—El golpe ha fracasado! —dijo Tobias con acento triste.

—Lo sé! —contestó el judío sacando un periódico de su faltriquera y señalándole con el dedo al artículo que hablaba de ello —¿Y luego?

—Han disparado y herido al nene. Hemos jugado las piernas por entre las Layas y las zanjas llevándole entre los dos. Corriamos mas que el viento. Nos han dado la caza. Condenacion! todo el pais estaba en pié y los perros nos tenian la pista!

—El niño? —dijo el judío con tono azorado.

—Guillermo lo habia puesto sobre sus espaldas y brincaba con él; nos hemos detenido para llevarlo entre los dos; su cabeza pendia sobre su pecho y estaba frio como el mármol. Ya nos pisaban los talones... entonces cada uno para si y sálvese quien pueda! Cada uno ha tirado por su lado despues de haber dejado al chiquillo dentro una zanja muerto ó vivo. Esto es todo lo que sé.

—Sin dar tiempo á Tobias para reponerse el judío lanzó un grito agudo arrancándose los cabellos y se precipitó del aposento á la escalera y de la escalera á la calle.

CAPÍTULO XXVII.

SE PRESENTA EN LA ESCENA UN NUEVO PERSONAGE. —PARTICULARIDADES INSEPARABLES DE ESTA HISTORIA.

EL viejo habia doblado la esquina de la calle y aun no se habia repuesto de la impresion que le causára el relato de Crachit. Contra su costumbre andaba á prisa sin apariencia de saber donde iba, cuando el roce, violento de un coche que por poco lo derriba y el grito de las personas que vieron el peligro que acababa de correr, le volvieron á la acera. Evitando todo lo posible las calles concurridas y no buscando al contrario mas que los callejones y los pasadizos, llegó al fin á Snow-Hill. Allí aceleró todavía mas el paso y no lo aflojó hasta que hubo entrado en una callejuela, donde como si estuviera convencido de que se hallaba en su propio elemento, emprendió su andar ordinario y pareció respirar mas libremente.

Cerca del punto en que Snow-Hill y Holborn-Hill se unen, se vé á la derecha viniendo de la Cité, una calle sombría y estrecha que conduce á Saffron-Hill y en las tiendas sucias de la misma están espuestas para la venta enormes paquetes de pañuelos de todos tamaños y colores; porque allí residen los mercaderes que los compran á los rateros.