El judío hizo señal al Camastron de que llevára lo que hubiera de comestibles y sentándose frente del bandido esperó que le diera la gana de hablar.
A juzgar por las apariencias Tobias no llevaba ninguna prisa de entablar conversacion. Por de pronto el judío se contentó con observar su fisonomía, para procurar adivinar en ella, la noticia que traia; pero fué trabajo inútil.
—Fagin pues espiaba con una ansiedad indefinible cada tajada que Tobias llevaba á la boca, paseando arriba y abajo del aposento para matar el tiempo que le parecia tan largo; nada adelantó por eso. Este continuó engullendo hasta que no pudo mas y entonces despues de haber dicho al Camastron que se largára al objeto de quedar solo con el judío y despues de haberle cerrado él mismo la puerta, se llenó un vaso de grog y se dispuso á hablar.
—En primer lugar Fagin... dijo.
—Ah! sí, sí! —replicó el otro acercando su silla á la mesa.
El Señor Crachit se paró para tragar su vaso de grog y para declarar que la ginebra era escelente; luego estirando sus piernas sobre el suelo del hogar, para contemplar con mas satisfaccion sus botas continuó tranquilamente.
—En primer lugar Fagin ¿cómo vá Guillermo?
—Qué! —esclamó el judío levantándose bruscamente de la silla.
—Cómo? —dijo Tobias palideciendo... ¿No queréis decir?
—No quiero decir! —gritó el judío pateando el suelo con furor —¿Dónde están Sikes y el niño? Dónde están? Dónde han estado? Dónde se ocultan? Por qué no han venido aquí?