Esto diciendo el judío dejó la vela sobre la meseta frente por frente del aposento en que entraron y en el que habia por todo mueblaje un sillon roto y un viejo sofá sin forro colocado detrás de la puerta.

Veian un poco porque la puerta estaba entreabierta y la vela derramaba un resplandor débil en la pared de enfrente de ellos.

Duranté algunos minutos hablaron en voz baja y á pesar de que esceptuando algunas palabras inconexas, fuese imposible oir su conversacion, un tercero que los hubiese escuchado fácilmente hubiera podido adivinar que Fagin se defendia contra las inculpaciones del incógnito y que este estaba sumamente irritado.

Habia un cuarto de hora ó cerca veinte minutos que hablaban en esta forma, cuando Monks (bajo cuyo nombre Fagin designó muchas veces al estranjero durante su coloquio) dijo elevando un poco la voz:

—Os repito de nuevo que esto ha sido mal combinado! ¿Por qué no lo habeis guardado aquí con los otros procurando que fuera pronto un Ladron?

—No hay que incomodarse por ello! —esclamó el judío encojiéndose de hombros.

—Acaso quereis hacerme creer que no hubierais logrado el intento por mucha que fuera vuestra voluntad? —preguntó Monks irritado —No lo habeis hecho muchas centenas de veces con otros niños? Si hubieseis tenido la paciencia de esperar aun un año lo mas, acaso os hubieran faltado medios para hacerlo juzgar y condenar á la deportacion por toda la vida?

—Querido mio! ¿y á quién esto hubiera aprovechado? —preguntó el judío humildemente.

—Vaya! A mi! —replicó Monks.

—Pero no á mi. —dijo el judío con aire sumiso... Cuando hay en un negocio dos partes interesadas, es muy justo que el interés comun sea consultado. No es cierto querido?