En este sitio acababa de entrar el judío. Era muy conocido de los pálidos habitantes del pasaje; pues algunos de entre ellos que estaban en el lindar de la puerta para atisbar á los chalanes le hicieron una señal de cabeza amistoso á la cual respondia del mismo modo sin pararse. Siguió hasta el estremo del pasage y allí dirijió la palabra á un tripero, hombre de baja talle, sentado en una silla de niño y fumando su pipa á la puerta de su tienda.
—Ola Señor Fagin! Os haceis tan raro, que vuestra presencia bastaria para curar de la ophthalmia! —dijo el respetable negociante respondiendo á la pregunta del judío sobre su salud.
—Hacia demasiado calor en vuestro barrio Sively. —contestó el judío levantando los ojos y cruzando sus manos sobre sus espaldas.
—Eso es lo que me he cansado de decir, pero ello se aplacará! No sois de mi opinion?
Fagin hizo un movimiento de cabeza afirmativo y señalando con el dedo á Saffron-Hill, se informó de si habia alquien allí en esta noche.
—A la muestra de Los tres cojos? —preguntó el negociante.
El judío hizo señal de sí.
—Esperad! —prosiguió el mercader procurando recordar en su memoria —Si; si mal no recuerdo hay algunos. Vuestro amigo si que creo no está.
—Sikes no ha ido hé?
—Non es ventús, como dicen los hombres de la ley! —contestó el hombre pequeño con ademan jactancioso —Teneis algo que pueda convenirme?