—Oh! No lo dudo! —repuso el desconocido con tono burlon. Y bien! ¿Qué hay de nuevo?

—Nada bueno!

—Nada malo quereis decir! —esclamó el otro parándose en seco y mirando á su compañero con sorpresa.

Fagin que deseaba dispensarse de recibir visita en hora tan intempestiva, se escusó diciendo que no habia fuego en su casa; pero habiendo su compañero reiterando su pregunta con tono de autoridad abrió la puerta y le suplicó que la cerrára suavemente mientras que él iba por luz.

Esto está negro como boca de lobo. —dijo el desconocido dando algunos pasos á tientas. —Despachad pronto! No hay nada que deteste tanto como el estar á obscuras.

—Cerrad la puerta! —murmuró Fagin desde el estremo del pasadizo.

Al mismo tiempo ella se cerró con grande estrépito.

—No he sido yo quien ha hecho esto! —dijo el hombre buscando el camino. El viento la ha empujado ó se ha cerrado por si misma... Despachad en llevar la luz antes que me rompa el bautismo contra alguna cosa de este maldito barracon!

Fagin bajó á hurtadillas á la cocina y volvió luego con una vela encendida, despues de haberse asegurado de que Tobias Crachit dormia en la pieza subterránea de detrás y sus dignos discípulos hacian otro tanto en la de delante. Hecha señal á su compañero de que le siguiera subió la escalera marchando delante.

—Querido mio, podemos decir aquí las pocas palabras que tenemos que comunicarnos. —dijo el judío abriendo una puerta en el primer piso —y como hay agujeros en los postigos y nosotros no mostramos jamás la luz á nuestros vecinos dejarémos la vela en la escalera... Aquí!