—Querida señorita! —replicó gravemente el cirujano —El crímen, lo mismo que la muerte, no se pega solo á las personas maduras y diformes; los mas jóvenes y los mas hermosos, son demasiado amenudo sus victimas de predileccion.
—Pero podeis creer Mr. Losberne —dijo Rosa —podeis creer realmente que este niño tan delicado, haya sido el cómplice voluntario de aquellos bandidos?
El cirujano meneó la cabeza como para demostrar sus temores de que esto fuera posible; y observando que podian turbar el reposo del enfermo pasaron los tres á un aposento inmediato.
—Pero aun que fuera lo que pensais —prosiguió Rosa —considerad que es tan jóven! Qué tal vez nunca ha conocido lo que es el amor ó los cuidados de una madre! Qué los golpes, los malos tratos y la falta de pan lo habrán reducido á asociarse con los hombres que lo han arrastrado el crímen! Tia mia! Mi buena tia! Por el amor de Dios refleccionadlo bien antes de dejar llevar este pobre niño á una prision, donde de seguro perderá la esperanza de volverse mejor! Oh! Por el afecto maternal que me profesais y sin el cual yo misma privada de padres, hubiera tal vez sido abandonada como ese pobre niño, tened piedad de él antes que sea demasiado tarde!
—Querida niña! —dijo la anciana apretando á Rosa contra su corazon —Crees tú pues, que quisiera quitarle un solo cabello de su cabeza?
—Oh no! —repuso vivamente Rosa —No buena tia, sois incapaz!
—Sin duda. —replicó la Señora Maylie —Mis dias tocan á su fin! Ojalá el cielo tenga piedad de mí como yo la tengo de los otros! Señor Losberne que puedo hacer para salvarle?
—Esperad un poco. —dijo este —Dejad que calcule si hay un medio.
Entonces el doctor metiendo las manos en sus faltriqueras se paseó de arriba abajo en el aposento, ya parándose y balanceándose sobre la punta de los piés esclamando: Esto es! ya frunciendo el ceño de una manera espantosa y diciendo: ¿no es esto! Al fin despues de muchas idas y venidas se paró en seco y habló así:
—Creo que si me otorgais plenos poderes para asaltar á Giles y á ese imbécil de Brittles podré lograr el intento... Convengo en que son un bravo muchacho y un fiel servidor; pero teneis mil medios para remunerar al uno y premiar al otro, su destreza en la pistola. —No teneis objecion alguna que hacer?