—Ah! Habeis mandado un expreso no es esto? Qué el diablo se lleve á vuestros conductores por mar! —esclamó el doctor marchándose.
Enlugar de un bandido de aspecto feroz vieron á un pobre muchacho rendido de dolor y de fatiga.
CAPÍTULO XXX.
POSICION CRÍTICA.
QUIEN vá? —preguntó Brittles entreabriendo la puerta y poniendo su mano ante la vela para ver mejor.
—Abrid —respondió un hombre —Somos los agentes de policía que se han mandado llamar esa mañana.
Tranquilizado por estas palabras Brittles abrió la puerta de par en par y se encontró cara á cara con un hombre vestido de redingote largo quien entró magestuosamente sin decir palabra y restragó sus piés sobre la estera con tanta sangre fria como si entrára en su casa.
—Enviad á alguien para que dé un golpe de mano á mi camarada! Lo entendeis jóven —dijo el agente de policía. —Está en el gig para guardar el caballo. Teneis una cochera donde se pudiera meter á este último bajo cubierto por algunos minutos?
Brittles respondió afirmativamente señalando una pequeña cuadra destinada para este objeto.