—Ah! ah! —hizo el judío levantando la cabeza! —Pero no es aun la hora de Felipe Barker; tiene aun algo que hacer antes que nos separamos de él. Volved á reuniros con vuestros amigos querido mio y decidles que se diviertan mucho mientras son de este mundo... ah! ah! ah!

El patron de la taberna, rió grandemente al oir la reflecsion del viejo y fué á reunirse con sus convidados. No bien el judío estuvo en el lindar de la puerta cuando su fisonomía volvió á tomar la expresion de la inquietud y del temor. Despues de haber reflecsionado un momento, subió en un coche de alquiler y dijo al cochero que se dirijiera hácia Bethnal-Green. Se apeó á un cuarto de milla de la habitacion de Sikes y andó el resto del camino á pié.

—Ahora, —balbuceó entre dientes mientras llamaba á la puerta —si hay alguna anguila, bajo la roca, lo sabré muy pronto de vos jovencita mia á pesar de ser muy maligna!

—Habiéndole dicho la muger que le abrió que Nancy estaba en su habitacion, subió cautelosamente la escalera y abrió la puerta del aposento sin ninguna ceremonia.

La jóven estaba sola con la cabeza, apoyada, encima de la mesa y los cabellos esparcidos sobre la espalda.

—O ha bebido, ó está triste. —dijo el judío para sí.

En esto retrocedió para cerrar la puerta y dispertando Nancy al ruido fijó su mirada en el viejo mientras este le contaba la relacion de Tobias Crachit. Luego que hubo concluido, volvió á tomar su actitud primera sin hablar una palabra mas. Nancy la quitaba el candelero con impaciencia, rozaba sus piés sobre el piso cada vez que cambiaba de posicion... pero no pasaba de aquí.

Durante todo este tiempo el judío miraba en torno suyo, con ademan inquieto como si hubiese querido asegurarse de que Sikes no habia regresado.

Despues de satisfecha su curiosidad sobre este punto, tosió dos ó tres veces é hizo todo lo posible para entablar la conversacion; pera la jóven no hizo mayor caso de él ni se movió mas que una estátua de piedra.

Al fin hizo el último esfuerzo y frotándose las manos dijo con el tono mas afable: