—Poco importa el año! —dijo la impaciente matrona —Y bien que... qué hay respecto á esa muger?

—Ah! —murmuró la enferma, recayendo á su primer amodorramiento —Respecto á la jóven no es esto? Respecto á... a... ella? Ah! si! (rompió en llanto, arrojó un grito penetrante y saltó sobre el lecho con ademan furioso; su rostro se volvió purpúreo y sus ojos le salian de la cabeza.) —La robé! Si! De toda verdad... La robé! Aun no estaba fria! Si... lo repito... estaba aun tibia cuando la robé!

—Qué le robaste? Por el amor de Dios hablad! —esclamó la matrona con un movimiento como para pedir socorro.

—Voy á decirlo! —replicó la moribunda, poniendo la mano en la boca de la otra. La única prenda que poseia... Carecia de todo... de vestidos para cubrirse y de pan para subsistir... pero habia conservado preciosamente sobre su seno... Era oro... yo lo digo... oro magnífico que hubiera podido salvarle la vida!

—Oro! —repitió la matrona abalanzando su cuerpo sobre el lecho de la moribunda, á medida que esta volvia á caer sobre la almohada —Continuad! y despues? Quién era la madre? En qué tiempo? En qué época? Hablad! hablad!

—Me habia suplicado que la guardara —prosigió la otra dando un suspiro profundo —Me la habia confiado, por ser la única persona que estaba á su lado en la hora de la agonía... Yo la codicié, en el fondo de mi corazon... la robé de pensamiento cuando se la ví por primera vez al rededor de su cuello! —Y lo peor, es que sin duda tengo que reprocharme la muerte del niño! Ciertamente lo hubieran tratado mejor si hubieran sabido todo esto!

—Sabido qué? —preguntó la matrona —Hablad!

—El pequeñuelo se parecia tanto á su madre, á medida que se hacia grande (continuó la otra, sin hacer caso de la pregunta.) que cada vez que la veia, no podia librarme de pensar en ella... Pobre jóven! Pobre muchacha! Era tambien tan tierna... Un hermoso corderito! Esperad! Es verdad que no os lo he dicho todo? Me parece que aun me queda algo que deciros!

—Sí! sí! —replicó la comadre pegando su oreja á los labios de la moribunda para cojer las palabras que salian ya lentamente de su boca —Decid pronto... ó ya no habrá tiempo!

La madre. —dijo aquella haciendo un último esfuerzo para elevar la voz —La madre sintiendo acercarse el momento de su muerte me dijo al oido que: si su hijo venia al mundo vivo y llegaba á poder recibir educacion, vendria un dia en que podria pronunciar el nombre de su pobre madre sin ruborizarse —Y vos oh Dios mio! añadió juntando sus manos flacas y delicadas —Sea un niño ó una niña proporcionadle amigos en esta tierra de dolor y de destierro y apiadaos de un pobre huerfanito abandonado á la merced de estraños!