—No teneis mas que repetirlo. Y si es algo que deseais haga por vos, mejor hariais en esperar á mañana. Os escucho con atencion cuando me hablais; pero un instante despues ya no se lo que me habeis dicho.

El judío la hizo aun algunas preguntas, para asegurarse de que no habia retenido sus palabras indiscretas; pero ella respondió con tanto aplomo y sostuvo tan bien la mirada escuadriñadora del viejo que éste volvió á su idea primitiva de que la jóven estaba en las viñas del Señor.

Efectivamente Nancy no estaba exenta de una falta demasiado comun por desgracia entre los pupilos (hembras) del judío y á la que desde sus mas tiernos años habian sido escitadas mas bien que contenidas.

Tranquilizado por este descubrimiento y satisfecho su doble objeto, de comunicar á Nancy, lo que aquella misma noche habia oido de Tobias y de asegurarse por sus propios ojos de que Sikes no habia vuelto, se fué, dejando á su jóven amiga dormida sobre la mesa.

Era cerca la una de la madrugada y como hacia obscuridad y mucho frio no tuvo ninguna intencion de recrearse paseando.

Habia doblado la esquina de su calle y buscaba en la faltriquera la llave, cuando un personaje salió de un vestíbulo, á la sombra del cual estaba oculto y atravesando el arroyo, se deslizó á su lado sin haberlo reparado.

—Fagin! —dijo una voz muy cerca de su oido.

—Ah! —hizo el judío volviéndose vivamente —Sois vos?

—Si; —respondió el desconocido con tono acre. —Van ya dos horas que me teneis allí de planton! ¿En dónde diablos habeis estado?

—A asuntos vuestros querido. —dijo el judío moderando el paso y mirando al desconocido con aire de embarazo. —He galopado por vos toda la noche!