—No es posible! —esclamó éste todo tembloroso. —¿Queréis decir que morirá de esta? Si lo creyera no seria ya mas feliz en toda mi vida. Por todo el oro del mundo no quisiera ser la causa de la muerte de un niño.

—No es esto lo que yo quiero decir, —repuso el doctor con tono misterioso. —Sois protestante Señor Giles?

—Si lo soy caballero? —tartamudeó este último, que estaba pálido hasta dar miedo —Nadie puede dudarlo!

—Y vos jóven? —preguntó bruscamente el doctor volviéndose á Brittles.

—Dios mio caballero! —respondió éste estremeciéndose —Soy absolutamente como Mr. Giles.

—Dígame pues ahora cada uno de vosotros! —replicó el doctor con tono furioso. Podriais afirmar con juramento que el niño que está arriba es el mismo que han introducido por la ventana la noche pasada? Vaya responded! Estamos prontos á oiros.

—El doctor que generalmente era conocido por el hombre mas bonachon que jamás haya existido, hizo esa pregunta con un tono tan conciso que Giles y Brittles aturdidos por la cerveza y por la agitacion en que les ponia este exámen se miraron fijamente uno á otro en un estado de completa estupefaccion.

—Parad bien la atencion á lo que van á responder constable! —prosiguió el doctor agitando el índice de su mano derecha con mucha gravedad y dándose golpecillos sobre la nariz para exitar el interés de este funcionario —Antes de poco vamos á saber de que se trata.

—Este dándose humos de hombre capaz tomó su baston de servicio que habia colocado en un rincon de la chimenea.

—Tened en cuenta que esta es sencillamente una cuestion de identidad! —dijo el doctor.