—Y dónde crees tu que puede estar ahora Sikes he?

Nancy respondió de un modo inteligible y como si llorase que no lo sabia.

—Y el niño? —replicó el judío mirando á la jóven de reojo para ver la espresion de su fisonomía. —Pobrecito! Abandonado en una zanja! No atiendes Nancy?

—El niño! —dijo esta levantando la cabeza —Está mejor donde se halla que no con nosotros! Y con tal que Sikes salga bien librado, anhelo que esté muerto en la zanja y que sus huesos se pudran en ella.

—Cómo? —esclamó el judío con asombro.

—Es la verdad. —repuso la jóven mirándole á su vez fijamente —Estaria muy contenta de no verle ya mas ante mis ojos y saber que se halla libre de todo lo que le podia suceder de peor... El verle á mi alrededor era un peso insoportable; su solo aspecto era una reconvencion contra mi y contra vosotros todos.

—Ba! —hizo el judío con acento de desprecio. —Hija tu estás beoda.

—Ah! sin duda! y no seria culpa vuestra sino lo estuviera... No os sabe mal que esté así, con tal que obre á vuestro gusto... acepto cuando no os conviene —no es así?

—No! Ahora no me conviene! —replicó el judío furioso.

—Pues es preciso que os convenga! —repuso ella soltando una carcajada.