—Entonces no lo penseis! repuso Mr. Bumble.

—Me es imposible! replicó esta con voz entrecortada por los sollozos.

—Tomad algo! —dijo el pertiguero habiendo arrumacos... un poco de vino!

—Por todo el oro del mundo no tomaria una gota! O Dios! Dios! —en el estante de arriba... en el rincon de la derecha —O Dios! (Al mismo tiempo la buena señora señalando con el dedo el armario, parecia presa de convulsiones internas.)

Mr. Bumble corrió al armario; cojiendo de sobre el estante en cuestion la botella que se le habia señalado llenó una taza del thé del licor que ella contenia y la llevó á los labios de la matrona.

—Este aposento señora es muy confortante. —dijo Mr. Bumble lanzando una mirada á su alrededor. —Una sola pieza añadida á esta constituiria una pequeña y hermosa habitacion!

—Seria demasiado grande para una sola persona.

—Si; pero para dos —repuso tiernamente Mr. Bumble —he? Señora Corney?

A estas palabras del pertiguero, la Señora Corney inclinó la cabeza y Mr. Bumble hizo otro tanto para ver su rostro. Esta volviendo con rubor, alargó su mano para cojer su pañuelo y la colocó insensiblemente en la del pertiguero.

—La administracion os abona el carbon no es esto Señora Corney? —preguntó Mr. Bumble apretando afectuosamente aquella mano.