—Confio que no estará en peligro! —dijo la anciana señora.
—A fé mia! —En el punto en que se hallan las cosas nada tendria de estraño. Con todo creo que el caso no es tan apurado. —Habeis visto á ese ladron?
No. —respondió la anciana.
—Y nada sabeis de él?
—Nada absolutamente.
—Perdonad señora. —dijo Mr. Giles —Iba á deciros algo cuando el doctor Losberne ha entrado.
Es lo cierto que Mr. Giles no pudo decidirse en el primer momento á confesar que habia disparado contra un niño. Se habia glorificado tanto su bravura que queria gozar el mayor tiempo posible de la reputacion colosal que últimamente se habia adquirido.
—Rosa deseaba ver á ese hombre dijo la Señora Maylie —pero yo no lo he permitido.
—Su aspecto no tiene nada de aterrador, os lo aseguro. —replicó el doctor —Consentiriais verlo en presencia mia?
—Si; si creeis que sea necesario.