volveré á acostarme viva! —gritó la enferma forcejando. —Quiero que ella sepa... Venid acá! mas cerca... que os lo diga muy bajo al oido.
Cojió á la matrona por el brazo y atrayéndola hácia una silla que estaba á su cabecera la hizo sentar en ella.
Iba á hablar, cuando al arrojar una mirada á su alrededor, vió á las dos viejas que con el cuello tendido y el cuerpo adelantado, prestaban atento oido á lo que iba á decir.
—Mandad que salgan! continuó con vos letárgica —Pronto! pronto!
Las dos viejas gritando á duo se quejaron amargamente de verse desconocidas por su antigua camarada y protestaron contra la injusticia que habria en separarlas de ella en sus últimos momentos; pero la matrona las empujó fuera del aposento, les echó la puerta encima y volvió á sentarse á la cabecera de la enferma.
—Ahora escuchad con atencion! —dijo la moribunda con voz mas fuerte como para exitar en ella una última chispa de energia. —Eneste aposento en este lecho, asistí en otro tiempo á una jóven y hermosa criatura que habian llevado á esta casa. Sus piés magullados y rasgados por la marcha estaban cubiertos de sangre y polvo. Dió á luz un niño y murió! Esperad... esperad! En que año fué?